7 años. Teatros del Canal

El mundo empresarial es uno de los más despiadados, una guerra sin cuartel en la que todo vale para conseguir el fin deseado. Todo se complica cuando las estrategias para llegar a ciertos lugares no son del todo claras. Un imperio creado desde la unión de cuatro emprendedores que se desmorona en el instante en que la avaricia les supera y son cazados por sus actividades ilícitas. Todos son igual de culpables, todos han defraudado, pero ahora ninguno quiere pagar los platos rotos. Es posible "salvar el barco" con el menor número de damnificados posible, daños colaterales se le suele llamar



Cuatro personas que ven como su mundo se desmorona, intentan buscar una salida a esta dramática situación. Han crecido por encima de sus posibilidades, han hecho lo que les ha dado la gana sin pensar en las consecuencias, pensando que a ellos nunca les pillarían. Pero se ha destapado todo, su abogada les avisa de que esto es el fin y que deben tomar por el camino del medio para poder salvarse. Han sido poderosos, pero su propia avaricia y afán crecer de forma desmesurada y sin cumplir ninguna regla, les tiene ahora acorralados en un callejón sin salida. Como cuatro animales encarcelados, harán todo lo posible por no ser capturados.



Verteatro y Producciones teatrales contemporáneas se han encargado de llevar a cabo la versión de esta inquietante trama de corruptos y estafadores. En el otoño de 2016, la plataforma digital Netflix estrenaba la que era su primera producción original creada en España. El autor de la película, José Cabeza, nos propone un thriller claustrofóbico, en el que los personajes van mutando y sacando su verdadera identidad según ven acercarse el peligro, que cada segundo que pasa es más inminente. La película, protagonizada entre otros por Paco León, Juana Acosta y Álex Brendemühl, consigue transmitir desde el primer momento la angustia de cuatro amigos desesperados, en busca de una salida que no puede satisfacer a todos.


La obra nace de la propia estructura de la película, muy teatral, con espacios cerrados en los que consiguen desarrollar toda la trama. Una historia que salta a las tablas de la mano del autor argentino Daniel Veronese, que se ha encargado de la versión y la dirección del texto. Acostumbrado a jugar con espacios pequeños que acaban delimitando y acotando mucho la escena, en este caso convierte la oficina de una pequeña pyme en una cárcel para sus propietarios. Autor y director de éxitos como "Invencible", "El test", "Bajo terapia" o "El método Gronhol", por poner ejemplos claros de esa insistencia en lugares cerrados y bien delimitados, hace de la escena un lugar del que todos quieres huir y no saben como. 



Veronese nos perfila unos personajes que se van desnudando ante nosotros poco a poco. Cada uno de ellos está perfectamente estructurado, todo lo que dicen y piensan es absolutamente certero, unos personajes pulidos hasta el más mínimo detalle. Cada uno de los emprendedores va atacando a sus compañeros para poder salvarse, pero esas puñaladas por la espalda no son del mismo porte, y cada uno tiene sus propias artimañas para sacar lo peor de sus socios. Y en medio de este glorioso combate por la supervivencia encontramos al mediador, el papel que interpreta de forma magistral Miguel Rellán, el contrapunto a todas las batallas, pero también el generador de los mayores conflictos. Capaz de sacar de quicio a todos desde la tranquilidad de quien sabe donde debe pinchar para que todo salte por los aires.



La situación límite que vive la empresa hace que sus cuatro socios fundadores, y propietarios, se reúnan en la oficina fuera de horario laboral para intentar buscar una solución al grave problema que se les viene encima. Ya desde el primer momento notamos en el ambiente que la situación está muy tensa, que los cuatro personajes piensan en sus cosas más que hablar, que cada uno se distrae a su manera, pero sin relajarse ni un segundo. Sus temores están fundados en las informaciones que les acaban de confirmar, hacienda les ha descubierto sus negocios turbios y su manera de desviar dinero a Suiza, por lo que en unas horas la policía irá a la oficina a requisarlo todo y a detenerlos.

