Desde el principio, la obra deja claro que el relato no se va a construir únicamente desde la interpretación. La proyección inicial de la guía y la introducción en formato podcast, que nos sitúa en la historia del psiquiátrico y nos acerca a las mujeres que lo habitaron, funcionan como una primera puerta de entrada. Hay algo interesante en esa forma de presentar la información: antes de que el cuerpo ocupe el centro de la escena, ya estamos escuchando unas voces y conociendo una realidad que después irá tomando forma delante de nosotros.
Uno de los aspectos que más me llamó la atención fue cómo se incorporan las voces de las trabajadoras del centro. Cada actriz recoge una de esas voces y mantiene una caracterización que permite reconocerlas a lo largo de la pieza. No se trata simplemente de contar sus historias, sino de sostener una identidad, una manera de hablar y una presencia que da continuidad al relato documental.
A partir de ahí, la obra va alternando recursos. Las actrices cambian de vestuario para introducir nuevos personajes y situaciones, mientras la proyección y la música acompañan la construcción de ese universo. Todo forma parte de un lenguaje que mezcla documento y representación, haciendo que la información inicial vaya adquiriendo otra dimensión cuando pasa por el cuerpo.
Y es precisamente en el cuerpo donde la propuesta empieza a transformarse de una manera especialmente significativa. Hay una secuencia en la que aparecen los «tengo que» y los «debería», esas exigencias que se van acumulando y que terminan condicionando la forma en que una se comporta, se mueve y se relaciona consigo misma. Las actrices comienzan a saltar y a repetir acciones, y poco a poco esos movimientos van incorporando giros y cambios de intensidad.
Lo que al principio parece una sucesión de acciones va creciendo hasta alcanzar una especie de catarsis colectiva. El cuerpo deja de estar contenido y comienza a desbordarse, como si toda esa presión acumulada necesitara encontrar una salida. La transformación llega hasta el desnudo, que aparece dentro de ese recorrido físico y performativo, llevando la exposición corporal a otro lugar.
Me parece interesante cómo la obra utiliza el movimiento para hablar de cuestiones que no siempre necesitan explicarse con palabras. La presión, las normas, las expectativas y la necesidad de liberación se convierten en acciones visibles. Y eso permite que el espectador no solo reciba información sobre aquellas mujeres, sino que también se encuentre con una experiencia física que abre otras lecturas.
La música y los recursos audiovisuales no funcionan únicamente como acompañamiento. Van construyendo atmósferas y modificando la manera en que recibimos lo que sucede. El proyector, las voces grabadas y la presencia física de las intérpretes generan diferentes capas que conviven en escena, alternando la información documental con momentos donde el lenguaje se vuelve mucho más simbólico.
También me parece importante la relación entre las historias individuales y el contexto social en el que se desarrollan. Hablar de mujeres internadas en un psiquiátrico implica preguntarse por la mirada que la sociedad ha tenido sobre ellas, por las normas que debían cumplir y por quién tenía la autoridad para decidir qué comportamientos eran aceptables. La perspectiva de género atraviesa la propuesta y permite mirar esas experiencias desde preguntas que siguen teniendo sentido hoy.
"Órgia" no se limita, por tanto, a recuperar una parte de la historia de la psiquiatría. También utiliza esa memoria para poner sobre la mesa cuestiones relacionadas con el control, la identidad y la libertad de las mujeres. Y lo hace combinando testimonios, interpretación, movimiento, música y proyecciones, sin quedarse en un único registro.
Salí pensando en cómo el teatro puede recuperar historias que han quedado al margen y darles un espacio desde el que volver a ser escuchadas. Pero también en la capacidad de los recursos escénicos para hacer algo más que ilustrar un relato: pueden convertir una idea en movimiento, una presión en gesto y una memoria en una imagen que permanece.
"Órgia" propone precisamente ese recorrido. Empieza acercándonos a unas voces concretas y termina abriendo preguntas que van mucho más allá de aquel psiquiátrico. Porque, aunque el contexto histórico sea otro, revisar cómo se ha tratado a las mujeres y quién ha tenido el poder de definirlas sigue siendo una conversación necesaria.
Ficha artística
Texto y dirección: Rocío Hoces y Julia Moyano
Elenco: Eloisa Cantón, Nerea Cordero, Eva Gallego, Rocío Hoces, Julia Moyano
Espacio sonoro: Eloísa Cantón
Diseño de iluminación: Irene Cantero en colaboración con Carmen Mori
Movimiento: Natalia Jiménez Gallardo
Vestuario: Gloria Trenado
Acompañamiento artístico: Irene Cantero Sanz
Asesoría en Verbatim: Lucía Miranda
Real-time video: Chica Fábrica
Asesoría video: Álex Peña
Producción: La Rara y Elena Carrascal
Distribución: Elena Carrascal y Cámara Blanca





