Teatro: Alguien voló sobre el nido del cuco. Teatro Fernán-Gómez

Las enfermedades mentales siempre han sido un tema tabú en la sociedad, y lejos de tratarlo con la naturalidad necesaria se oculta y se trata con los métodos más rudimentarios. Es cierto que la mente humana es un mundo desconocido, del que sabemos muy poco, pero no es más cierto que la forma en las que se trata a estos enfermos no es del todo ortodoxo. La vida en uno de estos lugares puede llegar a ser peor que una cárcel, un lugar inhóspito y lúgubre en el que puede ocurrir cualquier cosa. Más allá de las similitudes entre el psiquiátrico que se nos muestra en este texto y los actuales, la historia nos cuenta el dominio al que somos sometidos por el simple hecho de ser diferentes y plantearnos como las realidades que se nos imponen pueden estar equivocadas. Las reglas establecidas, las imposiciones, las normas, pueden estar equivocadas, pero son demasiado difíciles de cambiar, aunque sea evidente que son fallidas. 

Nada más entrar en la gran sala del teatro nos embarga la angustia. Miles de imágenes asociadas a la famosa película de Milos Forman se agolpan en nuestra cabeza. Volvemos a salir para dejar todos los recuerdos fuera y entrar con la mente limpia, sin ideas preconcebidas de lo que vamos a ver. Nos sorprende de entrada la escena, limpia y blanca, con una cabina cerrada en el medio y varias puertas. Un sillón en un lado y una mesa con sillas nos indican el equilibrio del conjunto. Ya solo el decorado nos mete de lleno en la idea de un lugar cerrado, angustioso, pese al color claro del conjunto notamos la angustia de la falta de libertad, la claustrofobia de los lugares cerrados. Un espacio que nos inquieta y nos motiva a partes iguales. Una vez alejados los fantasmas cinematográficos todo pinta bien.


La polémica y transgresora novela de Ken Kesey es una de las historias más contundentes y directas sobre lo que era la vida en un psiquiátrico en los años sesenta. El propio Kesey se ofreció voluntario para probar los efectos de las drogas psicodélicas (LSD, peyote, mescalina...) para unos experimentos que unos psiquiatras de un hospital californiano estaban ensayando para que pudieran ser utilizados con fines terapéuticos. Este fue el germen del que nació esta famosa novela, que fue una sensación tanto en la universidad como en las comunas hippies de la época.

Tras el gran éxito de la novela, Dale Wasserman hizo la versión teatral, en la que se basa la que podemos ver estos días. Más de una década después, Milos Forman llevó la obra a la gran pantalla, con el gran Jack Nicholson en el papel de Mcmurphy, por el que consiguió en Oscar en 1976. Con distintos puntos de interés, en todas ellas se transmite la crudeza con la que se trataba a los pacientes en los psiquiátricos de aquella época.



En este caso ha sido la productora cinematográfica La Dalia Films la encargada de llevar a cabo esta nueva revisión de la obra. Para este proyecto han contado con Jaroslaw Bielski para la traducción y la dirección. La apuesta ha sido sobre seguro, ya que Bielski (máximo responsable de Replika Teatro) ya puso en pie la obra hace más de una década (en Febrero de 2004), también con Pablo Chiapella en el papel protagonista. La propuesta artística ha nacido de La Dalia Films, con la colaboración de Niko Verona.

"Nuestro montaje, cuenta Bielski, no deja de ser una gran metáfora del mundo actual, controlado por la televisión y los teléfonos móviles, como una especie de chatarrería, cementerio de automóviles humanos, un zoológico de unos personajes incapaces de encontrarse en un mundo exterior, enloquecido por el despiadado dominio de unos sobre los otros. Pero incluso en ese mundo de aparente paz y sosiego, hay unos pocos que controlan y manipulan la situación y otros que se dejan controlar y manipular, porque no saben o no quieren pensar por ellos mismos, convirtiéndose voluntariamente en los súbditos de la máquina del poder".


La obra va mucho más allá, como dice el director, de lo que se encierra en las paredes de ese sanatorio. Este montaje es una ácida crítica a nuestra sociedad, en la que se pretende aislar a todo aquel que tiene una idea diferente, a todo aquel que piensa distinto a lo que dice la mayoría. Una sociedad capaz de cohibir, de aislar e incluso de aniquilar a todo el que se sale del redil. Un pequeño grupo de poderosos, que se identifica claramente con los sanitarios del centro, hacen lo posible para que el resto no piense, para que se crean lo que ellos dicen sobre la manera en que debemos vivir, llegando incluso a "sacrificar" o expulsar a todos los que se enfrentan a ellos.

La historia se centra en la figura de Randle McMurphy, un recluso que se las ingenia para evitar la cárcel ingresando en un centro psiquiátrico, con la "excusa" de que todos los delitos que cometió fueron debidos a que no está bien psicológicamente. Pero lo que él pensaba que sería un trámite que pronto lo dejaría en libertad se va complicando al conocer de primera los métodos que la Gran Enfermera Ratcher utiliza para "controlar" a los pacientes. Poco a poco va conociendo a sus peculiares compañeros, una serie de enfermos que no pueden soportar lo que ocurre en su vida cotidiana, el estrés y la presión, y son encerrados a voluntad propia. Lo que para él es peor que una cárcel debido a la pasividad de sus compañeros, que parecen estar felices en aquel lugar, se va convirtiendo en una lucha por conseguir unos mínimos derechos, convirtiéndose en  el cabecilla de todos los reclusos. 



