Teatro: Atraco, paliza y muerte en Agbanäspach. Teatro María Guerrero

Acudir al teatro siempre es una experiencia vital muy poderosa, pero cuando acudes a ver un montaje de estos dos locos geniales sabes que te expones a cualquier cosa, a vivir una locura, que no sepas ni puedas intuir en ningún momento por donde te van a salir. Estamos ante unos creadores originales, contundentes, libres, que se atreven con todo y no le tienen miedo a nada. La historia pasa a un segundo plano para sumergirnos en ese mundo tan particular en el que todo nos sorprende, nos divierte, nos alucina.



Esta pieza nos habla del teatro dentro de la propia vida, de los procesos creativos, de los límites entre la realidad y la ficción, todo ello en un cóctel explosivo en el nada de lo que pasa está dentro de los límites de lo canónico. Una obra de ritmo endiablado, con personajes de lo más caricaturesco (con alguno que merecería su propio spin off) que nos hacen pasar dos horas frenéticas, en las que no paramos de disfrutar, sorprendernos y alucinar con lo que está pasando ante nuestros ojos. 


Nao Albet y Marcel Borrás ("HAMLE.T. 3", "Skaters", "Democracia") se han convertido por méritos propios en referentes del teatro más vanguardista e innovador que se realiza en estos tiempos en nuestro país. Cada nuevo montaje de esta pareja de genios locos es todo un acontecimiento. Pasaron como un torbellino por los Teatros del Canal con su portentoso montaje "Mammon" que dejó alucinado a todo el que tuvo la suerte de ir a verlo (reconozco que no sabía nada de ellos y a día de hoy sigo hablando del montaje como uno de los que más me ha impactado) y ahora hacen lo propio con su delirante historia metateatral en la que nada es lo que parece y nos vuelven locos con los continuos giros de la historia. Gamberros, ingeniosos, extravagantes, originales, diferentes, todos estos adjetivos encajan perfectamente con esta pareja que ha venido a dinamitar las bases del teatro, para reconstruirlo sobre las bases de una nueva concepción, en la que todo tiene cabida.  


Esta producción del Centro Dramático Nacionalescrita y dirigida por Albet y Borrás (con Juan Miranda y Anabel Labrador como ayudantes en las respectivas tareas de dramaturgia y dirección) , es una delirante comedia con tintes tarantinianos, surrealismo berlangiano, mezclados con toques de los hermanos Coen y mucha mala uva. Trepidante, embriagadora, fascinante, la obra no deja de sorprendernos de principio a fin, con situaciones que se repiten con cambios sorprendentes, con historias que se desdoblan para crear un collage majestuoso. Una ingeniosa y asombrosa propuesta cargada de energía, en la que no hay lugar para el desaliento y todo transcurre con una poderosa energía que nos lleva en volandas a lo largo de todo el montaje. 



Los denominados "enfants terribles" del teatro catalán nos proponen en esta ocasión un juego de realidad y ficción, una propuesta que se cuestiona los límites del teatro y su relevancia al llevarlo de lleno a la vida cotidiana. Una osadía (que no descartemos estén valorando llevar a cabo) que deja muy difuminada la línea que separa realidad y ficción, llevándolo todo con una exageración que difumina que la posibilidad sea real. Los diferentes planos en los que se divide la escena nos muestran los distintos niveles que la ficción propone. Así el proscenio representa la realidad de los protagonistas, mientras en segundo plano sucede todo aquello que ellos proponen. Existe un tercer plano en lo alto, que sirve de apoyo a los otros dos, casi como comodín para solucionar ciertos enigmas que deambulan entre los dos mundos recreados más abajo.


La historia nos presenta a dos jóvenes y talentosos dramaturgos (a los que dan vida Nao Albet y Marcel Borrás) que se encuentran ante el proyecto de sus vidas, el encargo de estrenar un espectáculo en el Centro Dramático Nacional de Boris Kaczynski. Pero como todo gran proyecto, tiene un problema. El magnate les ha puesto como condición que la obra debe tratar sobre el atraco a un banco. La obra (la que vemos nosotros) comienza con la representación de una de las ideas que los dos jóvenes tienen sobre la propuesta, pero no termina de convencerles. Tras darle muchas vueltas parece que han dado con la tecla y tienen el texto bien armado, aunque algo ven los dos que no termina de encajarles. 

Para dar ese último empujón a la obra, deciden contactar con Maria Kapravof, artista referente de un novedoso movimiento artístico llamado (re)productivismo. Le mandan el texto y cual es su sorpresa cuando la citada artista se presenta para decirles que se siente fascinada por lo que quieren contar. Pero lejos de arreglar sus problemas, la irrupción de Kapravof es el inicio de la más absoluta de las locuras, ya que les propone "representarla siguiendo sus preceptos, olvidándose del escenario del Kaczynski Theatre y llevando la función a otro terreno". Tras las (lógicas) dudas iniciales, los autores acceden a seguir a la mujer en su subversiva propuesta, desencadenando una serie de acontecimientos inexplicables en estas pocas líneas.



