La cuenta. Pequeño Teatro Gran Vía.

Tras varios intentos fallidos (nosotros conseguimos ir a uno de esos amagos de estreno), llega por fin a la cartelera una de las comedias más esperadas de la temporada. Una comedia ligera para ayudarnos a sobrellevar estos tiempos tan difíciles, para reírnos de nosotros mismos, para que veamos que hay que tomarse la vida con humor. Tres amigos que durante una cena sacarán todo tipo de temas espinosos, para dar la vuelta varias veces a su relación. Que ganas tenemos todos de que escenas como las de esta obra se puedan volver a vivir en la vida real. Mientras tanto, toca disfrutar de esta ingeniosa pieza y pasar un buen rato olvidándonos de la realidad.




Un agradable patio con piscina nos recibe en el pequeño y coqueto teatro Gran Vía. Un ambiente veraniego, de barbacoa, tan añorado en estos tiempos prohibidos. Todo surge de una cena. Una cena de amigos, de toda la vida. Una cena cara. Uno de ellos invita a los otros dos, pero al día siguiente se arrepiente y les exige su parte de la cuenta. Y ahí empieza todo…. El enredo, el conflicto, la acción.


 Tres amigos. Tres colores. Verde , naranja y azul. Tres personalidades, tres estilos. Julio, Antonio, Alejandro. Antonio, Raúl, César. Tres actores en busca de tres personajes. Tres eran tres. Y salen los temas, entre carcajada y carcajada. Y también la reflexión, que básicamente es la siguiente: ¿ Conocemos realmente a nuestros amigos de toda la vida? ¿Surge nuestra parte mas animal y mas sincera ante situaciones extremas ¿ ¿ Nos conocemos de verdad?


 Salen a colación eternos dilemas, ancestrales disquisiciones perdidas de antemano en el diálogo. La arrogancia, encantadora a veces, la felicidad, la amistad, la homosexualidad, la fidelidad, la promiscuidad, las crisis, la edad, la intolerancia, la confianza, la rebeldía, las drogas, la verdad….que de situaciones. Que de enredos nos produce en el cerebro y también en el corazón. Y entre tantos temas, se va desarrollando la trama, quizá en exceso, quizá demasiado enredada, donde el papel de la mujer que no aparece es muy manido, pero también fresca, divertida, natural, armónica.


La crisis de los 40, la amistad en varias fases, la búsqueda de la felicidad, dentro y fuera de la pareja, “el adulterio es un estado anímico“, lo que contamos y también lo que callamos, los vínculos . LA AMISTADSi seguimos siendo amigos, es porque en general evitamos decirnos la verdad“. Y aparecen los actores, que mantienen el texto y lo defienden, lo miman y lo cuidan, le dan la vuelta, juegan con él, con el espectador. Nos seducen desde sus miradas y sus silencios, sus estados y sus clichés


Antonio Hortelano, César Camino y Raúl Peña nos ofrecen frescura en tiempos de congelador. Comencemos por Antonio. He de confesar que por circunstancias de la vida siento una debilidad y simpatía por la persona, por el señor Antonio Hortelano ("La fuerza del cariño", "Dos más dos", "Las amazonas", "Nuestras mujeres"), con mayúsculas, por sus acciones que no dice, desinteresadas y bellas, que seguramente ni recuerde ya, pero que a un puñado de adolescentes les alegró la tarde en un olvidado lugar de un olvidado pueblo. Olvidados adolescentes también. Y como actor, como me recuerda a Santiago Ramos, en muchos de sus giros, de sus gestos , de su forma de hablar, de la verdad que transmite, esta vez con sonrisas. Ya en plena madurez actoral nos guía en la trama, en el enredo, en el que se mueve como pez en el agua, como en la piscina del patio de la casa. Nos da luz y calor en una tarde fría de invierno. Nos transmite ese naranja



César Camino ("Sueños de un seductor", "Burundanga", "Mi vida americana", "Cuatro corazones con freno y marcha atrás") , nuestro Woody Allen patrio , nos muestra esa comicidad innata que nos lleva a sonreír siempre, con sus gestos, sus muecas , desmanes, soliloquios , idas y venidas , y su color, un azul que nos abre el horizonte. Raúl Peña ("La Bella y la Bestia", "Al final de la carretera", "Our Town", "Tempestad") es la tierra, la pasión, la naturalidad en estado puro. El no morderse la lengua. Es el verde. Nos ofrece fuerza y energía en escena. El sustento de todo.



 Todo ello bajo la dirección de Gabriel Olivares (uno de los directores más exitosos de la actualidad, con títulos como "Burundanga", "Cádiz" o "Our Town", por decir sólo los que están ahora mismo en cartel), que consigue una comunión entre el texto, los actores y el espectador elogiable, que nos lleva a sonreír, reír y carcajear ( no estoy seguro que exista este vocablo ) a partes iguales, y también a reflexionar. El texto de Clement Michel, adaptado por el prolífico Ramón Paso ("Sueños de un seductor", "La Ramera de Babilonia", "El móvil", "Blablacoche", por nombrar las que se pueden ver ahora mismo), está cargado de ironía, frescura y algunos de los manidos tópicos de la famosa crisis de los cuarenta.



Una escenografía, vestuario e iluminación acertada, que ayuda a la acción en momentos precisos, y que realmente nos lleva a ese chalecito de la sierra en el que alguna vez todos hemos hecho algún encuentro o reencuentro con amigos, en el que nos sentimos tan identificados. La lógica a veces no cuenta, lo que nos cuentan es sobre una cuenta que cuenta un cuento que cuenta con lo que te das y no te das cuenta. Y que los caminos de la vida nos lleven al coqueto y familiar pequeño teatro Gran Vía. Dejemos que nos cuenten, y que nos inviten. Esta cuenta que la paguen ellos. El público, a disfrutar. Vengan al teatro. Vivan la cultura. Seguro y segura.


 

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Teatro: Pequeño Teatro Gran Vía
Dirección: Gran Vía 66
Fechas: Desde 24 de Febrero. Miércoles y Jueves 20:00. Viernes y Sábado 20:30. Domingo 17:00.
Entradas: Desde 21€ en gruposmedia.


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