Teatro: Tres canciones de amor. Sala Cuarta Pared

El amor, el desamor, las personas deambulamos por la vida en busca de ese sentimiento, de ese placentero estado en el que todo es de color de rosa. Lo malo es que cuando se acaba, cuando esa persona resulta que no es lo que esperabas, todo se vuelve oscuro, y transitar esos tenebrosos lugares es muy difícil. Los hombres, las mujeres, el amor, el desamor, una ruleta que no deja de girar, un tiovivo al que nos subimos buscando lo que nos dijeron que tenía que ser nuestra vida.




Al entrar en la sala nos adentramos en una peculiar sala de fiestas, en la que intuimos que todo puede pasar. Las mesas están servidas, la bola de discoteca girando, todo colocado para que empiece la fiesta. Pero no todo es tan sencillo en este particular salón, en él todas las personas querrán contarnos algo, explicarnos como son y como se relacionan en el amor. Los hombres rudos y muy machos, las mujeres sensuales y perversas. Pero dejemos a un lado todos esos estereotipos tan manidos y hablemos de la realidad, de las personas, de las relaciones amorosas, de los hombres no tan duros, mujeres no tan frágiles. Que suene la música, el espectáculo va a comenzar



La compañía La trapecista autómata ha sido la encargada de crear este espectáculo sobre el amor como fuerza creadora y destructora, la guía de nuestras vidas, lo que nos cambia para siempre cuando se cruza en nuestro camino. La Trapecista inició su camino en 2012, cuando tres mujeres con experiencias escénicas diferentes deciden unir fuerzas para comenzar este interesante proyecto. Este proyecto "surge para investigar y reflexionar sobre aquello que nos quita el sueño, tanto en el teatro como en la vida". Laura Lorenzo, Patricia Benedicto y Elena Corral, son las tres valientes que se aventuraron con esta iniciativa, con la que han montado ya tres obras (incluyendo estas canciones de amor).

Patricia Benedicto es una de las figuras jóvenes más interesantes de nuestro país. La dramaturga y directora sorprendió a todo el mundo con su interesante "Moscú (3.442 kilómetros)", con el que dejó el listón muy alto (llegando a representarse en la emblemática Timbre 4 de Buenos Aires). En este nuevo proyecto mantiene la esencia de su primer montaje, pero esta vez centrándose en el amor en algunas de sus vertientes, viendo el amor como el comienzo y el fin de todo, casi como el motor de la vida, que nos desubica cuando lo añoramos, pero a veces nos ahoga cuando lo tenemos.



"Un año y cuatro meses después de haber perdido al que yo creía que era el amor de mi vida, pensé que estaba de nuevo preparada para enamorarme o, al menos, para que otro hombre me gustara, así que decidí apuntarme a una web de citas. Por aquellos días en los que yo rellenaba un perfil con mis aficiones, mis virtudes y mis defectos, intentando ser ingeniosa, inteligente, simpática, intentando, al fin y al cabo, gustar al mayor número posible de hombres, cuatro mujeres fueron asesinadas en cuatro días. Cuatro mujeres murieron a manos de los hombres que decían amarlas. Comencé a pensar en si detrás de esas fotos de hombres sonrientes, de amigos de sus amigos, aficionados a los viajes y amantes de los animales, se escondía el hombre que acabaría con mi vida. Y descubrí que, pese al miedo, estaba dispuesta a correr el riesgo con tal de volver a sentir que alguien me amaba o que yo amaba a alguien. Y empezaron a surgir preguntas.

Me pregunté no sólo qué era el amor como fuerza, como potencia creadora y destructora, sino de qué manera aprendemos a relacionarnos con los otros, con aquellos que no somos nosotros mismos. Empecé a preguntarme sobre si nuestros anhelos amorosos nos eran propios o impuestos y qué pasaba cuando las expectativas no se cumplen, puede que rompamos como seres civilizados o puede que nos matemos".  Este fragmento, que forma parte de la obra, habla muy a las claras de la esencia de este montaje. Como dice Patricia Benedicto "esta obra no es, por supuesto, una respuesta, es solo una forma de continuar pensando", porque este montaje es eso en esencia, una reflexión sobre el amor, el desamor, y algunos lugares oscuros que rodean las relaciones entre las personas.



Este peculiar análisis del amor está dividido en tres partes claramente diferenciadas, como si de un tríptico se tratase. Cada una de las piezas nos habla del amor como parte intrínseca del ser humano, el amor en la sociedad actual (en la que todo es instantáneo y nada se deja cocer a fuego lento), de las generalidades que nos unen como colectivos dentro de un mismo género, de los hombres como seres vulnerables ante lo que se les exige, de mujeres vulnerables por un mundo que las muestra como objetos, de las relaciones que se acaban, de la violencia, del desamor. Pero también es una interesante manera de hablar de feminismo, de hombres que no se ven como sus padres los educaron, que huyen hacia nuevos territorios, miles de maneras de amarse, distintas maneras de ser amados y de buscar el amor.

Las creadoras de la obra, las chicas de La Trapecista autómata, nos hablan así del montaje y de lo que han querido transmitir, "Tres canciones de amor parte de la idea de que el amor romántico es una construcción en la que convergen diferentes mitologías y estereotipos y a cuya cimentación han contribuido notabemente las películas, lo libros, las canciones y la sociedad en general. Nuestra intención ha sido explorar esa mitología para ponerla en cuestión, explorar los límites del amor romántico y conocer los mecanismos de construcción de género en esta faceta trascendental de nuestras vidas".