Como era de esperar, y pese a una amistad que les une desde hace más de una década, la reunión no tiene un carácter festivo, y la tensión entre los cuatro se palpa en el ambiente. La situación se vuelve casi insostenible cuando su abogado les da una posibilidad para "solucionar" el problema. Uno de ellos debe incumplarse de todo lo ocurrido, así los otros tres saldrán indemnes, pero el "culpable" cumplirá siete años de cárcel. Como es de esperar, ninguno de los cuatro quiere, a muto propio, ser el cabeza de turco, por lo que la abogada les ha puesto en contacto con un mediador que intentará ayudarles a solucionar el tema. ¿Quién es más imprescindible? ¿Quién tiene menos que perder? ¿Quién, en definitiva, debe asumir la culpa?



La culpa, la codicia, la supervivencia, cualquier motivo o razón es comprensible para que estos cuatro condenados intenten no ser el que pague los platos rotos. Todos tienen sus motivos para condenar a sus compañeros, y razones de peso para entender que debe salvarse. La situación se hace más compleja cuando el mediador, siempre conciliador en el tono pero muy punzante en el contenido, empieza a indagar en el pasado de cada uno de los socios. Ahí es cuando comienzan a salir los trapos sucios, los reproches, las cuentas pendientes que después de tantos años han ido enquistando la amistad entre ellos y que ahora es el momento de sacar a la luz. Toda artillería es poca cuando se trata de no entrar en la cárcel.



Todo esto no sería creíble con un elenco que no lo diese todo en cada momento de la obra, alcanzando la tensión que requiere una trama tan compleja y extrema, en la que cada minuto que pasa los personajes se acercan un poco más al abismo. Los actores están soberbios en esta angustiosa historia, cada uno con un papel bien diferenciado dentro de la historia y con unas estrategias muy distintas a la hora de llevar a buen puerto sus intereses. Carmen Ruiz, Eloy Azorín, Daniel Pérez Prada y Juan Carlos Vellido, son los encargados de dar vida a los cuatro socios que se encuentran acorralados, mientras que Miguel Rellán, como ya dijimos antes, es el mediador capaz de sacar lo peor de cada uno de ellos.



Miguel Rellán ("Cartas de amor", "Novecento") demuestra su maestría en todo momento, es al único que parece no superarle la situación, incluso parece disfrutar con los ataques que se van haciendo los otros personajes, es parte de su trabajo sacar lo peor de cada de uno para poder saber la verdad del caso. Es un hombre tranquilo, que intenta desestabilizar a sus clientes y así que puedan dar una solución al conflicto. Desde el primer momento tiene la templanza necesaria para sobrellevar la tensa disputa. Un personaje con mucha mala leche, encubierta en una sobriedad con la que no para de golpear donde más duele. Rellán consigue hacer de su personaje un tipo entrañable, incluso divertido, que siempre tiene la frase adecuada para dar un giro más a las situaciones más extremas


Carmen Ruiz ("La cantante calva", "Bajo terapia") es la única mujer del grupo, y como tal se le empuja al abismo por motivos de género nada más comenzar. Una mujer fuerte pero que se ve superada por la situación, al verse atacada por varios frentes. Desde el principio intenta llevar las riendas de la reunión y ser la perfecta anfitriona con el mediador. Poco a poco va cambiando su actitud, dejando de ser todo amabilidad para empezar a cargar contra todos. Ruiz nos presenta un personaje con mucha mala leche oculta, que la suelta en pequeñas perlas sarcásticas para atacar a sus compañeros. Una mujer en posición de alerta continua, con muchas cosas que ocultar y que perder en esta tensa noche.


