La Sala Verde de los Teatros del Canal presenta
el estreno de Cucaracha, una adaptación de Javier Amann de la obra de la
dramaturga escocesa Sam Holcroft, bajo la dirección de Julián Fuentes Reta.
Entramos a la sala verde de los Teatros
del Canal y nos encontramos con el telón descorrido y la escenografía
perfectamente colocada. Nos presentan la típica clase de cualquier colegio o
instituto.
La obra se desarrolla en un instituto
aparentemente normal, hasta que en una dura escena inicial, nos damos cuenta
que la normalidad hace tiempo que desapareció de esa aula.
Entran varios alumnos y a continuación
hace su aparición Beth, la profesora de ciencias que no sólo les habla del
periodo o de la variación genética. Beth es una firme defensora de la educación
y está convencida que es un herramienta imprescindible y esencial para formar
personas libres, con un pensamiento crítico y con capacidad de tomar sus
propias decisiones.
Para ello no ceja en el empeño de
mantener la normalidad del día a día en el aula, intentando que los alumnos
continúen con su formación a pesar de las circunstancias que les ha tocado
vivir.
Y esas circunstancias no son otras que
una dura guerra que se prolonga en el tiempo y está destrozando no sólo la
ciudad donde residen, sino también sus propias vidas. Un conflicto que afecta a
los alumnos, a sus familias y amigos y que influye también en el modo en el que
se relacionan.
A medida que la guerra se prolonga y la
barbarie se va intensificando, la aparente normalidad se va resquebrajando y
afectando más y más a la vida tanto de los alumnos como de la profesora. Poco a
poco, los jóvenes del centro dejan de centrarse en sus estudios, ya que cada
vez es más frecuente el llamamiento y el reclutamiento de la gente para
incorporarse a filas.
En medio de este caos, estos jóvenes se
encuentran cada vez más solos, aislados y desprotegidos, viendo cómo su número
disminuye con el tiempo. Sin recursos ni apoyo, tienen que afrontar una
realidad cada vez más difícil, marcada por el miedo, la incertidumbre y la
pérdida de todo lo que conocían.
Esta situación de incertidumbre genera
una gran tensión entre el intento de la profesora por proteger la educación y
el aprendizaje, y la presión externa que empuja a sus alumnos hacia la guerra,
mostrando el contraste entre el mundo académico y la dureza de la realidad que
se impone fuera de las aulas.
A pesar de que la situación a su
alrededor es cada vez más complicada, la profesora insiste en que sus alumnos
deben seguir estudiando y prepararse para los exámenes finales, ya que
considera que son fundamentales para su futuro. Intenta mantener la disciplina
y la rutina dentro del aula, como si eso pudiera protegerlos de lo que ocurre
fuera. Sin embargo, la guerra acaba entrando poco a poco en la escuela,
alterando el ambiente y rompiendo cualquier sensación de normalidad.
El modo en que la guerra acaba llegando
al interior del centro es la llegada de cajas con uniformes, vestuario y
calzado de soldados para que sean limpiados y arreglados por los alumnos
durante el tiempo que permanecen en el aula castigados.
Tanto los estudiantes como la propia
docente empiezan a darse cuenta de que todo aquello que creían seguro —sus
planes, sus sueños y su forma de ver el mundo— se va desmoronando con el paso
del tiempo. La obra muestra cómo esta comunidad educativa trata de resistir y
mantenerse unida en medio de la adversidad, mientras el Estado convierte a
jóvenes que deberían estar formándose en soldados. Al mismo tiempo, plantea una
duda inquietante, ¿la cultura y la educación pueden realmente proteger a las
personas y ofrecerles un futuro, incluso en las circunstancias más difíciles ?
A lo largo de toda la obra se va
percibiendo una especie de amenaza constante, silenciosa y oscura, que parece
anticipar la violencia que está por llegar. Es una tensión que no se ve de
forma directa, pero que se siente en el ambiente, como si todo estuviera a
punto de estallar. Poco a poco, esa inquietud va creciendo y deja entrever un
futuro marcado por una violencia irracional y descontrolada. Somos testigos de
la paz de los muertos.
