La vida y la muerte, el transitar por este mundo sabiendo de antemano que la única certeza que tenemos es la finitud del camino. Es importante poder enfrentarnos al camino con decisión y energía, pero no lo es menos asumir nuestra finitud, abrazar a la muerte como una parte más de la vida, intentar hablar de ella, no esconderla como un tabú del que no se puede hablar. Transitemos el camino con alegría, disfrutemos de la experiencia, del andar, de la vida, pero miremos de frente al final sin miedo, sin resignación, como una pieza más del puzle. Como decía el poeta "Caminante no hay camino, se hace camino al andar".
¿Cómo quieres morir? ¿Has hecho tu testamento vital? ¿Le has dicho a lo que quieres qué deben hacer en tu ausencia? ¿Sabes en qué consisten los cuidados paliativos? Si te has planteado cómo quieres morir, seguro que eres de las personas que sabes cómo quieres vivir. En estos tiempos en donde la senectud es despreciada, donde no hay mayores porque todos intentamos trampear a la edad para que no se muestre su paso en nuestra piel, donde muy pocos piensan en la muerte, la compañía teatral La Dramática Errante nos provoca un carrusel de emociones en la sala Juan de la Cruz del Teatro de La Abadía (la sala circular que era una antigua capilla, mejor escenario imposible). A la salida del teatro se veían distintas caras, algunas descompuestas después de una gran llantina, otras reflexivas y otras comentaban cómo les gustaría que fuera el final de sus días. Desde el inicio sabes a qué te vas a enfrentar, pero claro, la emoción hay que transitarla.
La Dramática Errante, con Ane Pikaza (actriz) y María Goiricelaya (dramaturga y directora) al frente, ya fueron protagonistas de la cartelera madrileña madrileña con obras como "Yerma" (con la que arrasaron en el Fernán-Gómez), "Festén" (breve estancia en Naves del Matadero) o "Altsasu" (con la que agotaron localidades en el Abadía). Ahora regresan con este "viaje que nos empuja a afrontar la vida con alegría y a preguntarnos cómo será el final de esta. Un canto a todas aquellas personas que dejaron este mundo con dolor y sufrimiento. Un reconocimiento a todas esas otras que acompañan en esta última etapa sin nunca perder la sonrisa". Una deliciosa pieza que nos habla de la vida y de la muerte (de todos esos miedos que nos afloran al hablar de ella), una interesante y necesaria reflexión sobre la necesidad de romper todos los tabúes que existen en las sociedades occidentales sobre ese último paso, esa parte del camino más empedrada y de la que no queremos hablar.
En "Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán", María Goiricelaya nos muestra el final del camino de una vida haciendo una comparación con el camino de Santiago. ¿Por qué una persona hace el camino de Santiago?. Una aventura que nos lleva a explotar los miedos y los anhelos de los personajes que van apareciendo en este particular camino, pero sobre todo conoceremos el último viaje de un padre y una hija, una despedida par intentar transitar juntos los instantes previos a la muerte. Una preciosa propuesta que ensalza la vida desde la cercanía a la muerte, que pone en valor los cuidados, las conversaciones sinceras, los abrazos perdidos, todas esas cosas que vamos posponiendo y que un día nos damos cuenta de que no tenemos tiempo para hacerlas todas. Un camino lleno de emociones y que les ayudará a hacer más llevadero este último viaje.
Un padre y una hija transitan por el Camino de Santiago donde se encuentran a distintos personajes e historias. Se va alternando con los personajes que se encuentran en el hospital, que los interpretan los mismos actores. Esta alternancia de las historias al principio desconcierta, pero al final se entiende y se disfruta. Sobre todo en lo concerniente a la puesta de escena. Se intercalan videos proyectados de lo que se muestra en escena, y al principio me resultaba muy raro, pero me parece una propuesta interesante.
Desde mi punto de vista, Ane Pikaza interpreta a la hija desde una naturalidad y una tranquilidad que te la crees desde el minuto 0. Pero se transforma en un monólogo emocionante y arrollador con una dicción digna de subrayar. Solo por ese monólogo y el baile que se marca hay que ver la obra (fabulosas todas las coreografías creadas por Alberto Ferrero). Patxo Telleria es el padre, paciente, escuchante, que transmite sus emociones internas en cada pequeño movimiento, algo muy complejo de mostrar en el teatro. Aitor Borobia y Egoitz Sánchez hacen mil tipos de personajes reales (¡¡¡también digno de ver los dos reales que interpretan!!! no quiero decir más…) e imaginarios, con distintos acentos, tocando instrumentos y bailando. Me imagino sus caras de susto al saber todo lo que tenían que hacer en escena.
Pero para mí, los personajes interpretados por Idoia Merodio y Loli Astoreka son lo más. Son estos secundarios del cine español que tanto nos hacen reír, que están en la base de la obra y hacen que sea grande. Estos personajes que se han llamado secundarios pero que deberían tener otro nombre que les ensalce, porque aunque están al final de esta reseña, para mí fueron el aire fresco necesario en la mañana, una realidad en su propia sequedad, en su locura, en su tránsito en el mundo. Me fascinaron.
En la parte técnica hay que hablar de la ingeniosa escenografía creada por David Pascual. Una gran flecha amarilla (de las que marcan el Camino de Santiago) preside el escenario, en el que también tenemos una serie de elementos que serán los que hagan la composición de las diferentes escenas. Me encantó la idea de la cinta en la que los diferentes personajes van "haciendo el camino" a lo largo de toda la función. Una mesa, varias sillas y dos grandes paneles al fondo, completan lo que nos encontramos al acceder a la sala. Justo en estos paneles será donde se proyecten los videos (obra de Estudio Gheada) que van marcando el devenir de la función. Todo esto se completa con la acertada iluminación de David Alcorta y el envolvente espacio sonoro creado por Ibon Aguirre. Por último, el vestuario ha sido creado por Daniel F. Carrasco.
Las piedras del camino, esos pasos de superación, la compañía, las risas, el llanto… todo está presente tanto en una habitación de hospital como en el Camino de Santiago. Menos mal que en un buen drama hay grandes dosis de humor, en este viaje hay mucha alegría, muchas sorpresas (me da pena no poder mencionarlas… una de ellas, sigue provocándome movimiento en los pies) y no se pierde la sonrisa. Enhorabuena a todos los partícipes de este camino. ¡¡¡Buen camino!!!
Teatro: Teatro de La Abadía. Sala Juan de la Cruz.
Dirección: Calle Fernández de los Ríos 42.
Fechas: Del 19 de Febrero al 8 de Marzo. De Martes a Sábado a las 19:00. Domingos a las 18:30.
Función matinal con coloquio: 5 de marzo a las 12:00 h Encuentro con el público: miércoles 4 de marzo Función en euskera, con sobretítulos en castellano: Jueves 26 de febrero
Texto y dirección: María Goiricelaya Reparto: Loli Astoreka, Aitor Borobia, Idoia Merodio, Ane Pikaza, Egoitz Sánchez y Patxo Telleria Escenografía: David Pascual Iluminación: David Alcorta Espacio sonoro: Ibon Aguirre Vestuario: Daniel F. Carrasco Visuales: Estudio Gheada Coreografía: Alberto Ferrero Ayudante de dirección: Eider Zaballa Comunicación: NOIZ Lab Producción ejecutiva: Ane Pikaza y Xabino Alkorta Producción: La Dramática Errante Con la colaboración de Teatro Arriaga