Baco polaco. Teatros del Canal

Pocos planes resultan más satisfactorios en una tarde de domingo que asistir al teatro y descubrir, por puro azar, que la obra a la que asistes una auténtica joya. Hay montajes que por algún motivo te llaman la atención, sin saber muy bien el porque, y vas por pura intuición. Así me acerque yo esta tarde a la sala verde de los Teatros del Canal, a ver el nuevo montaje del director argentino Mauricio Kartun (tengo que reconocer que no sabía nada de él), y he salido alucinado, por un montaje fabuloso, impactante, en el que pese a que algunas expresiones del lenguaje argentino se me escapaban, me ha atrapado desde el primer momento.



Una temporada más, los Teatros del Canal sigue apostando por el intercambio cultural, con el ciclo Canal Hispanidad, con el talento iberoamericano, con una programación que reúne el teatro, la danza, la música, y la creación contemporánea, en la que también hay lugar para grandes nombres de la escena de la escena en español. Este mes, además de este "Baco Polaco", podremos disfrutar de "Entre calaveras y canciones" (los días 9, 10 y 11) de Ferial de Calaveras, "La razón sensible" (los días 10 y 11) de Cuatro x Cuatro, "Navegar por el Neva" (del 13 al 18) de Guillermo Calderón y cerraremos el año con "Julieta" (los días 12 y 13 de Diciembre) de Chula The Clown. Los estrenos de este ciclo continuarán durante toda la temporada.




Esta descomunal propuesta es una producción de Complejo Teatral de Buenos Aires, en el que la tragedia griega se encuentra con la cultura popular argentina. A partir de "Las bacantes de Eurípides" esta maravillosa obra se construya desde la versión del mito clásico trasladado a un pequeño pueblo de la Argentina durante los años treinta del pasado siglo. Una rotunda crítica en el que se nos habla del deseo, de la libertad, de las prohibiciones, de la comunidad que se ayuda, aunque el precio a pagar sea deleznable. A lo largo de la obra se entrelaza jerga muy del rural argentino (por momentos muy difícil de seguir), la música popular y el carnaval, pero ante todo la crítica social, las luchas de poder y como se puede plantar cara a los más poderosos, desde la colectividad y el apoyo mutuo. Una tragedia, como reconoce el propio narrador (personaje clave en la obra y fascinante en su concepción), que acaba mal, porque en el mundo del rural profundo de aquellos años era lo más normal, lo raro habría sido el final feliz que tantas veces se nos quiere vender (muchas veces metido con calzador).





El creador argentino Mauricio Kartun (autor y director de la obra) ha definido su obra como un pastiche de "Las bacantes de Eurípides". El autor lleva en activo desde 1973, con cerca de treinta obras, entre originales y adaptaciones. Kartun cuenta que es un convencido fanático de la hermandad de sangre entre el humor y la poesía. Con su larga trayectoria se ha convertido en una de las figuras fundamentales del teatro argentino contemporáneo, con títulos como "Chau Misterix", "El partener", "Sacco y Vanzetti", "El niño argentino" o "Terrenal. Pequeño misterio ácrata". Con un lenguaje propio muy bien construido a través de su larga experiencia, Kartun consigue emocionarnos y divertirnos, sorprendernos y arengarnos, desde una forma de ver el teatro, y la vida, en el que la palabra es el vehículo para derrumbar los muros, para cambiar conciencias, pero desde un prisma que lo deforma todo, que lo transgrede hasta convertir a los personajes en imponentes caricaturas de si mismos, una obra que nos recuerda por momentos a La Zaranda, con esos personajes que viven en el lado oscuro de la vida.

El autor reconoce que lo que le atrajo de este esta tragedia para trasladarla a la Argentina profunda fue "en mi impulso inicial, la bacanal, la fiesta; aquellos momentos del calendario que nuestros ancestros sabían destinar saludablemente al descontrol; y que nuestra melindrosa tradición judeocristiana fue domesticando, transformando en el modoso evento de la “reunión”. Con eso me embalé hace años cuando borroneé la primera versión. El texto quedó allí esperando su oportunidad. La iluminó ahora en cambio cierta siniestra coincidencia histórica de aquella historia de odiantes con los odiantes de hoy, tan instalados en el mundo". Un mundo lleno de odiantes, de gente rencorosa y que solo se mueve por el odio al diferente, o simplemente en contra del que piensa diferente a él.






Como es habitual en los montajes de Kartun, la tragedia y la comedia se entrelazan de una manera magistral, con personajes creados de forma primorosa para rozar el esperpento y el absurdo, caricaturas de perfiles por todos conocidos, que a lo largo de la historia les vamos descubriendo sus grietas, sus dobleces, hasta descubrir la complejidad que esconden. Esta forma tan particular de jugar con lo grotesco, para crear una gran farsa disfrazada de tragedia, o una historia de gran calado dramático pasado por el tamiz de ese espejo distorsionador de la realidad que es la mirada de este maestro de la escena. El propio autor explica que si tuviese que definir mi propia utopía teatral sería la de crear un espectáculo en el que cada acto poético fuese capaz de detonar la risa; y cada humorada capaz de conmover. Y en el camino a la utopía, claro, como siempre, la meta soñada nunca se alcanza, siempre se aleja, pero en la ruta cada tanto se materializa algún pedazo.