Pero aún así, siempre ha de quedar un
atisbo para el optimismo, aunque sea mínimo. Un último resquicio por el que
poder huir, una última chispa de luz, débil e inestable que simboliza una
especie de esperanza que todavía sigue viva, aunque cada vez con menos fuerza.
Esa luz tenue parece guiar, aunque sea mínimamente, a los más vulnerables, a
quienes se encuentran perdidos y sin protección. Sin embargo, a medida que esa
luz se apaga, también lo hace la posibilidad de escapar o resistir, dejando
paso a una realidad mucho más dura y peligrosa.
La propuesta se presenta como un texto
intenso y directo, que impacta por la fuerza con la que transmite lo que quiere
contar. No se pierde en rodeos, sino que comunica de manera clara y firme una
realidad muy concreta, cargada además de una gran emoción. A través de este
lenguaje contundente, consigue conectar con el espectador o lector de forma
inmediata, haciéndole sentir y comprender lo que está ocurriendo.
Al mismo tiempo, aunque parte de una
situación específica, logra ir más allá de ese contexto particular y adquirir
un significado más amplio, con el que cualquier persona puede identificarse. De
este modo, lo que en principio parece una historia concreta acaba reflejando
sentimientos, conflictos y realidades que son comunes a muchas personas, lo que
le da un carácter universal y hace que su mensaje tenga aún más fuerza.
Javier Amann es el responsable de la adaptación del texto original, el
resultado es un texto intenso y directo, que impacta por la fuerza con la que
transmite lo que quiere contar. No se pierde en rodeos, sino que comunica de
manera clara y firme una realidad muy concreta, cargada además de una gran
emoción. A través de este lenguaje contundente, consigue conectar con el
espectador de forma inmediata, haciéndole sentir y comprender lo que está
ocurriendo.
Al mismo tiempo, aunque parte de una
situación específica, logra ir más allá de ese contexto particular y adquirir
un significado más amplio, con el que cualquier persona puede identificarse. De
este modo, lo que en principio parece una historia concreta acaba reflejando
sentimientos, conflictos y realidades que son comunes a muchas personas, lo que
le da un carácter universal y hace que su mensaje tenga aún más fuerza.
La dirección corre a cargo de Julián
Fuentes Reta, licenciado en Arte Dramático por la Universidad de Kent en
Canterbury, y máster en Teatro Contemporáneo por la Escuela de Arte
Contemporáneo de la Universidad Edith Cowan. Premio Max
2015 a Mejor Director y Espectáculo por Cuando deje de llover.
Respecto a la obra señala que "es una
función sobre un grupo de chicos y chicas, y de una profesora, que vive inmerso
en una atmósfera de guerra y cómo eso afecta a sus vidas. Lo importante es
que habla de la cotidianidad, Es una historia de soldados, de generales y de
heroicidades; de cómo mantener la cordura en un momento en el que la violencia
se incrementa."
Y continúa: "Entendí que venía desde
la preocupación por el futuro de toda una generación incluso antes de la
guerra de Ucrania, que estalló poco después. Me emocionó. De lo que trata la
función es que nos estamos escorando a la ultraderecha como si esto no fuera
con nosotros y como si solo fueran un grupo de tarados."
Por lo que se refiere a la parte técnica de la
obra, se apoya en un equipo creativo que
contribuye de forma decisiva a construir el ambiente y el sentido de lo que se
representa en escena. El diseño de escenografía, a cargo de Ciru Cerdeiriña y Julián Fuentes Reta, crea un espacio que no solo sitúa la acción, sino que también ayuda a
transmitir la sensación de encierro, fragilidad o tensión que viven los
personajes. No se trata únicamente de un decorado, sino de un entorno que
dialoga con la historia y refuerza su carga emocional.
