Entramos en la sala Lola Membrives para adentrarnos en una de esas historias de amor que marcaron los años más oscuros de nuestra historia reciente, y que como muchas de ellas, han sido silenciadas. Se trata de la historia de Josefina Manresa y Miguel Hernández, que con este monólogo podremos conocer mejor y rendir el homenaje que se merecen. Ella es la representación de todas las mujeres que quedaron viudas en aquellos años y tuvieron que vivir de los recuerdos, de la añoranza por el amor perdido, intentando continuar con su vida sin dejar de recordar los momentos vividos junto a su amado. Una historia que merece ser recordada y reivindicada.
Después de su breve pero exitosa estancia en el Teatro Infanta Isabel, y tras girar por toda España, llega Josefina a la sala Lola Membrives del Teatro Lara para hablarnos de una de las etapas más oscuras y dolorosas de nuestra historia reciente. Una obra necesaria, para mantener viva la memoria histórica, para no olvidar el dolor y las atrocidades cometidas, para recordar como destrozaron una de las generaciones artísticas más importantes de la historia de nuestro país. La obra se ha representado en cárceles, fundaciones y teatros, y ahora vuelve a hacer parada en Madrid, con tan solo cuatro funciones (esperemos que vuelva pronto con más). Una historia real que pone de manifiesto la crudeza de la vida en aquellos tiempos de guerra, desde los ojos de una mujer que solo quería estar cerca de su amado, sin importarle nada e intentando esquivar un destino que no les tenía preparado nada bueno.
Esta producción de la Compañía Oriol Pàmies y Natalia Zamora nos traslada al levante de antes de la guerra civil para contarnos, de boca de una de sus protagonistas, una preciosa historia de amor que acabó en tragedia por la defensa de la libertad y la democracia vigentes. La crudeza de la guerra y la cárcel se entrelaza con la ternura con la que la protagonista nos cuenta su historia, que simboliza la de la mitad de nuestro país, todos esos que vivían felices hasta el golpe de estado del 36, y que vieron truncados sus sueños, sus expectativas, su vida, por defender unos ideales, por tener unas ideas, o simplemente por haber participado de las decisiones de la República. Una pieza conmovedora y cruda, que nos hiela la sangre para un instante después hacernos sonreír con las anécdotas de esta mujer, que nos cuenta toda una época de nuestro país mientras cocina un puchero.
Basada en la historia real entre Josefina Manresa y Miguel Hernández, la idea nace de Joan Pàmies y el encargado de plasmarlo como dramaturgia ha sido Oriol Pàmies (creador obras como "¿La vida es sueño?", "Forzar el azar") que también la dirige. El texto nos muestra a Josefina cocinando un puchero alicantino a fuego lento, una preciosa metáfora de la historia que nos quiere contar, construida con el paso de los años, desde la tranquilidad de la vida tranquila de una mujer que se vio sorprendida por el amor de Miguel Hernández y cocinó su relación con mimo y con todos los ingredientes de una gran historia de amor. La historia se convierte en un ejemplo de todas esas mujeres que se quedaron viudas durante la guerra (o en los años de terribles represalias posteriores), de todas las que recuerdan con cariño y hablan de forma entrañable sobre sus desaparecidos, sobre el legado y las heridas que les dejaron, sobre la nostalgia de los buenos tiempos que nunca volverán.
La dirección precisa y delicada de Oriol Pàmies transita distintos momentos vitales de la protagonista con maestría, deslizándose por las distintas épocas de una forma casi inapreciable. La obra entrelaza la danza con la palabra, la quietud de la mirada con la corporalidad de la actriz. La obra transcurre con soltura entre las anécdotas más cotidianas a los episodios más dolorosos de la contienda. De la cocina a la cárcel, del frente a la retaguardia, del amor al dolor por la pérdida. Todo ello tratado desde un tono bucólico que por momentos se acerca al realismo mágico para contrastar con las escenas más costumbristas. La realidad se solapa con lo onírico, la felicidad con el dolor, todo desde un lugar que nos duele y nos emociona a partes iguales.
La historia, como ya hemos dicho, transcurre a fuego lento, el que marca el puchero que Josefina nos prepara mientras nos cuenta su historia. Una mujer que añora a su Miguel, ese que murió en la guerra y del que solo tiene bonitos recuerdos. Así comienza esta preciosa historia, entre los ingredientes que se añaden a la cazuela y las anécdotas que van salpicando la receta. A través de los versos del poeta Miguel Hernández y las anécdotas de la vida de Josefina Manresa iremos conociendo la bonita historia que les unió, para dar a conocer el legado que permanece perdido. Porque ella conserva los recuerdos pero no tiene todas las cartas que se escribieron a lo largo de los años, esas que hacían más llevadera la distancia, las que alegraban la vida el día que se recibían y encogían el corazón a la hora de escribirlas. ¿Dónde quedaron todas esas cartas, muestras de esta historia de amor? Como tantas cosas de la guerra, quedaron sepultadas, a saber donde y porque, y nunca se recuperaron.
