Le
he dado muchas vueltas hasta llegar a una conclusión. Creo que es interesante
conocer el todo y no únicamente la parte. En este caso, me parece que deja un
extraño vacío. Si bien merece la pena, porque te hace continuar investigando,
ir a la fuente y conocer el resto de obras que componen la tetralogía Todo por
la corona, autoría de Ignacio Amestoy.
El texto parece tenerlo todo: teatro documento, humor, reflexión política, referencias al panorama más granado del país, coexistiendo con multitud de referencias bíblicas. Un texto claro, de estructura de armadura perfecta.
Pero
algo sucede. Desde el primer momento, la escenografía era completamente
cautivadora. Cuando, ¡tate!,
empiezo a ser consciente de que la escenografía pesa demasiado, se antepone al
humor y a las ironías. Pareciera que Juan de Borbón, interpretado por un
impecable Ernesto Arias, cargase con su historia y con la de quienes le
antecedieron.
Es Juan de Borbón quien sale de uno de los túmulos para revisar y dignificar su propia historia, el único hálito en este Panteón.
Ainhoa Amestoy toma las riendas en la dirección de una pieza en la que todo el peso recae en la palabra, en busca de la esencia más humana de un protagonista que fue hijo de rey, padre de rey y, sin embargo, nunca rey.
El espacio evoca el Panteón de los Reyes de El Escorial, una construcción muy bella en la que se unen la muerte y la memoria en un diálogo con el poder y el espectador. Espacios movibles que son ventana y son guardarropía, que son balcón de oscura simbología. Pesa demasiado, allí sentados, con la sensación de que son frágiles los mimbres sobre los que nos asentamos hoy. Y se une el pasado, el presente y un futuro que pinta en bastos.
Mientras tanto Borja Cortés dotando al cronista de la corte de aristas, colores, picardías, dándole a la historia el humor que la historia se empeña en no tener y por supuesto sirviendo como coach deportivo, entrenador del futuro Juan III. En este entrenamiento para ser algún día monarca, entrena, casualmente, en una cinta que, por muchos pasos que de, nunca le llevará a ninguna parte. Francesillo de Zúñiga, siempre junto a él, es el contrapunto que actúa como confidente, pero también tiene su propia historia y es memoria de tiempos mejores y de mayor esplendor. A ratos, permítanme, Max Estrella y Don Latino.
Francesillo es testigo lúcido, memoria de tiempos pasados, bufón de la corte de Carlos V que transita la historia de la Corona. Juntos recorrerán episodios de una biografía que siempre fue contada a medias. Tal y como se estructura la pieza, es como si, de algún modo, el dramaturgo estuviese en escena, siendo él mismo cronista y testigo de los desacuerdos con Franco, del intento por restaurar la monarquía, de la lucha por una monarquía parlamentaria y de la disputa constante con su hijo por la llegada al poder.
Ernesto Arias presenta a Un hombre atormentado, obsesionado con el poder, lleno de contradicciones y de dudas, en una larga charla con Francesillo, en la que le habla de las traiciones de su propio hijo, de los celos y el hastío que le provocan las relaciones de Franco con su hijo, consciente de su situación atípica. En su pacto por alcanzar el poder, pactará con socialistas y comunistas, mientras es ninguneado, entre boinas de requeté, banderas, muchas banderas patrias, siendo foco de corrillos. Codeándose con lo más granado de la sociedad, en definitiva, siempre solo; ni siquiera se juntó nunca con el mundo de las artistas. Como si de una vida monacal se tratara, en ese entrenamiento en el que estaría dispuesto a darlo todo por la Corona, Felipe González, Santiago Carrillo y periodistas de todo pelaje pasarán por su vida para, finalmente, no reinar.
Al final, no les vamos a contar que ocurre, únicamente diremos que quién le iba a decir a Juan de Borbon, que le iban a dar voz, para contar su eterno estado de espera.
Una obra compleja, antesala de estudio, investigación y reflexión. Una pieza que, indudablemente, va más allá y que entiendo precisa de la representación completa de la tetralogía para poder entender la composición.
Dirección: Ainhoa Amestoy
Reparto: Borja Cortés y Ernesto Arias
Iluminación: Ion Aníbal
Espacio sonoro: David Velasco
Escenografía: Tomás Muñoz
Figurinista: Rosa García Andújar
Asesoría de movimiento: Mar Navarro
Dirección técnica: José Miguel Hueso
Ayudantía de dirección: Alejandro Cavadas
Ayudantía de escenografía: Vera Morcillo
Asistencia de dirección: Víctor Arlegui
Asistencia técnica: Paulina Sandoval