La iluminación, diseñada por el propio Ciru Cerdeiriña, juega un
papel fundamental a la hora de marcar los cambios de tono y de resaltar los
momentos más intensos, creando contrastes que acompañan el desarrollo de la
obra. Por su parte, el vestuario de Sofía Nieto aporta identidad a los personajes, ayudando a definir quiénes son y en
qué situación se encuentran, con una estética coherente con el contexto que se
presenta.
Finalmente, el espacio sonoro creado por Apolo Ruiz de la Hermosa completa esta propuesta técnica, aportando matices que intensifican la
atmósfera y subrayan tanto la tensión como los silencios. En conjunto, todos
estos elementos trabajan de manera integrada para ofrecer una experiencia
escénica más rica, en la que la técnica no solo acompaña, sino que potencia de
forma clara el impacto de la obra.
En cuanto al elenco lo integran Esther Acebo, Hiba
Abouk, Julio Peña, Lucía Diez, Miriam Queba, Nakarey y Javier Amann, un conjunto de intérpretes que
aporta una notable riqueza y diversidad a la propuesta escénica. Cada uno de
ellos, desde su propio registro y sensibilidad, contribuye a construir
personajes matizados y creíbles, logrando una conexión fluida con el público.
La experiencia de figuras como Acebo y Abouk se combina con la frescura de
talentos más emergentes, generando una dinámica equilibrada sobre las tablas.
En conjunto, el reparto destaca por su cohesión y entrega, sosteniendo con
solvencia el ritmo de la obra y elevando su capacidad emocional y narrativa.
Por último
destacar la maravillosa voz de Miriam Queba en la versión que realiza del clásico de Shirley
Bassey Where Do I Begin.
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Teatro: Teatros del Canal. Sala Verde
Dirección: Calle Cea Bermúdez 1.
Fechas: Del 20 al 28 de Junio. De Martes a Sábado a las 19:30. Domingo a las 18:30.
Duración: 1 hora 45 minutos.
Encuentro con el público: los días 23 y 26 de Junio.
Funciones accesibles para personas con diversidad funcional: los días 27 y 28
Ficha artística
Dirección: Julián Fuentes Reta.
Dramaturgia: Sam Holcroft.
Con: Esther Acebo (20, 21, 23 y 24 de junio) / Hiba Abouk
(del 25 al 28 de junio), Julio Peña, Lucía Diez, Miriam Queba, Nakarey y Javier
Amann.
Producción: Producciones En Crudo y La Manjoya
Producciones.
Producción asociada:
Número Cero y Álvaro de Blas.
Adaptación: Javier Amann.
Ayte. dirección: Álvaro de Blas.
Diseño de escenografía: Ciru Cerdeiriña y Julián Fuentes
Reta.
Diseño de iluminación:
Ciru Cerdeiriña.
Diseño de vestuario:
Sofía Nieto (Carmen17).
Diseño de espacio sonoro:
Apolo Ruiz de la Hermosa.
Canción Mmoma: (Where Do I Begin) Love Story de
Shirley Bassey.
Canción final: Spitting Off the Edge of the World
de Yeah Yeah Yeahs.
Diseño de imagen y cartel: Geraldine Leloutre.
Comunicación y prensa: Adriana Lerena.
Coordinación de producción: Tania Noriega.
Diseñadora accesibilidad: Elena SV Flys.
Proveedores accesibilidad: Teatro Accesible.
Creación audiovisual: Álvaro Tierno y Gisela Benaiges.
RRSS: Daria Yurchenko.
Voz de Karen: Claudia Suárez.
Ayudantes de producción: África Gamero, Romina Baldi y Lucía
Canas.
Construcción escenografía: La Caverna del Érebo y Juanjo Diaz
Polo.
Ambientación de vestuario: Carmen17 Ayudantes de vestuario:
Fabiana Woolrich, Nora Kalovits, Patricia Lozano.
Ayudante composición musical: Alan Almazán.
Calzado del personaje de Beth cedido
por cortesía de Chie Mihara.