Teatro: La función que sale mal. Teatro Rialto

Poco de lo que vayamos a decir de esta obra superará los elogios recibidos la temporada, en la que fue uno de los éxitos más rotundos. Una comedia soberbia, con todos los mimbres para que todo encaje, para que el público no deje de reír, en una continua montaña rusa de giros y locuras varias que llevan a la obra por derroteros de lo más absurdos y a la vez geniales. Una obra redonda, una comedia con mayúsculas, un montaje necesario en estos tiempos de incertidumbre, en los que necesitamos divertirnos, disfrutar y evadirnos de la realidad.


Estamos ante un fenómeno teatral a nivel mundial, que traspasa fronteras y triunfa allí donde se estrena. El pasado año llegaba a Madrid de la mano del Teatro Latina y estuvo toda la temporada llenando con un éxito de crítica y público sin precedentes. Ahora, con la re-apertura de la temporada regresa, esta vez al Teatro Rialto, para seguir haciendo las delicias de todos los espectadores que se acerquen a verla. Porque estamos ante un espectáculo increíble, por su desternillante parte cómica y por el montaje en si, cuadrado al detalle para que todo parezca que falla de una manera precisa y medida. Una brillante e ingeniosa comedia que hace del caos su modus operandi, para sorprendernos una y otra vez en torno al caótico estreno de una obra amateur.


SOM Produce, NEARCO, Cobre PRoducciones y Olympia Metropolitana han sido los responsables de traer a las tablas madrileñas esta obra que lleva años cautivando a espectadores de todo el mundo (se habla de más de ocho millones de personas). Estrenada en el West End londinense hace ocho años, ha sido estrenada en treinta países, incluyendo el éxito absoluto en el Broadway neoyorquino. Tras acaparar todos los premios habidos y por haber, sigue cosechando risas y aplausos por doquier, triunfando allá donde se estrena, y agotando entradas cada noche. Una apuesta segura para volver a disfrutar del teatro en estos tiempos oscuros, en los que tanto necesitamos reírnos.



Escrita por Henry Lewis, Jonathan Sayer y Henry Shields, esta trepidante y desternillante historia ha sido adaptada por Zenón Recalde. Esta versión, no hemos visto el original, es prodigiosa, cargada de ritmo y muy original, en un ejercicio de metateatro que sorprende por su originalidad y su buen hacer. El reflejo de cómo deben "sufrir" todos los que están alrededor de una obra de teatro a la hora de la función, esperando que todo salga bien, que nada salga como en esta función. La dirección de su versión original corrió a cargo de Mark Bell, mientras que la que ha llegado a nuestros escenarios corre a cargo de Sean Turner, con David Ottone como director asociado.

El trabajo de dirección es meticuloso y muy acertado, llevando a los actores a darlo todo, con personajes excéntricos y deliberadamente sobreactuados. Dentro de el caos aparente que envuelve a la obra, todo está ejecutado al milímetro, con la dificultad que todo ello entraña.



La obra es una comedia con mayúsculas, con alocadas escenas caóticas propias de los hermanos Marx, extravagancias gestuales propias del cine mudo de Harold Lloyd, Buster Keaton o el propio Chaplin, o situaciones surrealistas propias de los Monty Python. Pero por encima de todo es una obra dinámica, loca y desenfrenada, cargada de gags de lo más ingeniosos, repleta de personajes delirantes que nos dejarán con la boca abierta, en una montaña rusa de emociones delirante. Una comedia diferente, por su formato metateatral y por su "exhibicionismo" de los errores propios de una representación

La historia nos cuenta el "estreno" de una obra de misterio, de un grupo de teatro amateur. Con presentación del director incluida, desde el primer momento notamos que algo chirría. Incluso antes del comienzo "oficial" de la representación vemos a supuestos técnicos ultimando cosas en el escenario. En esta atmósfera previa ya vemos que nada puede salir bien. Los actores entran y salen de escena, discuten los técnicos, incluso piden ayuda al público para apuntalar parte del escenario. Pero esto es sólo un avance, porque en el momento en que acaba la presentación por parte del director de la supuesta compañía y comienza la representación, todo puede ir a peor...



La obra en cuestión que vamos a ver es una misteriosa historia que nos recuerda en todo momento al estilo de Agatha Christie. La historia, que pasa a un segundo plano, se basa en la resolución de un asesinato en una casa aislada de una familia adinerada, el mismo día en que el asesinado celebraba su fiesta de pedida en matrimonio a su prometida. La desastrosa compañía que la interpreta se presenta como Cornley Polytechnic Drama Society, y la obra "Murder al Haversham Manor", aunque no tardaremos en darnos cuenta (por si no nos habían dado suficientes pistas previamente) que el argumento de la obra es lo menos importante. 


