Violines y pianos nos reciben en esta escuela perdida, antigua, añorada, buscada, que la Sala Tarambana nos ofrece en esta lluviosa tarde de un enero que ha venido a dignificar el invierno , con sus fríos y sus aguas. Aparecen los personajes enfrentados, que no confrontados, aparecen sus historias, sus andanzas, sus ilusiones, sus recuerdos, su propia vida ligada a la de una escuela que se nos escapó, que se nos fue, a la que añoramos y recordamos con inquietud y un poso de amargura de lo que pudo ser y no fue.