La interpretación de Irene Escolar ("Hermanas", "Vania", "El público") dando vida a María Kapravof es superlativa. Una actriz que no se prodiga especialmente en la comedia nos regala en esta ocasión un personaje memorable. Un personaje que desde su entrada en escena nos cautiva, por sus gestos, por lo que dice (hablando en todo momento en ruso), por su delirante forma de ser. Escolar ha sabido moldear esta creación para hacer sobresalir por encima del resto de personajes, capitaneando desde su llegada todo lo que ocurre en escena. Su personaje se ríe de todo, incluso del teatro, menospreciando todo aquello que sustenta el proceso escénico, queriendo ir un paso (o varios) más allá. La actriz muestra su polivalencia con esta rusa pasada de vueltas, mitad diva mitad desnortada, a la que consigue dotar de un carácter que engancha al público.



Junto a ella, como "fieles escuderos" nos encontramos a unos descomunales Marcel Borrás ("El rei Lear", "Les bodes de Fígaro", "Panorama des del pont") y Nao Albet ("La gaviota", "Un enemigo del pueblo", "El coratge de matar"), que desprenden en escena la misma química que les lleva a crear sus montajes. El trío que forman con Escolar (recordemos que la actriz ya participó en "Mammon") desprende buen rollo, se compenetran a la perfección y se lanzan a la piscina con todo, sabiéndose cada uno respaldado por sus dos compañeros. Las coreografías que nos regalan (María Cabeza de Vaca y Oriol Pla son los responsables) los tres a lo largo de la función son divertidas, plásticas y muy potentes. Ellos son dos piezas de un todo, cada uno aporta a la escena ese campo en el que el otro parece más limitado. Los movimientos de Nao entre ensoñaciones creando la obra es una de las escenas más brillantes de la obra. 



Junto a ellos completan el elenco un fantástico grupo de actores formado por Vito SanzEva LlorachCarlos Blanco , Francesca Piñón y Alina Furman, que dan vida a los personajes que van apareciendo a lo largo de la historia. Todos ellos encajan a la perfección este montaje lleno de pequeñas intervenciones de multitud de personalidades diversas. La vis cómica de Vito Sanz ("Algún día todo esto será tuyo", "Herederos del ocaso", "Desde aquí veo sucia la plaza") encaja a la perfección con la sobriedad de Carlos Blanco ("Somos criminais", "Unha noite na praia", "Africanízate"), la solvencia de Eva Llorach ("Taxi girl", "La familia No", "Lo que tu quieras") con la versatilidad de Francesca Piñón ("El ángel exterminador", "La omisión de la familia Coleman", "A la meta"), cerrando con el broche final que nos regala Alina Furman ("El compositor, la cantante, el cocinero y la pecadora", "Tirant lo Blanc", "La flauta mágica"). Todo desconcertante, todo impactante, todo infalible.


Por si todo lo anterior no fuese suficiente, el contexto en el que se desarrolla todo también ayuda al perfecto engranaje del espectáculo. La escenografía (de la que ya hablamos antes) diseñada por Jose Novoa (con Laura Ordás como ayudante) es un alarde, tanto técnico como visual. Un amalgama de espacios aparentemente inconexos que cohabitan con maestría y destreza. La apoteosis final, es un alarde técnico brillante, desmembrando cada una de las piezas para crear un nuevo espacio entre onírico y catártico. Todo ello se enfatiza con una poderosa iluminación, obra de CUBE.BZ (María de la Cámara y Gabriel Paré) que enfatiza en todo momento el clímax de la escena. Para completar este alarde técnico tenemos el embriagador espacio sonoro creado por Roc Mateu y el apoyo de la obra con los vídeos y subtítulos de Oslo Albet. Por último, no podemos dejar de destacar el ingenioso vestuario diseñado por Paula Ventura (con Sandra Espinosa y Rubén Martín como ayudantes), en especial en los diseños de los protagonistas. 


No han defraudado. Las expectativas estaban altas pero estos dos genios lo han vuelto a hacer. Han creado una pieza inclasificable, en la que todo tiene cabida y nada es lo que parece. Un montaje lleno de giros imposibles, de situaciones absurdas que se entremezclan con la más pura cotidianidad, de personajes caricaturescos  que cohabitan con otros de lo más mundano. Porque en las obras de estos chicos todo el posible, nada está de más y todo engrandece el resultado final. Tras agotar entradas, esperemos que vuelvan pronto, con este u otro montaje. Será un soplo de aire fresco que todos agradeceremos en estos tiempos difíciles. VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.
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Teatro: Teatro María Guerrero
Dirección: Calle Tamayo y Baus 4.
Fechas: Del 05 de Febrero al 21 de Marzo. De Martes a Domingo a las 19:00.
Entradas: Desde 5.50€ en entradasinaem. Descargar Programa de mano.

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