Yo, Mussolini. Sala Mirador


Benito Mussolini "il duce" ha vuelto. Ha vuelto y lo ha hecho casi 75 años después y en un entorno que el mismo ha buscado, en Lavapiés el paraíso de los progres rodeado de chinos, pakistaníes, moros. Podría haber reaparecido en el mismísimo Teatro Real pero como bien dice no tiene miedo a hablar con nadie, sino al contrario le motiva "desmontar" los mantras de los socialdemócratas.

Como decía ha vuelto para desenmascarar a los verdaderos fachas, los mismos que le alzaron a lo más alto para luego dejarlo caer, los banqueros.



       Cuando pregunta por los personajes de nuestra éopca con los que debatir le dicen que con Gretta Thunberg (el piensa en Rosa Luxemburgo) o con las feministas, al fin y al cabo hay mujeres fascistas, algunas incluso mas fascistas que él. Durante el primer tercio de la obra nos cuenta lo feliz que está por el auge de su ideología. Con gran frescura nos va explicando las causas que motivan que sus ideas (ideas que creíamos remotas) vuelvan a estar con nosotros.


       Da un análisis muy acertado de los motivos por los que la progresía socialdemócrata no ha sabido cautivar a las generaciones más jovenes. Nadie escapa de dichas críticas, ni siquiera las juventudes fascistas, pijos de Pozuelo que juegan al golf.

       Pero pese a todo está feliz, con Bolsonaro, Salvini, Abascal, Ortega-Smith, con el auge de la ultraderecha en Austria, en Francia, con que hayan echado al indio en Bolivia.
         
       El que acude a la sala Mirador va  presenciar un mitin al más puro estilo de los mitines fascistas de los años 30 y 40. Con un escenario compuesto por un atril desde donde se dirige a sus correligionarios con toda la parafernalia propia (banderas, simbolos, retratos......).     
  


      Aunque somos recibidos con la música de la película Blancanieves, rápidamente nos vemos arrastrados en medio de la vorágine propia de estos mitines - espectáculos.
         
      En el segundo tercio de la obra aparece Leo Bassi en estado puro, con todo el repertorio de excentricidades e irreverencias a que nos tiene acostumbrados. Un Leo divertido, provocador, histriónico, irónico, sorprendente, que llega a la conclusión de que la solución a todos los problemas pasan por volver a construir el Imperio Romano. Pero todo eso no nos impide ver todo lo que hay detrás de el peligroso auge del fascismo en el mundo en general y en Europa en particular.


         
     En el último tercio de la obra aparece Il Duce más intimista, más sensible. Desmontando la imagen de duro y sanguinario, cuenta como le molestaba que le llamaran payaso, bufón. Explica lo frágil e inseguro que era, su amistad con Walt Disney, como le permitió usar la imagen de Micky Mouse para dar nombre al principal modelo de coche italiano Il Topolino. Como llegó incluso  a ser hombre del año en la revista Time.
         
     Acompañado de imágenes de la época nos cuenta con enorme tristeza como le mataron a él y a su amante sin un juicio.
         
    
 
       La figura de Mussolini aparte de la relevancia histórica que tuvo, tiene también gran importancia en la vida de Leo Bassi, que nació en Nueva York en 1952. Hijo de una familia de artistas circenses italianos que huyeron del fascismo en los años treinta.

    En una reciente entrevista explica Leo Bassi de donde procede su interés  por la figura de Mussolini y no es otro que "el intento por entender las razones del auge actual de la ultraderecha y, tras documentarse, se encuentra con un personaje muy humilde, con muy poca educación y que consiguió llegar hasta lo más alto del estado italiano".




   "A Mussolini le ayudaron los banqueros y la industria, los mismos que ahora siguen controlando el planeta. Los mismos que alimentan el fascismo se esconden y reniegan de él, y yo esto no lo sabía y empecé a tomarle cariño". Leo define a Mussolini como "un paleto que se rodea de artistas, que le ayudan a crear la estética del fascismo y, a diferencia de Franco, le da igual la iglesia católica, aunque firma acuerdos con ella".




      Explica las razones del auge de la ultraderecha que apela a los sentimientos más profundos del ser humano (la patria, la bandera, la raza...). Mientras la socialdemocracia sigue instalada en el "buenismo", en una especie de élite intelectual.
        
     Ya en la presentación de la obra avisa: "...el fascismo fue concebido por el Poder como medio de manipulación de la opinión pública utilizando el miedo como arma. Desde los uniformes militares, el insulto como lenguaje, la glorificación de la ignorancia o la amenaza de la violencia física, nada es fruto del azar: Hay una estrategia atrás creada para asustar y, así, dominar”.
    


 Leo Bassi hace pleno al ser el responsable de la dramaturgia, de la dirección y de la interpretación de Mussolini. Como decía anteriormente que el humor, la provocación, toda la parafernalia que hay detrás no nos impidan el enorme trabajo de lectura y documentación sobre el personaje. Propone con este espectáculo superar los tabúes políticos y mostrar la fragilidad del pensamiento fascista, las contradicciones en que se mueven. Y como irónicamente se indica en la obra "Si vuelve el fascismo hay que dejarlo en manos de verdaderos profesionales…"



Una obra fundamental e imprescindible para conociendo el pasado, entender mejor el presente. El gran Leo Bassi volverá de dejarnos las cosas bien claras, sin pelos en la lengua y con toda la desfachatez, tan necesaria, que le caracteriza. Debido al enorme éxito se ha prorrogado hasta enero de 2020.
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Yo, Mussolini
Teatro: Sala Mirador
Dirección: Calle Doctor Fourquet 31
Fechas: Viernes a las 22:30. 23, 28, 29 y de Noviembre a las 20:00. 24/11 y 1/12 a las 19:30
Entradas: Desde 14€ en lamirador. Del 24 de Noviembre al 24 de Enero.

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