"Josefina" es una obra que transita entre el presente y el pasado, entre los recuerdos y los hechos históricos, entre las cartas de amor y los poemas, todo ello entrelazado de tal manera que se va construyendo el relato sobre la historia que compartieron Josefina y Miguel. A través de la mirada inocente de ella, el monólogo se desarrolla con la soltura de quien se sabe en posesión de la verdad, esa que le arrebataron al separarle del poeta. Una historia que merece ser contada para que no caiga en el olvido, para que sigamos recordando a todas las personas que sufrieron las represalias de régimen. Una oportunidad de conocer a uno de esos personajes que nunca fueron protagonistas y guardan sus recuerdos en cajitas de galletas.
Pero todo esto no sería tan apabullante, asombroso y bello sin la fantástica interpretación de Natalia Zamora, capaz de emocionarnos con cada de verso, de hacernos reír con su explicación del puchero, de encogernos el corazón con el relato de la guerra. La actriz nos regala una interpretación magistral, en la que entrelaza preciosas coreografías de danza con cambios de registro asombrosos. Natalia cambia de personaje con una naturalidad y una soltura sorprendentes, de la composición corporal encogida de Josefina a la rigidez altiva del poeta con solo un giro, delicioso. La actriz consigue llevarnos de la mano por esta historia por su maestría en la corporalidad del personaje, por la sencillez con la que transmite la esencia de la protagonista, por la soltura con la que transita el espacio y cambia de personaje.
Toda la historia transcurre en una escenografía diseñada por José A. Villegas (responsable también de la cuidada iluminación, uno de los mayores aciertos del montaje) que nos traslada a un espacio onírico, ambiguo, presidido por el puchero que sirve de base para la historia, y con unas cortinas de tiras tan típicas de las entradas de las casas manchegas, por las que la actriz se mueve con una soltura impecable, que acompaña con el característico movimiento que tiene al tocarlas. Una escenografía aparentemente sencilla pero que no contiene todo, desde la cocina de Josefina a la cárcel donde está el poeta. Todo esto se apoya en el impecable diseño de sonido de Esther Toledo y Oriol Pàmies. Para terminar, no podemos dejar de nombrar el vestuario diseñado por Berta Navas, que convierte a Josefina en un personaje reconocible, es cualquier mujer de pueblo de aquella época, sencilla y orgullosa.
En definitiva, estamos ante un montaje delicioso, emocionante, conmovedor, que nos muestra la relación entre Josefina Manresa y Miguel Hernández desde la sencillez de las palabras de ella, mostrándonos el reflejo de una etapa de cuyas heridas aún no nos hemos curado. Con la magistral interpretación de Natalia Zamora conoceremos a esta mujer que nos relata, entre los versos del poeta, algunos de los episodios más oscuros de nuestra historia reciente. Un montaje indispensable para que no se olviden aquellos años, para seguir honrando a todas esas viudas que tuvieron que seguir con una vida plagada de añoranza y de pena por la pérdida. Esperemos que Josefina siga recorriendo las salas de teatro por mucho tiempo.
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Teatro: Teatro Lara. Sala Lola Membrives
Dirección: Corredera baja de San Pablo 15.
Fechas: Del 19 de agosto al 9 de septiembre de 2026. Miércoles a las 22:00.
Duración: 70 minutos.
Entradas: Desde 12€ en Teatro Lara.
EQUIPO ARTÍSTICO
Natalia Zamora
EQUIPO TÉCNICO
Producción: Cía. Oriol Pàmies y Natalia Zamora
Dirección: Oriol Pàmies
Idea original: Joan Pàmies
Dramaturgia: Oriol Pàmies
Escenografía: José A. Villegas
Iluminación: José A. Villegas
Diseño de sonido: Esther Toledo y Oriol Pàmies
Vestuario: Berta Navas
Técnico de iluminación y sonido: José A. Villegas, Lara Piqueras, Oriol Pàmies
Fotografía: Tobías Cédola
Distribución y gerencia: Yorko Alexander y Marta Villalgordo
Prensa y comunicación: Eva Calleja (Prismaideas)
Producción: Cía. Oriol Pàmies y Natalia Zamora
Dirección: Oriol Pàmies
Idea original: Joan Pàmies
Dramaturgia: Oriol Pàmies
Escenografía: José A. Villegas
Iluminación: José A. Villegas
Diseño de sonido: Esther Toledo y Oriol Pàmies
Vestuario: Berta Navas
Técnico de iluminación y sonido: José A. Villegas, Lara Piqueras, Oriol Pàmies
Fotografía: Tobías Cédola
Distribución y gerencia: Yorko Alexander y Marta Villalgordo
Prensa y comunicación: Eva Calleja (Prismaideas)







