Teatro: La importancia de llamarse Ernesto. Teatro Lara

Hay clásicos que permanecen en nuestra memoria y ante cada nueva versión se nos entrelaza la curiosidad y el miedo, las ganas y la desidia, el interés por algo nuevo frente a la pereza por algo de sobra conocido. Pero con clásicos como este, en el que el humor y el ingenio lo pueden todo, cada nueva interpretación en un soplo de aire fresco, una nueva perspectiva sobre un texto brillante, lleno de pequeños momentos inolvidables que no podemos dejar pasar.



PasoAzorín Teatro se ha convertido en el referente de este verano, acampando en el Teatro Lara para mostrarnos sus últimos trabajos y demostrar la polivalencia de esta compañía que convierte los proyectos pequeños en grandes éxitos y que hace de proyectos de mayor entidad, como este del que hablamos hoy, en algo cercano al espectador. Comenzaron con la sorprendente "Las leyes de la relatividad aplicadas a las relaciones sexuales" a la que siguió la gamberra "La ramera de Babilonia" (obra con la que conocí a la compañía y a la que regreso siempre que puedo). En este peculiar repaso a sus éxitos más recientes, durante el verano podemos ver "BesARTE, MirARTE y FollARTE" y "Lo que mamá nos ha dejado", a la que se ha unido en este mes de Agosto el estreno del clásico de Oscar Wilde "La importancia de llamarse Ernesto". Este interesante "catálogo" nos da una idea de lo que son las obras de Ramón Paso, que siempre nos sumerge en un mundo muy particular, incluso cuando toca versionar a un clásico.


Como ya ocurrió con la versión de "Otelo a Juicio", la traducción de la obra de Oscar Wilde corre a cargo de Sandra Pedraz Decker (que realiza también labores de producción junto a Inés Kerzan). La adaptación, como es habitual en la compañía, corre a cargo de Ramón Paso, que también asume la dirección (con Blanca Azorín y Laura Auzmendi como ayudantes de dirección). El autor nos vuelve a sumergir en su mundo tan particular, en el que todo parece distorsionado por la ingeniosa visión del director. Los personajes nos aportan un plus más, cada uno de ellos nos inquieta y nos seduce, incluso los personajes más secundarios. Algo que siempre resalto en las sus montajes es que los personajes están tratados con tal minuciosidad que no sabemos con cual quedarnos, querríamos conocer un poco de cada uno de ellos. En este caso, consigue que adquieran relevancia personajes menores, que cada uno tenga una presencia especial, que obliga al espectador a congeniar con todos ellos. 


Para esta versión de "la comedia más gamberra, sexy y divertida de Oscar Wilde" (según palabras del propio Paso) recurre a su elenco habitual pero con un tratamiento mucho más equitativo entre los personajes masculinos y femeninos, aunque la presencia de ellas sigue siendo apabullante. En esta lucha de amores y desamores en la que tan bien se desenvuelve el autor, consigue dar su toque particular a una historia ya de por si disparatada, a la aporta una velocidad más, dotando a los personajes de una comicidad mayor al llevarlos a extremos de lo más esperpéntico, con escenas cercanas al clown o la películas de los hermanos Marx, en las que cuanto mayor era el caos más brillante era la escena, algo que ocurre en muchos momentos de esta versión. 

Esta vuelta de tuerca que le da el director al tamizarla con su sello tan personal, hace de la obra un montaje moderno y transgresor, intentando colocar la historia en un espacio atemporal, en el que conviven los trajes de la época con los móviles, en una ingeniosa maniobra para hacernos más cercano el montaje, pero sin perder nada de la esencia del texto de Wilde. Como ocurre con todos los montajes de PasoAzorín Teatro, el resultado es una crítica, desde la más ácida de las comedias, a la sociedad que se centra en las falsas apariencias y la hipocresía. Para las actrices (y fundadoras de la compañía) Ana Azorín e Inés Kerzan, sus obras intentan "hacer una vivisección de los problemas del ser humano contemporáneo, en una apuesta por desentrañar las razones de la incomunicación, la soledad y los males endémicos de este experimento que llamamos sociedad".