Juan Carlos Vellido ("Bajo terapia", "Los universos paralelos") es el jefe de la oficina, aunque todos sostengan que las decisiones se toman entre todos. Desde el primer momento ejerce como tal, llevando la voz cantante con el mediador e intentando marcar distancias con sus compañeros. En un primer momento parece ser el que más tiene que perder, porque tiene mujer y una hija. Bellido dota al personaje de miles de dobleces, un personaje turbio que en todo momento creemos que nos oculta algo, que está "jugando" con nosotros. Esta ambigüedad dota al personaje de mucho interés, ya que nunca sabemos en que punto se encuentra, hasta que le obligan a "enseñar sus cartas".

El personaje que interpreta Eloy Azorín ("La gata sobre el tejado de zinc", "En la roca") es desde el inicio de la obra un manojo de nervios, la situación le supera en todo momento y se le ve decaído, siempre a la defensiva, sobre todo contra el mediador. Es el creativo del grupo, el que llevó la empresa a la gloria, pero también el que lleva años estancado sin ninguna idea brillante. Un creativo soñador, inocente y vulnerable, que pronto se convertirá en un blanco fácil. Azorín nos muestra a un chico abatido, que no entiende nada de lo que ocurre y todo le pilla a pie cambiado. Su evolución a lo largo de la obra es muy intensa, ya que es el que más evoluciona (o más bien le empujan a tomar decisiones), muy a su pesar.

Por último, Daniel Pérez Prada ("El amante", "La función por hacer") es el que tiene las cosas más claras de los cuatro. Con un carácter muy impulsivo, no se corta a la hora de soltar cualquier cosa de sus compañeros, caiga quien caiga. Él tiene muy claro que está en una posición de inferioridad dentro de la empresa, por lo que pasa al ataque contra todos sus compañeros, buscando salvarse utilizando las estrategias más ruines. Pérez Prada nos muestra un personaje agresivo, violento a la hora de decir las cosas, una persona impulsiva y emocional que está en todo momento en guardia y dispuesto a pasar al ataque para no dar tiempo a que le señalen.


La elegante y cuidada escenografía ha sido diseñada por Mónica Boromello (que se ha encargado también del diseño de vestuario), con François Rouillé como ayudante en ambas facetas. Un espacio único como el que nos presenta la obra debe tener distintos ambientes, en los que los personajes puedan "refugiarse", destensarse o desahogar su ira. Es muy interesante como Boromello consigue que la cocina sea el refugio en el que ir a esconderse, la diana se convierte en un saco de boxeo en el que vaciar la ira, o el segundo plano de la entrada ayuda a protegerse de los ataques más voraces. Este amalgama de espacios singulares han sido construidos por Mambo Decorados. Por último, la iluminación ha sido diseñada por Juan Gómez Cornejo e Ion Anibal López, creando un ambiente turbio y angustioso en todo momento.

¿Cuál es el precio de la amistad? ¿Qué valor le damos a la lealtad? ¿Cuanto vale la vida de una persona? ¿En cuanto valorarías perder siete años de tu vida en la cárcel? ¿Serías capaz de superar el entrar en la cárcel? ¿Y el no entrar sabiendo que eres igual de culpable que el que está dentro? Esta inquietante propuesta va mucho más allá del hecho que transcurre en la obra. Habla de lealtad, de amistad, pero sobre todo de integridad y compañerismo. Todo ello dentro de un ambiente cargado, intenso, agotador, que nos hace disfrutar de cada segundo, pero también salir del teatro como si fuésemos nosotros los que estábamos discutiendo. Y como no podía ser de otra manera, la conversación sobre lo que nosotros haríamos nos acompañó a las cañas posteriores...
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7 años
Teatro: Teatros del Canal
Dirección: Calle Cea Bermúdez 1.
Fechas: De Martes a Viernes a las 20:00, los días 9, 10 y 11 a las 20:30. Sábado 18:30 y 21:00, los días 13 y 20 a las 18:00 y a las 20:30, el 27/10 y el 3/11 a las 17:45 y 20:00. Domingos a las 19:00, el 4/11 a las 19:30.
Entradas: Desde 11,30€ en teatroscanal. Del 3 de Octubre al 4 de Noviembre.


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