Entramos en la sala Lola Membrives en esta calurosa tarde de finales del mes de Junio para asistir a una obra ingeniosa, original, divertida y muy bien interpretada por sus tres protagonistas, que nos regalan una historia que se desliza entre la realidad y la ficción, con un tono bastante surrealista, que hará las delicias de todo el que se acerque a verla. Una obra que se despide el próximo sábado 4 de Julio, pero que esperemos que vuelva pronto a la cartelera, porque montajes así no abundan. Un montaje ideal para echarse unas risas con esta historia gamberra, mordaz y que nos dejará un grato recuerdo para volver a salir a la aplastante realidad.
Hay obras que te llaman la atención por su estética, un cartel entre misterioso y provocador (fantástica creación de Laura Ortega), un teaser enigmático. A mi me ocurrió con esta comedia-western, a la que tenía echado el ojo desde hacía tiempo, pero que nunca había conseguido verla. Tengo que reconocer que la intuición ha sido de sobra superada por este original y divertido montaje, en el que tres actrices fantásticas nos hacen pasar un rato inolvidable. Aunque la historia tenga un trasfondo dramático, la inteligencia con la que nos lo cuentan nos divierte, hasta el punto de dejar en nuestra memoria muchos de sus temas para poder reflexionarlos después. Un grito contra la rutina, un empujón para atreverse a romper con aquello que nos impide avanzar, un golpe en la mesa contra todos los que se aprovechan de una. Una mujer que rompe con su vida para poder vivirla a su manera, y no como quieren las personas de su alrededor.
Esta producción de La Ventana se estrenó hace tres años en el desaparecido Teatro Quique San Francisco, donde ya tuvo una gran acogida. Desde entonces la hemos podido ver hace unos meses en la Sala Mirador o en el Centro para la Igualdad de Fuenlabrada, por nombrar solamente los más cercanos. Tengo que reconocer que me extraña que no haya permanecido más tiempo en cartel, ya que me parece una obra que lo tiene todo para permanecer meses en la programación de cualquier teatro. Un montaje marcado por una estética muy particular (a mi me ganaron nada más aparecer en escena los dos misteriosos personajes, a mitad de camino entre dos maestros jedi y unos matones a sueldo del mejor postor salidos de una peli de Tarantino) y que entrelaza la comedia más surrealista con escenas más costumbristas, en una mezcla que funciona a la perfección. La obra sigue con la misma idea con la que nació, crear un espacio escénico donde mirar(se) de frente y disparar preguntas que incomoden, que conmuevan, que inviten a no quedarse quietas ni quietos.
El texto de Cristina Redondo("La virtud de la torpeza", "Intemperie", "Siempre en algún lugar", "Vientos que nos barrerán") es puro divertimento, una gamberrada de lo más loco, que va subiendo la apuesta en cada escena, con saltos, bailes y piruetas que nos descolocan y nos divierten a partes iguales. Esta alocada comedia se desliza entre la realidad y la ficción, entre la dura y gris vida de la protagonista y un western en el que ella se convierte en una figura admirada y respetada. Una mujer que busca desesperadamente una salida a su monotonía, una escapatoria de toda esa gente que le dice lo que tiene que hacer y como debe vivir su vida. La duda está en como podrá cambiar el rumbo de su vida, para ser ella quien maneje su destino y no todos los "opinadores" que le rodean. Un excelente argumento sobre el que Redondo construye una pieza ingeniosa en la que encajando momentos dolorosos y humillantes de la vida de la protagonista con memorables escenas alocadas y vertiginosas. Este juego, entre lo real y lo onírico, es fabuloso.
En esta desenfrenada y frenética comedia, es fundamental la dirección de Raquel Alonso, capaz de llevar cada escena un paso más allá, dándole un toque más, un punto más de ebullición, una muesca más en el revólver. Cada escena toma el relevo de su predecesora con una propuesta aún más ingeniosa, aún más esperpéntica. La creación de los tres personajes es una fantasía. Cada una de ellas nos hipnotiza con su gesto, con su mirada, con su expresividad. Y si esto no fuera suficiente, las coreografías elevan la apuesta hasta el desparrame total. Por momentos, la historia pasa a un segundo plano, solo quieres estar atento a la puesta en escena, al siguiente giro, a la continuidad de cada sketch, a la siguiente genialidad que veremos en escena. Todo esto en dos espacios perfectamente delimitados, en los que discurre la realidad y las ensoñaciones, aunque por momentos se invadan mutuamente. Dos mundos que la directora sabe separar para darle un tono diferente a cada uno.
La obra nos presenta a Diana, una mujer corriente en una vida rutinaria (de lo más corriente) en la que se deja llevar, acepta las normas, no levanta la voz, admite los "consejos" de todo el que le rodea, se mantiene dentro del redil sin protestar, sin poner ni una mala cara. Pasan los días como una repetición y ella va solucionando los problemas diarios de la mejor manera posible, mientras en su cabeza se repite que "todo está bien", para no reconocer que odia su vida, que nada de lo que le rodea le gusta, que vive una vida obligada por su entorno, lejos de lo que ella quiere. Aunque no quiera reconocerlo, todos sus esfuerzos por mantener su vida no evitan que se acerque cada vez más al barranco por el que se va a despeñar todo. Una grieta que se hace cada vez más grande y dolorosa, pero que es también el lugar por el que asomarse a un mundo nuevo, por el que escapar de su vida en busca de otro lugar en el que sea ella la dueña de su vida, la que tome las decisiones. Una vida de la que estar orgullosa.