La catástrofe sobrevuela la obra en todo momento. Actores que no recuerdan su texto, partes de la escenografía que se caen, puertas que no abren y obligan a los actores a entrar por el lateral, elementos de atrezzo que no se encuentran en su lugar y hacen improvisar a los actores, accidentes inesperados que hacen que algunos papeles sean interpretados por otras personas... Un caos absoluto en el que todo encaja, cada decisión errónea provoca una situación absurda, las meteduras de pata desembocan en situaciones surrealistas, los fallos técnicos hacen que cada vez todo se haga más caótico y a la vez mucho más ingenioso y divertido. Un cúmulo de situaciones absurdas que crean una obra sublime, llena de momentos memorables.

                             

Todo esto es posible gracias a un portentoso elenco que hace un despliegue absoluto tanto físico como interpretativo. Al director de esta desastrosa compañía lo interpreta Héctor Carballo, que además da vida al detective que intenta resolver el caso. El actor va perdiendo la paciencia a lo largo de la obra, según se va desmoronando todo. Su interpretación intenta ser el pilar sobre el que se sostiene la obra, pero sucumbe ante la secuencia de catástrofes que se suceden, adoptando en el segundo acto una postura mucho más desesperada ante lo que ocurre a su alrededor. Junto a él, Manuel de Andrés, en el papel del cuñado del muerto, y Alejandro Vera, en el papel del mayordomo, ven como la obra se desmorona un poco más en cada escena. Manuel de Andrés hace una soberbia interpretación del actor que intenta mantener siempre la compostura, con momentos caóticos (como el del despacho) a los que siempre intenta sobreponerse. Por su parte, Alejandro Vera es un actor desastroso, que se olvida del texto, cambia las palabras y tiene que leerlas de su mano para no olvidarlas. Una actuación llena de momentos divertidos, destacando la escena en la que no avanzan con el texto.

Fael García es el encargado de dar vida al "muerto", que va cobrando inesperado protagonismo según avanza la obra. Su prometida es interpretada por Carla Postigo (aunque tenga que ser sustituida en algunos momentos), una histriónica mujer que oculta muchas cosas. Su papel, extremo y exagerado es una delicia. Pero si hablamos de actores que exageran su interpretación, la palma se la lleva David Dávila, prodigioso en todo momento en sus personajes estrafalarios que intentan conectar en todo momento con el público. Ávila da vida al hermano del muerto y al jardinero, dos papeles que deslumbran por su gestualidad y su poderío.


                               

Los "técnicos" que participan activamente en la representación con Paula García Lara, Ricardo Saiz, Avelino Piedad (que ya desde que el público entra siembran el caos en el ambiente), Noelia Marlo y Agustín Otón (supuesto técnico de sonido de la obra). Los dos últimos formarán parte activa del desarrollo de la representación en diversos momentos. Agustín Otón, desde su puesto de técnico, interrumpe varias veces la función, debido a sus continuos despistes y comentarios al público. Más adelante tendrá que sustituir a Noelia Marlo (que ya estaba sustituyendo a Carla Postigo) en el papel de la prometida del supuesto asesinado. Por su parte Noelia Marlo aparece entre bambalinas en momentos puntuales, hasta que las circunstancias (el desmayo de la actriz principal) le hacen entrar a formar parte del elenco. Su interpretación es majestuosa, con una bis cómica tremenda, que hace ir creciendo a su personaje en cada escena. Su "duelo interpretativo" (y físico) con Carla Postigo es soberbio, cargado de momentos desternillantes en los que se contraponen a la perfección.

                                

La parte técnica deslumbra tanto como la interpretativa. La escenografía diseñada por Nigel Hook es como una gran matrioska, que se va desmontando poco a poco ante nuestros ojos, dejándonos infinidad de sorpresas por el camino. La iluminación de Ric Mountjoy, como el resto del montaje, encaja a la perfección en un continuo fallo provocado. Dicho lo cual, ayuda perfectamente a crear el ambiente adecuado en cada momento. Por lo que respecta al sonido, diseñado por Andy Johnson, es impecable y pese a todo es de lo que menos falla a lo largo de la obra. Por último hay que hablar del ingenioso vestuario creado por Roberto Surace, que nos mete desde el primer momento en la obra, incluso antes de que comience la representación.


Con todo lo dicho, sólo nos queda animarles a que vayan a ver esta prodigiosa pieza, cargada de momentos que tardaremos tiempo en olvidar. La ingeniería escénica que veremos es algo que no podremos olvidar, porque parece sorprendente poder hacer tan creíble que todo salga tan mal. Una obra que si ya triunfó el año pasado, este año parece mucho más necesaria. Porque reírnos de los desastres nos vendrá bien en estos tiempos, para olvidarnos de todo lo que nos espera fuera. No duden más, si el año pasado la dejaron pasar, hagan como nosotros y vayan esta temporada a disfrutar de esta maravilla. Saldrán reconfortados. Volvamos a los Teatros. LA CULTURA ES SEGURA


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Teatro: Teatro Rialto
Dirección: Gran Vía 54.
Fechas: A partir del 2 de Octubre. Martes a Jueves, Sábados y Domingo a las 20:00. Viernes 21:00
Entradas: Desde 14.25€ en lafuncionquesalemal.

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