Teatro: Mañana, mañana y mañana. Teatro Lara.

La vida puede ser en muchos momentos más retorcida que cualquier texto teatral. Como se suele decir, a veces "la realidad supera a la ficción". En la tragedia teatral se sacan a la luz los más primarios instintos del ser humano. En la realidad afloran de una manera aún más retorcida, más visceral y a la vez más planificada. La comedia y la tragedia siempre han sido los pilares de la dramaturgia y en esta obra se unen para ver que existen lugares comunes, espacios compartidos entre la tragedia y la comedia, entre la realidad y la ficción, entre el teatro y la vida.



Este ingenioso montaje nos acerca a la tragedia que supone para una compañía montar una pieza teatral. Los sinsabores, las disputas, las dificultades que supone levantar un proyecto con toda la ilusión, y ver que las dificultades se van multiplicando, convirtiendo lo que debería ser un viaje inolvidable en un campo minado en el que todo parece desmoronarse y nada sale como se había planeado. Esta pieza metateatral nos habla de la dificultad del trabajo diario por levantar un proyecto teatral, pero también nos habla de egos, de peleas, de conspiraciones por la espalda, porque al final la esencia de "Macbeth" está muy presenta en la vida cotidiana.



Fran Leal y Fabián Fraga son los productores de esta divertida historia sobre el mundo del teatro que han escrito María Inés González y Miguel Ángel Cárcano. El texto habla de teatro, pero también nos habla de seres humanos que luchan por ser importantes, por tener su cuota de protagonismo, una lucha de egos en el que nadie sale bien parado. El texto transita con ingenio en mundo de la realidad con el de la ficción, llegando a demostrarnos que las cosas que ocurren en un lugar y en el otro no distan demasiado. El mundo de Macbeth como espejo en el que mirarse, o más bien como expresión máxima del delirio humano. Las luchas de egos, las puñaladas por la espalda, el falso compañerismo, todo el montaje acaba acercando ambos mundos hasta casi confundirlos. 


 

La dirección corre a cargo del propio Miguel Ángel Cárcano, que nos propone ese interesante juego de espejos, de verdades encubiertas, en el nada es lo que parece. La obra gira en torno a una compañía de teatro, que desde el primer momento se muestra algo endeble. En su intento por levantar una peculiar versión de "Macbeth" todos tienen algo que decir, intentan llevarlo a su terreno, y Cárcano nos muestra desde la primera escena como todos el proyecto se mueve en arenas movedizas. Los personajes van tramando sus propias estrategias a la vez que intentan que no se vean sus verdaderas intenciones. Y entretanto ensayan la obra de Shakespeare y se van acercando cada vez más a los personajes a los que interpretan. Cárcano va acercando ambos universos hasta hacerlos coincidir. En las conversaciones entre los actores comienzan a usar partes del texto de la obra, demostrando que en el fondo la verdadera tragedia es el hecho mismo del montaje teatral.



La obra nos sitúa en el epicentro de los ensayos de esta particular versión de "Macbeth", en la que Antonio, director de la obra, intenta cual ave Fénix resurgir de sus cenizas tras su pasado de joven promesa. Para este supuesto regreso triunfal ha decidido ambientar el clásico en un manicomio, algo que desde el primer momento causa las primeras rencillas con los actores, que no entienden nada de esta versión que intenta montar Antonio. Los tres actores están en realidades muy distintas y sus egos tienen difícil manera de coexistir. El papel de Macbeth lo interpreta Marcos, un conocido actor televisivo que está ante su primer trabajo en teatro. En el lado opuesto se encuentra Fernando, actor que trabaja de camarero y necesita que esto salga adelante para poder pagar las facturas. Y entre los dos tenemos a Miranda, la actriz de la obra que tiene seducidos al director y a Marcos, a los que maneja a su antojo. 


Las distintas escenas nos van mostrando distintos momentos de los ensayos, en los que vamos descubriendo las peculiares personalidades de cada uno de ellos, a la vez que percibimos los planes paralelos que se van preparando de manera paralela. En esta bomba de relojería en la que se convierte el montaje de la función, cada mínima tensión saca a relucir la distancia entre los personajes, al tiempo que vemos como la comedia y la tragedia se van acoplando hasta no llegar a distinguirse. Los personajes se apoderan de los actores, o son las propias personalidades de estos las que se acercan peligrosamente a los creados por Shakespeare. 