El desternillante texto de Oscar Wilde es una brillante trama de enredo en el que en cada escena todo se complica un poco más. En torno al nombre de Ernesto y con la alta sociedad y su hipocresía como telón de fondo, la historia se desarrolla a un ritmo brillante, con escenas memorables a las que Paso consigue dar un tono más salvaje, que hace que la comedia se desarrolle a un ritmo de vértigo, con las actrices marcando el ritmo de una historia que tiene todo los alicientes de las grandes comedias. Personajes con dobles vidas, déspotas aristócratas que viven por encima de sus posibilidades, criadas cotillas y puntillosas que parecen saberlo todo, pero sobre todo personajes muy bien tratados, con manías, locuras y tics que nos dejarán fascinados desde la primera a la última escena. Relaciones que nacen de la mentira y se acaban cimentando en la doble cara de la verdad, una realidad que gira hasta colocarlo todo en su sitio, con tropiezos inesperados de todo tipo que aderezan el desarrollo de la obra.



La obra comienza con una contundente escena en la que se nos muestra de forma directa la frivolidad de los personajes, el humor del texto, la esencia de la historia. Lady Bracknell (Paloma Paso Jardiel) y su sobrina Gwendolen (Inés Kerzán) discuten sobre los planes de futuro que cada una de ellas tiene para la joven, mientras nos van mostrando sus límites morales y sus pocos escrúpulos. El duelo dialéctico de las dos actrices es demoledor, dos mujeres con pensamientos muy distintos que buscan conseguir sus objetivos a toda costa. La trama comienza con una fuerza que no abandonará a lo largo de la obra, con situaciones que se van complicando, personajes que se retan o se vuelven cómplices, mientras que se nos muestran las distintas caras de personajes no del todo sinceros...

Dos mujeres enamoradas de un hombre llamado Ernesto que en realidad no existe. Gwendolen y Cecily (Ana Azorín) han sido engañadas por Jack (David DeGea) y por Algernon (Jordi Millán), dos vividores que se escudan en sus identidades falsas para ser aceptados por sus enamoradas. Un simple nombre que conlleva una serie de estereotipos, de estatus sociales, de elegancia, al que ellas no están dispuestas a renunciar, salvo que sus amados hagan algún esfuerzo para poder ser alguien que en realidad no son, aunque sea volviéndose a bautizar.



La incorporación de Paloma Paso Jardiel a la troupe de PasoAzorín es, sin lugar a dudas, el mayor acontecimiento de la obra, creando una Lady Brancknell tan divertida como malévola, con una acidez que destroza en todo momento a cada uno de los personajes. La sola presencia de la actriz en escena hace que el resto de actores se mantengan alerta, ante un personaje que sólo sabe imponer sus propias normas y que no acepta ningún tipo de negociación. Una mujer de su tiempo y de su clase social, que no piensa renunciar a nada de lo que tiene y que quiere que su sobrina siga manteniendo el nivel de la familia. Un personaje brillantemente tratado por una actriz que demuestra su saber hacer en cada escena, con una presencia en escena que marca el nivel de la obra. La pareja de confidencias y cuchicheos que crea con Ángela Peirat (la señorita Lane, el criado convertido en una criada de lo más cotilla) debería ser el principio de muchos trabajos juntas, ya que hacen una pareja cómica excelente, con la mesura de Paloma Paso Jardiel que contrarresta con la frenética Ángela Peirat (que se mueve como pez en el agua en personajes tan extremos y desbocados).




Sin duda Ramón Paso tiene un don para escribir papeles femeninos, pero incluso en esta adaptación los papeles femeninos acaban absorbiendo a los masculinos. Así Ana Azorín (Cecily) e Inés Kerzan (Gwendolen) superan en presencia y comicidad a sus amados Jordi Millán (Algernon) y David DeGea (Jack). Las dos actrices demuestran una vez más su gran bis cómica, explotándolo sobre todo en las escenas en las que coinciden. Ana Azorín es un torbellino desde el primer momento que aparece en escena, llevándose por delante a cualquiera, mientras que el papel de Inés Kerzan va adquiriendo un mayor empaque conforme avanza la obra. Kerzán comienza intimidada por la tía, para acabar desarbolada cuando conoce toda la verdad de la obra. Azorín por su parte no baja de ritmo, consigue mantener la atención creada en el primer acto con su sola presencia y su desternillante interpretación de la dulce, y bastante especial, Cecily, que adquiere un protagonismo mayor que en otras versiones de la obra, por la capacidad de la actriz para atraer hacia ella el foco, en una actuación fabulosa.


