Teatro: Mercaderes de Babel. Teatro Abadía

El amor, los celos, la religión, el poder, un cóctel explosivo que ha sido la base de la mayoría de obras maestras, tanto de la literatura como en el teatro. Esta visión actualizada del clásico de Shakespeare sigue igual de vigente en nuestros días, donde la religión parece seguir nublando la vista de los hombres y el poder convertirlos en seres despiadados. Los odios entre los seres humanos, la ambición y el poder, parecen lacras de las que el ser humano no puede desprenderse tan fácilmente.




Estamos ante una versión muy particular de "El mercader de Venecia" de William Shakespeare. Diferente en su apariencia formal, en la que nos encontramos un montaje absolutamente actual, sin rastro de la época a la que hace referencia el texto. Y también es novedoso el texto, centrado en el juicio entre los dos protagonistas pero haciendo hincapié en temas de actualidad, que nos tocan muy de cerca. Se podría decir que el texto original ha servido de inspiración, de boceto inicial, de croquis sobre el que cimentar una historia que gira en torno a la amistad, la fidelidad, el amor o el poder, vistos todos estos temas como auténticos estigmas del propio ser humano



Esta versión libre del genuino José Padilla, ha sido una creación colectiva de La Compañía de Babel que nos pone de plena actualidad el clásico, tanto por su estética como por el desarrollo de la trama, pero sobre todo por la palpable evidencia de que la mayor parte de los temas que en él se tratan siguen de rabiosa actualidad. El texto de Shakespeare es poco más que un pretexto para sacar a relucir temas universales como el amor, la fidelidad, la amistad, la religión o el poder. Dentro de las inquietudes de la compañía en abordar la realidad que les toca vivir, utilizan este texto para poner en valor todo aquello que sigue caracterizando a la humanidad, por muchos siglos que pasen.

Padilla se ha convertido, por méritos propios, en uno de los autores de mayor éxito de su generación. Pese a su juventud, tiene ya a sus espaldas éxitos como "Perra vida", "Haz clic aquí", "Dados", "La isla púrpura" o si trilogía (aún por terminar) sobre el héroe Peter Sanchidrán que pudimos ver en El Pavón Teatro Kamikaze. No es la primera vez que este autor se atreve con un clásico, ya que ha escrito versiones de "La importancia de llamarse Ernesto", "Medida por medida" o "Trabajos de amor perdidos". El autor y director tinerfeño nos habla así de esta nueva aventura en la que se ha embarcado como autor: "Más allá de la caridad y el interés, se mantiene irresoluble el enigma del verdadero amor; su ausencia, más allá de la confusión que provoca, nos muestra cuánto lo necesitamos, y nos lleva a intuir porqué esta pieza, a pesar de sus sombríos tintes trágicos, siempre ha sido considerada una comedia, de leyes y legados, malentendidos y malintencionados, donde gobierna bajo el fuego de las apariencias, en su férreo patriarcado, un único dios: el dinero".


La dirección corre a cargo de Carlos Aladro (con Javier L. Patiño y Pablo Rosal como ayudantes y Julia Fernández como asistente), que hace un trabajo impecable, tanto en la dirección de actores como en el desarrollo del montaje. Como hemos dicho anteriormente, la puesta en escena resulta de lo más actual, con luces de discoteca, proyecciones o vestuario, todo para intentar que el contexto salga de su estado natural para convertirse en una obra atemporal, en la que se mezclan cosas del texto original con otras muy actuales. Una dirección que se basa en el buen hacer de los actores, espléndidos todos ellos, marcados por una magistral dirección que hace de cada uno un interesante personaje con muchas pieles y todos marcados por sus miedos y sus sueños, que se van mostrando a lo largo de la obra. 



La representación se nos muestra como algo diferente desde antes incluso de comenzar. Los personajes/actores deambulan por escena, sin que sepamos muy bien que es lo que está pasando. Ante la atónita mirada del público la obra empieza con un interesante prólogo que nos narra lo que vamos a ver (un Shakespeare) y el contexto en el que se desarrolla la obra. Dentro de su singularidad cabe destacar la ruptura absoluta con el texto original, para dar forma a un proyecto diferente, cargado de actualidad, pero que mantiene la esencia de una de las historia que ha permanecido vigente desde el día mismo de su estreno. Tomando como punto de partida (y eje principal de la obra) el juicio que en el texto original aparece en el cuarto acto, la historia va desmenuzando las vidas de sus protagonistas, lo que les ha llevado a estar ante el juez, en una interesante secuencia de saltos en el tiempo en la que vamos conociendo de manera paralela su pasado y su futuro.


Dos ciudades, Venecia y Babel, serán los lugares a los que se traslada esta fabulosa propuesta, que indaga en los valores humanos. Una ciudad como capital del comercio, la otra de la confusión. Estamos ante una historia de amor incondicional que puede superar cualquier escollo (Porcia y Bassanio), sobre amistad inquebrantable (Antonio y Bassanio), pero también de odios irracionales, como el que tiene Antonio hacia los judíos y Shylock hacia los cristianos, y de la ceguera que produce en los seres humanos el ansia de poder. Como telón de fondo está el juicio que mantienen ambos y que da pie a plantearnos si son justas las leyes que sustentan nuestro mundo, si la justicia debe aplicarse al pie de la letra o debería ser siempre interpretable. Este juicio es en realidad un análisis de nosotros mismos, una crítica al mercado global, en el que cualquier estrategia vale para conseguir los objetivos, quedando en todo momento en el aire dudas razonables sobre lo legal y lo legítimo, sobre la ética y la moral, sobre el precio del propio ser humano. Para el director la función es "el resultado de un proceso de investigación y trabajo común, y además de emplear teatralmente el juicio, resulta una múltiple confrontación: entre las culturas británica y española, entre la manera de abordar los clásicos en los dos países, entre dos épocas y dos autores. Y entre dos idiomas, ya que Greg Hicks interpreta su parte en inglés".