La obra original es usada en este montaje como ejemplo de las dificultades que presenta el levantar un montaje teatral. Macbeth nos habla del ansia por el poder (que lleva a sus personajes al asesinato) acaba llevando a la locura. Esta idea es la que intenta plasmar el director a lo largo de la obra. La locura de los actores en el proceso creativo, las luchas de cada uno por conseguir el poder (plasmado en el papel más relevante), los miedos y demonios internos que hacen de cada uno de ellos un peligro imprevisible.



El elenco es uno de los puntos fuertes de este interesante montaje, en el que cada uno de los actores nos presenta a un personaje claramente identificable. Un minucioso trabajo de dirección que hace que cada uno de los personajes tenga sus propios registros, sus propios miedos y obsesiones. En este campo minado en el que se convierte el ensayo, ellos crean las propias trampas para sus compañeros a la vez que intentan que el fragor de la batalla no les salpique. Ellos son Fran Leal ("El viajero perdido", "Madrecita del alma querida", "Tu estás loco Rebolledo") en el papel de Antonio, Guillermo Barrientos ("Danzad malditos", "Esto no es la casa de Bernarda Alba", "Amores minúsculos") como Marcos, Walter de la Reta ("Uno menos", "Gerundio", "Mentir la verdad") dando vida al impulsivo Fernando, y Marian Zapico ("Extafadas", "Así se escribió tu vida", "Blood wedding") como Miranda.


Fran Leal nos regala un Antonio sobrepasado. Un actor venido a menos que decide encauzar su vida en la dirección. Leal se va desencajando conforme avanza la función. El director que se ve sobrepasado por todo lo que le rodea. Él piensa que tiene una idea única, pero los actores no piensan lo mismo. Un personaje marcado por su descomunal ego, pero también por la inseguridad que le crea ver como se tambalea su proyecto. Desde el primer momento su visión de la obra no encaja con el "método" de Fernando a la hora de crear su personaje. Walter de la Reta crea un personaje impulsivo, temperamental, que tiene las ideas muy claras y también muchas dudas sobre el proyecto. Walter nos muestra un Fernando socarrón, que se planta ante cualquiera y que en todo momento siente la necesidad de decir lo que piensa, caiga quien caiga.

Aparentemente fuera de esta disputa están Marcos y Miranda, los otros dos actores, que saben llevar mejor al director. Guillermo Barrientos da vida a un Marcos crecido por su fama televisiva como galán en una serie, mientras que Marian Zapico interpreta a una Miranda altiva, con aires de gran diva, que parece estar por encima de la situación en todo momento. El personaje de Marcos nos muestra varios estados de ánimo a lo largo de la obra. Pasa del apoyo total hacia el director a situarse bajo las directrices de Miranda, todo ello marcado por la brillante interpretación de Barrientos, que nos deja grandes momentos. Por su parte Zapico transita con soltura por el doble juego que propone Miranda desde el principio, con un halo de misterio que la actriz sabe mantener intacto.


El montaje se centra en la sala de ensayos con una escenografía sencilla presidida por la mesa del director y las sillas que utilizan los actores para los ensayos. Brillante la idea de introducir el cambio de luces en el texto de la obra, yendo un paso más allá en la metateatralidad de la obra. Tanto la iluminación como el sonido han sido diseñado por el propio Miguel Ángel Cárcano, que consigue un ambiente muy acorde a ese ambiente caótico y distendido en el que transcurren los ensayos. 


En definitiva, estamos ante un ingenioso y entretenido montaje que nos muestra la dificultad de la creación teatral, llevándola al extremo. Interesante la propuesta de mostrarla mimetizada con la obra de Macbeth, en la que se nos muestra la delgada línea que se separa la comedia y la tragedia, la realidad de la ficción, con brillantes momentos en los que la propia obra de Shakespeare "invade" la realidad. En estos tiempos de devaluación de la cultura, montajes como este nos ayudan a dar mucha más relevancia al hecho escénico, basado en lo duro que es todo el proceso que conlleva levantar una obra. VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatro Lara
Dirección: Corredera baja de San Pablo 15.
Fechas: Del 4 de Marzo al 26 de Junio. Sábados a las 21:15.
Entradas: Desde 14€ en Teatrolara.


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