Teatro: La Zanja. Teatro del Barrio

La Historia nos muestra lo salvajes que fuimos en épocas anteriores, como arrasamos allí por donde pasábamos sin dejar que los oriundos del lugar disfrutasen de sus tesoros. Pero lejos de aprender de nuestros errores, parece que la humanidad repite sistemáticamente sus errores, ya sea en la búsqueda de oro o de cualquier producto que creamos necesario. El choque frontal entre dos maneras de ver el mundo y la vida, que siempre acaba de la misma manera, con el dolor de unos y los bolsillos llenos de los saqueadores. Cuesta pensar que no hemos aprendido nada, que seguimos sin respetar a los pueblos y sus territorios, aunque parece que la avaricia sigue marcando el rumbo de los que nos consideramos países evolucionados, mientras los más humildes siguen hincando la pierna ante nuestra arrasadora presencia.




La guerra del "hombre blanco" por conquistar y pasar a cuchillo todo lo que encuentra a su paso es algo que se viene repitiendo desde tiempos inmemoriales, pero lejos de aprender de los errores y de las malas prácticas, bajo la bandera del capitalismo siguen saqueando como los primeros colonos que llegaron al nuevo mundo (se podría extrapolar a África o Asia, en todos sitios han sido prácticas muy parecidas), sin importarles tradiciones o modos de vida de los oriundos. El dinero está por encima de todo, lo estaba en la época de la conquista de América y continúa hoy en día, lo que ahora llaman "por el bien del progreso" y antes simplemente se consideraban "actos de evangelización" de un mundo supuestamente salvaje.


"La zanja" es el descarnado encuentro entre dos mundos, hace un perfecto paralelismo entre dos etapas históricas muy diferentes en lo temporal, pero que siguen arrastrando las mismas penurias. Una obra de primorosa factura, en la que todo es visualmente muy potente, a la vez que somos testigos de lo que puede ser capaz de hacer el "poderoso caballero don dinero", el cual no tiene ningún escrúpulo ni moral para conseguir sus objetivos. Un montaje que nos traslada bruscamente en momentos determinados de la historia, para luego alejarnos del mundanal ruido y escuchar los temores de los distintos personajes, las esperanzas y las dudas sobre todo lo que está ocurriendo.


Tras el éxito cosechado el Festival de Otoño, la compañía Titziana regresa al Teatro del Barrio con su último montaje, con el que celebran sus diecinueve años de trayectoria como compañía. Sus dos integrantes, Diego Lorca y Pako Merino, son los autores, directores y actores de esta portentosa pieza que nos muestra la brutalidad con la que las grandes empresas arrasan allá por donde pasan. Tras éxitos notables como "Distancia siete minutos" (con la que ya estuvieron en el Teatro del Barrio), "Folie a Deux (sueños de psiquiátrico)" (que ha sido adaptada al cine), "Exitus" o "Entrañas", esta singular pareja de creadores aborda de forma excelsa un tema que, por lo visto en la obra, lejos de parecer agotado sigue azotando el mundo.


La compañía se caracteriza por el arduo trabajo de investigación que realizan antes de comenzar cada montaje. El propio Pako Merino comenta que "tardamos años en preparar nuestras piezas". Todos sus montajes conllevan un trabajo casi antropológico, en el que a base de entrevistas, convivencias y mucho estudio, consiguen llegar al interior de los personajes y las historias que quieren contar. "Esta vez hemos estado en Perú, donde hemos conseguido hablar con las altas esferas de una gran empresa minera canadiense, hemos visitado las impresionantes minas a cielo abierto a 4.200 metros de altura, nos hemos mezclado con las gentes de pueblos casi fantasmas absolutamente dependientes de la minería, por lo tanto, del valor con el que fluctúan los minerales... ¡Nadie lo diría!". Un estudio que que se refleja en cada uno de sus montajes, marcados por la sinceridad y la sinceridad, contando las historias sin artificios, casi a modo de documento histórico. Una pátina de realismo que entremezclan con escenas que rozan el surrealismo, a modo de ensoñaciones o alucinaciones, que consigue un resultado efectista y muy contundente.