Esta maravillosa obra se sustenta en un elenco fabuloso, en el que destacan sus dos principales protagonistas, Greg Hicks en el papel de Shylock, y Javier Lara en el de Antonio. El elenco lo completan Natalia Huarte (Porcia), Ramón Pujol (Bassanio), Alba Enríquez (Nerisa y Jessica) y Juan Blanco (Graciano y Lorenzo), que se desdoblan constantemente en los personajes de la historia y los del juicio. Un trabajo de elenco perfectamente ejecutado, en el que todos brillan en la justa manera que marca su personaje en cada escena. Un grupo de actores que saben en todo momento a qué atenerse, tanto cuando se dirigen al público como cuando interactúan con sus compañeros. Sin lugar a dudas el peso de la obra recae sobre Greg Hicks (vinculado durante años a la Royal Shakespeare Company y que ya había interpretado "El mercader de Venecia") y Javier Lara ("Sueños y visiones de Rodrigo Rato", "La Ternura", "Scratch") en un auténtico tour de force de dos actores descomunales, tanto en lo físico como en lo vocal.

El shylock que nos presenta Greg Hicks es una auténtica maravilla, un personaje cargado de dolor, de angustia y rabia, que se siente solo y atacado por todos los que le rodean. El personaje sólo llevar hasta las últimas consecuencias el acuerdo al que ha llegado, que se cumpla la ley de manera estricta, sin escuchar si quiera una posible alternativa. Un personaje arrollador y arrebatador, por su presencia, su elegancia y su fuerza. Todo esto es lo que transmite Hicks desde que aparece en escena. Su sola presencia llena la escena, y con cada movimiento, con cada palabra, hace subir exponencialmente el valor de la historia. Con los gestos bien marcados, pero sin llegar a la exageración, marca cada una de sus frases con una elegancia y firmeza que nos abruma.



Enfrente, ciñéndonos al texto, se encuentra al gran Javier Lara interpretando a un apesadumbrado y deprimido Antonio, conocedor del destino que le espera. El personaje que nos presenta es rudo, engreído, pero a la vez leal y con un gran corazón, como demuestra en su relación con Bassanio. Un personaje muy creíble por su cercanía, por su dualidad, por sus continuas contradicciones, lo que le hacen mucho más humano. Pero como todo ser humano tiene su lado oscuro, y en este caso es su odio acérrimo  hacia los judíos. Lara consigue plantar cara al gran Hicks, en un duelo interpretativo memorable. Las miles de capas que tiene Antonio las transita el actor con suma precisión, dejando ver cada una de ellas con la entereza de saber que con la siguiente descolocará aún más. Una interpretación brillante de uno de nuestros actores más en forma en estos momentos.

El resto del elenco sabe disociar sus distintos papeles para resultar convincentes en todo momento. Natalia Huarte es una dulce y tierna Porcia, que sabe asumir sus responsabilidades en todo momento, bailando entre la ternura y la astucia. Ramón Pujol nos muestra a un Bassanio enamorado, impulsivo, que sólo piensa en conseguir el amor de Porcia y ayudar a su amigo Antonio. Alba Enríquez es una alocada Nerisa por momentos, mientras nos sorprende con su firmeza como jueza. Por último Juan Blanco es un impetuoso Graciano a la vez que un sereno narrador del juicio.



El montaje en su parte técnica es, sin lugar a dudas, uno de los mayores atractivos de esta propuesta, tanto por su estética colorista como por los recursos que se utilizan. La iluminación diseñada por Pablo R. Seoane (Cía. de la luz) es parte esencial de la historia, dando distintas texturas a cada parte de la historia, con tonalidades muy fuertes, que potencian el cambio para ambientar cada lugar e incluso el "estado de ánimo" de la escena. El espacio escénico que nos propone Paula Castellano (AAPEE), que se encarga también del vestuario, es casi un lugar vacío, rodeado a ambos lados por finas cortinas blancas, que se va transformando en los distintos escenarios de la obra. La escenografía se completa con el micro que preside la sala, una mesa con un par de sillas (con algunos elementos encima) y una hamaca que hace las veces de silla del juicio. No podemos dejar pasar el cuidado espacio sonoro creado por Manu Solís, que se acompañan de los audiovisuales de Marta Valverde, para dar un tono aún más atemporal a la obra, que bascula entre la actualidad, el futuro...sin dejar de mirar el pasado reciente.



Estamos ante una obra singular, por su frescura, su originalidad y profundidad. Una versión muy libre, en la que se nos plantean realidades que siguen presentes en nuestros días basándose en un texto de hace varios siglos, dejando muy claro que hay cosas que nos innatas en la raza humana. El propio José Padilla dice que la obra "nos permite contar los distintos puntos de vista casi como un thriller y presentar distintas capas; juicio sobre juicio, lo que se hace es juzgar al tiempo la función, juzgarnos a nosotros mismos... Siempre guiados por Shakespeare, que es quien ha ganado, y muchas de cuyas palabras están en el texto". Pues después de estas palabras sólo nos queda recomendaros encarecidamente que veáis la obra, para que podamos juzgarnos a nosotros mismos y no seguir cometiendo los mismos errores siempre.

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Mercaderes de Babel
Teatro: Teatros Abadía
Dirección: Calle de Fernández de los Ríos 42
Fechas: De Martes a Sábados a las 20:30. Domingo a las 19:30.
Entradas: Desde 10€ en TeatroAbadia. Del 3 al 27 de Octubre. Habrá encuentro con el público el 16 de Octubre al finalizar la función, moderado por David García, actor y bloguero de "Desde el patio".




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