El montaje, como ya hemos dicho con anterioridad, se divide en tres partes, tres canciones de amor, tres actos. Una primera canción "Los hombres que bailan" en la que podemos conocer a los tres personajes masculinos, sus miedos, sus necesidades, su manera de amar. En la siguiente pieza, llamada "Las mujeres y las flores" se nos presenta el elenco femenino y al igual que pasaba en el primer acto, vamos conociendo algunas de las pautas que marcan sus vidas en terrenos amorosos. Para finalizar este peculiar tríptico sobre el amor, tenemos "Everything is love" la parte final en la que los personajes hablan de sus relaciones entre ellos, de las relaciones de pareja.

Tres mujeres y tres hombres que se encuentran en una sala de fiestas, pongamos por ejemplo un karaoke. Ellas deberían ser unos seres fabulosos, espléndidas, siempre perfectas, como las grandes actrices como Doris Day, Katherine Hepburn o Norma Jean, que siempre parecían recién salidas de una revista. Por su parte ellos tienen que ser los tipos duros que manejen la situación, tienen el mundo a sus pies y deben someterlo, como hicieron antes Montgomery Cliff, John Wayne o James Dean, siempre perfectos, siempre implacables. Pero esto es la vida real y ellos no son grandes estrellas del cine, por lo que las cosas no son como se las habían pintado. 



Estas seis personas que nos hablan del amor en sus distintas versiones son Elena Corral, Laura Lorenzo, Lúa Testa, Eugenio Gómez, Sergio Torres y Carlos Jiménez-Alfaro. Seis personas que entre copas, bailes y canciones nos van desvelando sus intimidades, sus distintas visiones del amor, siendo siempre una pieza fundamental en la vida de cada uno de ellos. Ninguno ha conseguido ser considerado como esos cánones que deben marcar las líneas maestras de las vidas de las personas (menos mal que todo esto ya sólo sirve para ridiculizar estos estereotipos). Un elenco que mantiene un alto nivel, con escenas más interesantes que otras, pero que muestran una gran complicidad, algo que se agradece en montajes tan singulares, en los que los actores entran y salen del personaje para mostrarnos parte de su realidad (sin duda uno de los momentos más bellos de la obra). Un acierto la mezcla entre la realidad y la ficción, entre el personaje y el actor, entremezclando vivencias personales con otras que podrían haberlo sido, para que las realmente dolorosas "no hagan tanto daño".


Eugenio Gómez ("La ventana de Chygrynsky") nos hace despiadado esquema de lo que debe ser un hombre, todos los vergonzosos y manidos calificativos por lo que muchos hombres se sienten angustiados, al no verse en identificado por ninguna de esas palabras vacías. Por su parte Carlos Jiménez-Alfaro ("Masked") se muestra un amante del baile, siempre ha sido el rarito en el cole, con el que todos se metían por querer ser diferente. Por último Sergio Torres ("La noche del Sr. Smith") es un "macho", no le gusta bailar y no duda en pegarse con quien sea que se le ponga tonto....

Laura Lorenzo y Elena Corral (que ya participaron en "Moscú (3.442 kilómetros") han sufrido, el amor les ha hecho daño y tienen miedo, las defensas alerta, no quieren volver a sufrir. Dos mujeres que quieren creer en el amor, pero que han sufrido mucho por él. Han amado y han sido amadas, pero se acabó, se marchitó y ahora no saben como afrontar las relaciones personales, tienen miedo a volver a sufrir. Pero si alguna muestra lo que es el dolor por una ruptura, ella es Lúa Testa ("Todo lo que está a mi lado") que en una escena realmente demoledora en la que se va desmoronando mientras se leen una serie de cartas. La fragilidad que muestra la actriz y como se viene abajo con cada frase que se lee, es tan bello en la forma como doloroso en el fondo.


El espacio escénico creado por La Trapecista autómata y por la actriz Lua Testa deja bien a las claras desde el primer momento el lugar donde nos encontramos, sin mayor pretensión en el diseño que un lugar que nos resulte familiar, para que nos veamos involucrados en todo lo que allí ocurre. Un par de mesas con sus sillas, unas copas y una bola de discoteca marcando el ritmo, son los elementos necesarios para equilibrar el espacio, que se verá alterado por todo lo que ocurre en él. El diseño de luces corre a cargo de Roberto Cerdá, que crea ambientes muy diferentes, atmósferas que van de lo más íntimo a lo más alocadamente fiestero. En un montaje como este es imprescindible la correcta iluminación de cada escena, con la que podemos dar mucha más información de la que aporta la escena ( premeditadamente fija como elemento común a todo el montaje). Por último el vestuario, elegante y sencillo en la primera parte, más alocado el de ellas en la segunda parte de la obra, es creación de la propia compañía y de Lúa Testa.




Este tríptico sobre el amor y las personas es una interesante radiografía (quizás con demasiados tópicos) sobre como somos los seres humanos y nuestra búsqueda, casi obsesiva, del amor. El montaje resulta divertido, pese a muchas de las situaciones que suceden, por la manera en la que se entrelazan las escenas trágicas con los momentos musicales y con escenas de menor carga dramática. El montaje funciona, aunque habría sido (a mi humilde entender) más interesante profundizar en las relaciones de las que habla. Por momentos nos deja con la miel en los labios sobre temas que resultan muy interesantes. Pero ante todo nos deja una dura imagen de como es la sociedad, que aunque aquí aparezca parodiada sigue teniendo muchos "machos ibéricos" que se creen los reyes del mundo. Montajes como este deberían hacernos ver todo lo que nos queda por evolucionar en lo que a la igualdad se refiere

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Tres canciones de amor
Teatro: Sala Cuarta Pared
Dirección: Calle Ercilla 17.
Fechas: De Jueves a Sábado a las 21:00.
Entradas: Desde 14€ en cuartapared. Del 10 al 26 de Enero.



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