La historia que en esta obra se nos cuenta, nos sitúa en una pequeña localidad rural a la que llega Miguel, un técnico de una multinacional minera. En esa localidad se las verá con Alfredo, el alcalde, que hará lo imposible para explicarle que en esas tierras no quieren que se "desembarque" la empresa que viene a destrozar sus bosques. La ambición por el oro que posee esa tierra hará que el conflicto llegue a cotas que ninguno de los dos protagonistas deseaban, dejando a las claras la ceguera que provoca en el ser humano el preciado elemento. La historia nos muestra los paralelismos con otra época, allá por el 1.532, cuando en ese mismo lugar se encontraron Pizarro y Atahualpa, con consecuencias muy parecidas a las de la actualidad. Este choque entre dos mundos diametralmente opuestos nos golpea con conflictos universales que en mayor o menor medida nos golpean a todos. Problemas que golpean de lleno de lleno en el epicentro del llamado "progreso" y nos pone de frente ante dos maneras muy diferentes (por no decir opuestas) de ver el mundo.


Toda esta historia, de idas y venidas temporales, no sería posible sin la maravillosa interpretación de Diego Lorca y Pako Merino, ambos interpretando a varios personajes de muy distinto registro. La complicidad entre ambos hace que todo encaje a la perfección. Dos actuaciones sin fisuras y con miles de matices, interpretando personajes en tono cómico (divertidísimos la pareja de primos) con otros desgarradoramente dramáticos. La facilidad con la que transitan los personajes es realmente asombrosa, cambiando en cuestión de segundos, sin que en ningún momento se note en el devenir de la historia. La pareja funciona de maravilla y en los diversos papeles que interpreta cada uno de ellos han sabido darle el contrapunto perfecto en su pareja, para que cada una de las escenas esté perfectamente estructurada y compensada.


Pako Merino, más mesurado, va metiéndose en un torbellino de dudas e ideas contradictorias en su papel de técnico de la multinacional. Llega convencido de su propósito, pero las dudas y la distancia con su familia lo van adentrando en un pozo del que le será difícil salir ileso. En su papel más cómico se desmelena para crear un personaje maravilloso desde la fragilidad de su inocencia. Su tránsito de la mesura al desenfreno es fabulosa, marcando infinidad de pequeños matices y luchas interiores en cada uno de ellos.

Por su parte Diego Lorca da vida al alcalde de la localidad, un defensor a ultranza de su pueblo, de sus tradiciones y de su hábitat. Mucho más visceral en sus interpretaciones (los personajes lo demandan), sufre y lucha ante la adversidad, con situaciones que nos dejan helados. En su dualidad con Merino, él es la energía desbordada frente a la mesura de los personajes invasores. El actor sube aún un peldaño más en su "efusividad interpretativa" al meterse en el papel de uno de los primos, con escena cómicas realmente sublimes. Los personajes que interpreta Diego Lorca son luchadores, con sus ideales bien claros, pero a la vez son impulsivos y por ello sufren mucho más las consecuencias de todo lo que ocurre a lo largo de la historia. La actuación de Lorca es simplemente magistral en todo momento, desbordando energía en cada escena.


Otro de los puntos fuertes de esta obra es, sin ninguna duda, la singular escenografía diseñada por la propia compañía Titziana y construida por Nuria Espinach y Escenografías Castells. Un bello telón de fondo preside un peculiar espacio lleno de alfombras que van creando los distintos espacios donde transcurre la historia. Ingeniosa y diferente, la idea parte de un espacio casi vacío que se va moldeando según las circunstancias. No podemos dejar de hablar del envolvente sonido y la composición musical diseñadas por Jonatan Bernabeu, que nos transportan a lo largo de la obra por diferentes lugares. También resulta fundamental la iluminación de Albert Anglada y Diego Lorca, para dar a cada escena la tonalidad necesarias. Por último, el vestuario de Nuria Espinach es sencillo y neutro, algo muy necesario para unos actores que entran y salen de muchos personajes.


Estamos, sin duda, ante una pieza descomunal. Un montaje visualmente sorprendente, con un ritmo que nos atrapa desde el principio, y con dos actores que nos deleitan con unas actuaciones prodigiosas. En estos tiempos de tanta incertidumbre, montajes tan singulares pueden pasar desapercibidos, lo cual sería una desgracia. Lo que cuenta y sobre todo la manera en que se plasma en escena, es bello y doloroso a la vez, nos avergüenza (por los hechos que vemos) y a la vez nos hipnotiza (por la precisión del montaje). Una pieza que nos reconforta y nos encabrona, pero que sobre todo nos hace salir asombrados por lo que acabamos de disfrutar. No esperen y compren las entradas, no se arrepentirán. Disfrutemos del Teatro. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatro del Barrio
Dirección: Calle Zurita 20.
Fechas: Del 18 de Septiembre al 4 de Octubre. De Miércoles a Sábado 20:00. Domingos 20:30.
Entradas: Desde 17€ en teatrodelbarrio.

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