Por su parte los galanes de dudosa reputación, funcionan mejor juntos que cuando tienen que enfrentarse a sus enamoradas. Tanto Jordi Millán como David DeGea (Jack) sucumben ante el poderío de sus respectivas compañeras, aunque en parte por exigencias del guión, que da mucha más seguridad en si mismas a las mujeres que a ellos, siempre dubitativos ante la posibilidad de ser descubiertos en sus mentiras. DeGea está en una continua montaña rusa durante toda la obra, intentando demostrar su amor por Gwendolen y a la vez intentando que su tía le respete y acceda al matrimonio, que Cecily le haga caso, o que su querido amigo Algernon deje de suplantar a su hermano que no existe. Una actuación interesante marcada por los momentos más absurdos junto a Millán. Por su parte, Algemon vive del cuento (al igual que su amigo), con una doble vida para poder escapar de su tediosa rutina, pero con muchas ganas de encontrar el amor, para lo que también deberá mentir. La interpretación de Millán adquiere más ritmo conforme avanza la historia, llegando en superar en los momentos más alocados a su compañero de reparto.

Completan el reparto la maravillosa Ángela Peirat, que vuelve a demostrar sus dotes para la comedia con una Señorita Lane (la criada) que, como ya dijimos antes, congenia a las mil maravillas con Lady Brancknell. Su bis cómica, de sobras conocida por todos los que seguimos a esta compañía, gana en esta ocasión en contundencia al huir de la gestualidad para basar la interpretación en un verbo afilado, al que siempre acompaña de sus inconfundibles muecas. Del resto de personajes de la obra de Wilde desaparecen el mayordomo Merriman y la institutriz Miss Prism, manteniendo con un pequeño papel al personaje del reverendo Chasuble, interpretado por Guillermo López-Acosta, que sin grandes alardes consigue una interpretación sobria, dentro de la locura colectiva del resto de personajes.



Como es habitual en los montajes de esta prolífica compañía, la escenografía toma un segundo plano, siendo los mínimos elementos necesarios para poder configurar el espacio. En este caso son unos floridos elementos verticales los únicos encargados de crear los distintos planos escénicos por los que se mueven los personajes. Algunos elementos de mobiliario que entran y salen de escena según el momento, es lo único que necesita Ramón Paso para poner en pie la historia. Esta aparente sencillez de los decorados hace que todo el peso recaiga en los actores, dueños absolutos del espacio escénico.

El vestuario diseñado por Inés Kerzan y Ángela Peirat, nos plantea desde el primer momento un divertido "viaje en el tiempo". Pese al decimonónico tono general del vestuario, aparecen pequeños guiños que los colocan en la realidad, como las deportivas que apresura a ponerse Kerzan en la primera escena porque llegan tarde a la cita con su amado. Este juego nos sirve para acercar la historia hasta nuestros días, para hacerla más accesible. El autor hace varios guiños con los auriculares, los móviles a modo de diario,  o la tablet como libro, para colocarnos en un espacio atemporal en el que todo es posible. Y entre todo este minucioso y medido caos de épocas, sólo la iluminación de Pilar Velasco hace que diferenciemos en cada momento las distintas intensidades y cambios de atmósfera.






Ramón Paso y su compañía PasoAzorín vuelven a sorprendernos por la frescura de sus montajes, por el compromiso con una comedia de calidad, por el respeto al clásico, pero manteniendo la esencia propia de la compañía. Se puede ser fiel a los clásicos y ser transgresor, con mujeres que se sobreponen a sus problemas y luchan juntas por sus objetivos. Se puede cambiar un clásico pero que siga teniendo la misma contundencia y empaque que la original. En fin, que se pueden hacer las cosas bien siempre que se tengan las ideas tan claras como ellos. Otro ejemplo de comedia pura, clásica y moderna, ácida y picante, gamberra y seria, todo puede pasar en el Universo Paso, no lo duden.

Es una gran alegría que ya hayan confirmado que la obra se prorroga al menos durante todo el mes de Septiembre, tras su exitoso mes de Agosto, con lo difícil que es eso. Esperemos que la obra dure aún más y que mucha gente pueda disfrutarla.

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La importancia de llamarse Ernesto
Teatro: Teatro Lara
Dirección: Corredera baja de San Pablo 15
Fechas: De Martes a Viernes a las 20:00. Sábados 19:00 y 21:00. Domingos a las 19:00.
Entradas: Desde 7€ en teatrolara, ticketea, entradas.com. Del 8 de Agosto al 30 de Septiembre.

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