¿Pero cómo puede hacerlo? ¿Dejarlo todo atrás y empezar de cero? ¿Dar carpetazo a toda una vida? ¿De qué modo puede hacer borrón y cuenta nueva? Por suerte, en su camino aparecen Anica y Lucía, dos seres bastante peculiares (y fascinantes) que le ayudarán a tomar las riendas de su vida y poner fin a toda esa oscuridad y decadencia en la que estaba instalada. Ellas le ayudarán a dejar de ser la hija obediente, la empleada sumisa, la compañera de piso que se deja avasallar. Dejará todo eso atrás para convertirse en la sheriff Dayana. Atravesar la grieta abierta en su vida oscura y deprimente para convertirse en la jefa de su destino. En ese lejano oeste tendrá un rancho, tierras, una yegua llamada Lucky, pero sobre todo, será respetada y admirada por todos. Una vez descubierto ese lado del espejo, ¿Cómo no quedarse allí? La libertad comienza por la aceptación de uno mismo, para poder abrir todas las posibilidades y vivir todas las realidades.
Si algo destaca por encima del resto en este montaje, son las interpretaciones de las tres actrices. Aldara Molero da vida a Diana, la mujer que se encuentra ahogada en su propia vida. Aldara crea un personaje menos vistoso que el de sus compañeras, pero muy trabajado desde esa apatía, esa tristeza, esa rabia que poco a poco se va apoderando de ella. Por otro lado, este personaje es todo energía cuando se "convierte" en la sheriff Dayana, una mujer segura de si misma, toda energía y decisión. Pese a ser la protagonista principal de la historia, este personaje queda un poco eclipsado por las descomunales interpretaciones de Laura García Marín y Laura Mayo en la piel de Anica y Lucía,(disculpad que no recuerde quien interpreta a cada una). Desde que aparecen en escena no puedes dejar de mirarlas. Cada gesto, cada mueca, cada mirada, todo está perfectamente sincronizado (trabajazo de Esther Acevedo como asesora de cuerpo y responsable de las coreografías), todo es preciso e ingenioso, divertido y plásticamente impecable. La compenetración entre las dos es brutal, creando dos personajes que por momentos son muy macarras y en otros unas gamberras. Solo por ver a estos dos personajes merece la pena pagar la entrada (ojalá un spin off de las dos).
Toda esta desenfrenada y esperpéntica historia se desarrolla en un espacio escénico (para las representaciones del Lara la escenografía es algo diferente al de la imagen de arriba) que la propia directora Raquel Alonso ha diseñado de tal forma que queda perfectamente estructurado en los dos mundos que conviven la historia. Por un lado tenemos el mundo real, representado por la cama de Diana y el mostrador que sirve para escenificar diferentes lugares. Por contra tenemos un gran cactus (con una silla delante) para simbolizar el mundo de los sueños, ese por el que pretende escapar Diana de su realidad. Otro elemento fundamental para separar esos dos mundos es el diseño de iluminación de Elena Alejandre, que consigue diferentes texturas para cada escena. El tercer elemento clave (para mi el más representativo) para crear una atmósfera misteriosa es el fascinante vestuario creado por Marta Alonso. La creación de los personajes de Anica y Lucía nacen de su apariencia física, desde el lúgubre vestuario hasta el maquillaje y peinado. Simplemente fascinante, un acierto total. Por último, no podemos dejar de nombrar la divertida y deliciosa música creada por The Belén Chou, que ayuda a crear ese mundo tan particular en el que vive Diana.
En definitiva, estamos ante una comedia con aires de Western que pone el mundo de Diana patas arriba, para poder salir del agujero negro en el que estaba y poder vivir. La aceptación definitiva de cualquier posibilidad en cualquier escenario real… o imaginado. Tres actrices que nos regalan unas interpretaciones arriesgadas, rotundas, que nos llevan de la mano por la historia con una complicidad y frescura admirables. Todo en este montaje son aciertos, desde el texto a las interpretaciones, desde la escenografía al vestuario. Hay veces que con las elecciones adecuadas se consiguen asombrosos resultados, sin necesidad de grandes montajes. Esta obra crece desde los detalles, desde cada elemento que va sumando para conseguir el aplauso unánime de una gran función. Corran a verla, solo queda una función. Esperemos que vuelvan pronto, la obra lo merece.
Dramaturgia: Cristina Redondo Dirección: Raquel Alonso Ayudante de dirección: Carmen Calleja Música y BSO: The Belén Chou Vestuario: Marta Alonso Asesora de cuerpo: Esther Acevedo Diseño de iluminación: Elena Alejandre Foto fija y cartel: Laura Ortega Producción: Producción La Ventana - Héctor Vesga Prensa: Amanda H C – Proyecto Duas