Teatro: 10% Tristeza. Sala Cuarta Pared.

Felicidad y tristeza, esos dos polos opuestos sobre los que gira nuestra vida. Por alguna extraña razón somos muy proclives a la hora de anclarnos en la tristeza, mientras entendemos la felicidad como algo efímero, que nunca nos paramos a degustar. Una dualidad que nos marca, que nos hace seguir para adelante, huyendo de la tristeza y en una continua búsqueda de la añorada felicidad.




Siempre resulta difícil hacer una reseña sin "destripar" la obra, pero quizás esta vez sea un poco más difícil, lo entenderéis al acabar de leer lo que sentimos al ir a verla.

¿Por qué nos cuesta tanto recordar momentos felices y sin embargo vienen a nuestra memoria recuerdos tristes con suma facilidad?


Quizás la respuesta sea que creemos que nos merecemos la felicidad por que sí, por el mero hecho de ser humanos. Pero al igual que todo lo que merece la pena en la vida requiere un esfuerzo, conseguir momentos de felicidad también requiere de dicho esfuerzo, pero también ser capaces de disfrutarlo y lo que es más importante de reconocernos, de saber disfrutar esos pequeños momentos, estos estados de felicidad, para poder sacarles el mayor partido, ya que también habrá en nuestras vidas mucho momentos de tristeza, de los que, no se sabe muy bien por qué motivo, nos cuesta más deshacernos. 


La compañía La Intemerata (creada en 2011 por Rakel Camacho, Rebeca Matellán y Mariano Pro) ha sido la encargada de crear este interesante y muy particular espectáculo que nace de la creación colectiva de la propia directora Rakel Camacho, con Mireia Vila y los actores de la obra. Para esta singular compañía este proceso no es nuevo, ya en su web lo explican de esta manera: "Nuestros procesos de trabajo comienzan en laboratorios de experimentación y creación en los que generamos materiales escénicos, partiendo de una idea principal que fomente la reflexión y estimule todos los sentidos". Y eso mismo es lo que consiguen con esta obra, un viaje sensorial en el que todo puede pasar. El montaje surgió en el año 2017 en el Espacio Teatro Contemporáneo de la Sala Cuarta Pared, donde se estrenó el pasado año con gran éxito y al que vuelve para cerrar el círculo. En este "viaje a lo desconocido" nos encontraremos a una fallera, una "flor" que baila, un astronauta y un "drag-on", que nos invitan a reflexionar sobre la vida, la pasión, los recuerdos...






De entrada, el escenario en el que se desarrolla la historia ha sido modificado totalmente, de hecho al entrar en la sala da la sensación que más que en el teatro estamos en un desfile de moda, con su enorme pasarela de confeti y todo; eso si, con unas modelos cuanto menos originales... La obra, aún sin comenzar, ya se nos muestra como algo diferente, como un montaje que se aleja mucho de lo que estamos acostumbrados a ver.

Esta singular escenografía ha sido diseñada por Mireia Vila Soriano (encargada también del atrezzo y el vestuario) y desde el primer momento nos deja en alerta, sin saber muy bien a que atenernos. El escenario se completa con un par de ventiladores, unas bandejas de langostinos... no es para sorprenderse con semejante inmersión en este espacio?



Los personajes que antes hemos mencionado nos hacen partícipes de sus recuerdos, de sus miedos, de sus momentos felices, de las situaciones y lugares de las que son "vírgenes" (impagable la mención a IKEA), en definitiva de sus vidas. Cada uno nos cuenta su historia, para que poco a poco vayamos conociendo a esta singular troupe, con la que hemos emprendido este viaje que nos llevará de la tristeza a la felicidad por varios caminos.

El texto que emerge de esta creación colectiva es de gran originalidad, aderezado con las dosis justas de humor, que da como resultado una obra compacta, que si algo no nos deja es indiferentes. La propia Rakel Camacho ha sido la encargada de ensamblar todas las piezas desde una dirección honesta, en la que priman los sentimientos por encima de la estructura formal de la obra. La mano de Camacho se deja ver en la excelente interacción de los actores, que dotan a la obra de una frescura y ritmo frenético.


En este devenir por sus recuerdos, vemos que la felicidad no es el destino, sino más bien el propio viaje. Nuestra vida está llena de momentos felices, pero debemos ser capaces de reconocerlos. Incluso el recuerdo de dichos momentos nos hace revivir dicha felicidad (como disfrutó Antonio recordando su desfile de moros y cristianos).

Si nos regodeamos en la tristeza, hagámoslo también la felicidad. No pasa nada por estar tristes, siempre que estemos predispuestos para darle una vuelta de tuerca a la situación. Una interesante idea a la que deberíamos invocar siempre que estemos pasando por un momento difícil.

Lo importante en la vida es vivirla con intensidad, no como si cada momento fuera el último, sino como si fuera el primero. El camino a la felicidad en ningún caso puede surgir en nuestra cabeza, en el racionalismo no hay sitio para ella. En esencia somos instinto, deseo, pasión. Sólo a través de la intuición y de la primera sensación estaremos más cerca de alcanzarla.


Es imposible no sentirse identificado con alguno de los lugares o alguna de las situaciones que nos cuentan los protagonistas. Citas o menciones de personajes muy conocidos e incluso admirados, que hacen que esbocemos una sonrisa o incluso asome alguna lágrima. De hecho, según estoy escribiendo me vuelve a emocionar el recuerdo de "Los muertos de mi felicidad" del maestro Silvio Rodríguez.

En definitiva, el conjunto resulta un viaje por las situaciones, las vivencias, los personajes, sus experiencias vitales, así como muchos de los lugares comunes que nos unen como seres humanos. La obra es un cóctel de emociones, de pasión, de melancolía, de deseo, de risas, de miedos, en definitiva de vida. Un bello canto al surrealismo que nos lleva a nuestros lugares más íntimos


El elenco lo componen Antonio Sansano, Carlos Troya (al que podemos ver los Domingos en "Cama" en los Teatros del Canal), Teresa Rivera y Julia Monje, que se dejan la piel en todo momento para mantener el nivel de exigencia de un montaje tan físico y emocional. Resulta llamativo como interpretando personajes tan heterogéneos han conseguido un resultado tan redondo, con una enorme complicidad entre todos ellos. Por ello no se puede resaltar a nadie sobre el resto, porque se va saltando de uno a otro de tal modo que no se entendería el papel de ninguno sin la participación de los demás. Excepcional trabajo de elenco, en el que todos aportan su parte para crear un todo indivisible.




Como decía anteriormente, la obra es compacta, tanto por la rotundidad del texto como por las diferentes manifestaciones que la hacen posible, la palabra, la música, las canciones, el lenguaje de signos, el movimiento, la danza, la performance, incluso el silencio...

Que más podría deciros... sería imperdonable perdérsela e imprescindible dejarse llevar cada uno pos sus instintos (sean los que sean). El elenco no sólo nos invita, sino que consigue que deseemos ser parte del espectáculo, ya sea bailando, cantando, gritando, saltando.... Una locura, pero bendita locura.


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10% Tristeza
Teatro: Sala Cuarta Pared
Dirección: Calle Ercilla 17
Fechas: Jueves a Sábado a las 21:00.
Entradas: Desde 14€ en cuartapared, entradas.com. Del 5 al 21 de Septiembre.

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