La elección del elenco de actores está muy cuidado. Encabezado por Pablo Chiapella en el papel de McMurphy, todos los actores están a un gran nivel, con claro protagonismo de los pacientes, en los que podemos apreciar todo tipo de "rarezas". El montaje recae sobre el personaje de Chiapella, pero tanto el resto de enfermos como los cuidadores nos aportan personajes interesantes, desde un doctor que no termina de ver con buenos ojos lo que ocurre hasta la odiosa enfermera Ratched, pasando por el imponente jefe Bromden. Todos nos transmiten algo, la sensación de que cada uno de los personajes, salvo alguno de los auxiliares que tienen papeles muy menores, tiene una gran historia dentro, perfiles tratados con ingenio para dar matices muy característicos de cada uno de ellos.



Uno de los puntos fuertes es el duelo entre Chiapella y Mona Martínez en el papel de la enfermera Ratched. El poder que se opone a todo el que intenta hacer algo nuevo, que se sale de la norma. La enfermera Ratched ha conseguido crear dentro del centro un ambiente tranquilo, pese a los métodos poco ortodoxos que utiliza para conseguirlo. Pese a ello consigue tener a los enfermos controlados, pero la llegada de McMurphy lo cambia todo. Chiapella, que nos tiene acostumbrados a sus papeles cómicos, nos presenta un personaje consciente de lo que hace, aunque provoque a todos "haciéndose el loco". Esta dualidad hace que es personaje sea más interesante de lo que podríamos intuir, ya que acaba erigiéndose en cabecilla del grupo por conseguir que las cosas sean mejores para los enfermos. Por su parte, Mona Martínez nos presenta a una odiosa y estricta Ratched, que no da su brazo a torcer en ningún momento.



Dentro del grupo de presos tenemos actuaciones muy interesantes, como la de Rodrigo Poisón en el papel del gran jefe Bromden, que se va transformando a lo largo de la obra, en una lucha constante consigo mismo(maravillosas sus escenas en solitario, en las que más notamos su angustia), hasta conseguir afrontar todos sus miedos. Alejandro Tous está divertidísimo en su papel de Dale Handing, un amanerado de clase alta que evita a su mujer estando ingresado. Niko Verona es Billy Bibbit, un joven con grandes problemas de autoestima y con un miedo atroz a su madre, en una interpretación de las más sobresalientes del montaje. Emilio Gómez es Chieswick, un tímido personaje que siempre quiere mantenerse en un segundo plano. Manuel Teódulo es Scalon, uno de los personajes más divertidos, por su obsesión por las bombas. Ramón Vallés es Ruckly un angustioso personaje al que todos "transportan" a su antojo y que llega a estremecernos. Fernando Tielve es Martini, un dulce chico que no sabe muy bien que es real y que lo que sólo está en su cabeza.

En el resto del elenco, con papeles de menor importancia, destaca Manuel Tiedra en el papel del doctor Spivey, un divertido personaje que hace buenas migas con McMurphy, lo que le lleva a plantearse los métodos que utiliza Ratched. Carmen Ibeas duplica papel, interpretando a la alocada Candy Starr y a la servicial Enfermera Flinn. Iris Rico, por su parte, interpreta a la amiga de Candy, Sandy, que viene al centro para intentar ayudar a McMurphy. El resto del elenco lo forman Javier Saez, Chechu Moltó y Sergio Pozo, en los papeles de los auxiliares.



La fantástica escenografía diseñada por Laura Lostalé nos traslada, incluso antes de empezar la función, a las angustiosas estancias de un psiquiátrico. La sencillez de la propuesta, toma fuerza con la uniformidad en el color, el elegido mobiliario y, sobre todo, el recinto cerrado que es la cabina de los enfermeros y auxiliares. Una vez inmersos en este espacio la iluminación (diseñada por Felipe Ramos), brusca y muy potente, enfatiza lo aséptico del lugar, la sensación de un lugar que nos atrapa y nos señala. Uno de los puntos fuertes del montaje son los vídeos que se proyectan en los momentos en que el personaje del jefe Bromden tiene sus sueños. Estas imágenes, diseñadas también por Felipe Ramos, son una belleza que nos invade y nos hace viajar, desde el interior de una máquina a parajes bucólicos. El vestuario ha sido diseñado por Fede Pouso y Almudena Bretón, siguiendo los mismos esquemas de la escenografía, aunque permitiéndose algún pequeño "exceso de color" en la escena de la fiesta. La composición musical a cargo de Luis Pardo es contundente y abrumadora.




Con todos los mimbres de una gran obra, este montaje no defrauda, aunque la intensidad de la segunda parte supere a la de la primera. Una obra para reflexionar sobre los límites del poder, la delgada línea roja que puede llegar a separar a una persona cuerda de un loco, aunque todos lo estemos en cierta manera. La historia, no por ser ya conocida deja de sorprendernos, tanto por su contenido como, en este caso, por lo bien tratados que están ciertos temas secundarios como las elucubraciones de Bromden. Un acierto de principio a fin, pese a la duración de la obra, que no llega a ser una carga en el análisis global del montaje.
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Alguien voló sobre el nido del cuco
Teatro: Teatro Fernán-Gómez
Dirección: Plaza de Colón 4.
Fechas: Martes a Sábados a las 20:00, Domingos a las 19:00.
Entradas: Desde 14€ en teatrofernangomez. Del 11 de Octubre al 4 de Noviembre.



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