La historia, como ya hemos comentado, nos traslada a un pueblo de la Argentina profunda, en los años treinta del siglo XX, para hablarnos de comunidad, de carnaval, de poder, de deseo, de violencia, de lucha de clases. Pero si algo recorre la obra y está vigente desde el clásico de Eurípides hasta nuestros días, es el odio que acaba atravesando toda la historia hasta partirla en dos. La obra juega en los extremos con sublime destreza, desde la fiesta y el humor grotesco del carnaval, a la tragedia a la que se encamina inexorablemente la historia, con el poder como aliado, una vez más, de los que se creen con derecho a coger lo que les gusta sin pedir permiso. Una historia de plagada de seres maravillosos desde sus imperfecciones, ampliadas magistralmente por Kartun, que consiguen convertir una tragedia en una fiesta escénica, en la que cada escena es sublime, llena de alma en sí misma, como pequeños destellos que al unirse forman un gran fogonazo, que es la brutal historia que nos arrasa.




Todo comienza con la llegada de una troupe ambulante a un pequeño pueblo, en plena celebración de los carnavales, lo que altera el orden y desata el odio de los poderosos, que no pueden manipularlos como quisieran. En este peculiar grupo de viajeros tenemos a la Reina Esther, conocida como "la virgen vitrolera", una singular DJ mitológica que lleva la música por los pueblos con sus discos de pasta. Allí por donde pasa se desata la fiesta, la bacanal, la gran orgía gaucha. La acompañan su hermana Sarita, el empresario señor Silenio y Dionisio (enamorado de Esther la sigue a todos lados como su fiel mascota), maravilloso personaje que hace las veces de narrador. Una serie de variopintos personajes que desatan la locura al llegar al pueblo, que vive alterado por las fiestas de carnaval. Todo este ambiente festivo se rompe cuando Penteo, el joven hijo del poder local, se obsesiona con la Reina Esther. Todo salta por los aires y se detona la tragedia.





Toda esta historia se sustenta en el fabuloso trabajo de un elenco maravilloso, que desde la primera escena nos atrapa por su presencia, por su expresión corporal, por su vehemencia, por su particular modo de ser y estar en escena. Ellos son Aníbal Gulluni impecable su creación de Dionisio, Paloma Zaremba interpretando a la Reina Esther, Soledad Bautista en el papel de Sarita, José Mehrez como el empresario señor Silenio, Luciana Dulitzky como la madre de Penteo y Nahuel Monasterio dando vida al grotesco e indeseable (fabulosa creación del personaje) Penteo. Destacan por encima del resto las interpretaciones maravillosas de Gulluni y Monasterio. El Dionisio que nos presenta Gulluni es un ser fascinante desde su vulnerabilidad, el bufón del que todos se ríen y al que todos protegen. Impecable y maravillosa interpretación. En las antípodas de ese personaje tenemos el Penteo de Nahuel Monasterio, odioso, chulesco, altivo, que pese a sufrir varios ridículos utiliza todo tipo de artimañas para conseguir su propósito. Una interpretación increíble que encaja a la perfección con la de Anibal Gulluni. En este apartado no podemos dejar de hablar del descomunal trabajo de Juan Manuel Branca en el diseño de movimiento, consiguiendo una plasticidad maravillosa en cada personaje, con momentos sublimes como el baile de carnaval.





Todo esto ocurre en una sencilla y eficaz escenografía diseñada por Rodrigo González Garillo (responsable también del original vestuario que nos muestra a las claras la personalidad de cada personaje). Una serie de paneles móviles simbolizan la carreta de la troupe, desde que llega hasta que comienza la fiesta, desde que se presentan hasta que deciden abandonar el pueblo. El resto de la escena recuerda a un páramo, la Argentina despoblada, un pueblo en medio de la llanura, con la única presencia de dos montículos de tierra. Lúgubre y árido, perfecto para el ambiente rural de la obra. Otro elemento fundamental del montaje es la fantástica iluminación de Agnese Lozupone, jugando con la luz y la penumbra para crear la atmósfera adecuada para esta tragedia bañada de comedia. La tercera pata para crear este ambiente sórdido y decadente es el espacio sonoro creado por José Mehrez y Aníbal Gulluni. Por último, no podemos dejar de nombrar la fabulosa luthería de José Mehrez, una maravilla.




En definitiva, estamos ante una joya descomunal, una obra monumental que sorprende, atrapa y emociona de principio a fin. Una pieza colosal, que mezcla con maestría la comedia y la tragedia, el dolor y el esperpento, la crítica social y la fiesta más grotesca. La verdad es que da gusto ir a ver algo sin saber muy bien lo que vas a ver y encontrarte con un montaje de este calibre, de esta sórdida belleza, de esta desgarradora verdad, de esta honestidad apabullante. Mauricio Kartun, ha sido para mi todo un descubrimiento, y nada más salir del teatro avisé a todas las personas que pude para que no se la perdiesen. Esta es una de esas maravillas efímeras que tristemente duran poco en cartel. Aún están a tiempo, no la dejen escapar.

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Teatro: Teatros del Canal. Sala Verde
Dirección: Calle Cea Bermúdez 1.
Fechas: Del 2 al 11 de Octubre. De Martes a Sábado a las 19:30. Domingo a las 18:00.
Duración: 1 hora 45 minutos.
Encuentro con el público: Jueves 8 de Octubre.
Entradas: Desde 9€ en Teatros del Canal. Programa de mano.


Elenco: Aníbal Gulluni, Paloma Zaremba, Soledad Bautista, José Mehrez, Luciana Dulitzky y Nahuel Monasterio
Autoría y dirección: Mauricio Kartun
Diseño de escenografía y vestuario: Rodrigo González Garillo
Diseño de iluminación: Agnese Lozupone
Diseño de movimiento: Juan Manuel Branca
Diseño sonoro: José Mehrez y Aníbal Gulluni
Luthería: José Mehrez
Asistencia de dirección: Bárbara Sánchez

Producción: Complejo Teatral de Buenos Aires

Ministra de Cultura: Gabriela Ricardes
Director General y Artístico Complejo Teatral de Buenos Aires: Alberto Ligaluppi



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