La sala
Guirau del Teatro Fernán Gómez nos trae la posibilidad de ver una de las obras
más desconocida de García Lorca, representada muy pocas veces en España y que se
separa bastante del resto del repertorio teatral del escritor granadino que
todos conocemos.
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No se me ocurre mejor momento para representar esta obra de Lorca,
cuando se cumplen 90 años de su asesinato y en pleno auge de su figura por la
película La bola negra. Llega El público al Teatro Fernán Gómez.
La obra fue escrita alrededor de 1930 cuando Lorca hacía su viaje por
Nueva York y Cuba, pero el texto estuvo oculto durante muchos años. A comienzos
de los años setenta del siglo pasado se publicó una primera parte en Londres,
publicándose íntegramente en 1976.
Se
puede afirmar que nos encontramos ante una de las obras más exigentes y
complejas de su producción literaria, tanto por la profundidad de sus
planteamientos como por la densidad de su lenguaje simbólico. El texto se
configura como una extensa metáfora de carácter visionario que trasciende los
límites de la representación convencional para adentrarse en territorios
cercanos a la abstracción más radical.
Durante
ese periodo de su vida, el escritor atravesaba una etapa especialmente convulsa
marcada por profundas inquietudes personales, dificultades en el ámbito
profesional y una situación sentimental compleja. A ello se sumaba el malestar
que le producía la imagen que parte de la crítica y del público habían
construido de él tras el éxito de Romancero gitano, una obra que, pese a
su enorme repercusión, terminó encasillándolo dentro de una estética concreta
con la que ya no se sentía plenamente identificado.
El
público surge como reacción a esa sensación de limitación artística, el autor
decidió emprender un camino de ruptura radical con los modelos literarios y
estéticos dominantes de su tiempo.
Esta
apuesta por la experimentación sitúa la obra como una de las expresiones más
representativas de la vanguardia histórica, llevando hasta sus últimas
consecuencias la voluntad de ruptura con las formas artísticas tradicionales. Cada
elemento presente en la obra va más allá de su significado literal para abrir
múltiples posibilidades interpretativas, creando un universo poético e
intelectual en el que la sugerencia, la ambigüedad y la reflexión ocupan un
lugar central.
Ya en su inicio la obra da pistas sobre lo que va a acontecer, cuando uno de los protagonistas discute con el director de la obra e intenta
hacerle ver que muchos espectadores esperan propuestas más accesibles y
cercanas, obras que puedan comprender con mayor facilidad y con las que se
sientan identificados desde el primer momento. Frente al carácter más
experimental y complejo de la pieza, le recuerda al director el éxito y la aceptación
que habían tenido sus dramas rurales, sugiriendo que el público sigue
demandando ese tipo de teatro más directo y convencional.
La
propuesta escénica busca crear una experiencia que vaya mucho más allá de una
simple representación teatral. A través de la combinación constante de
distintos recursos artísticos, como la interpretación, la música, el canto y la
expresión corporal, la obra invita a adentrarse en un universo donde se mezclan
la realidad y la imaginación, dando forma a reflexiones sobre los deseos, los
sentimientos y las inquietudes más profundas de las personas. Además, la
presencia de referencias al propio hecho teatral aporta una dimensión reflexiva
que enriquece la puesta en escena. Todo ello converge en una visión del amor
entendida como una fuerza absoluta, libre de normas y condicionamientos, capaz
de superar cualquier barrera impuesta por la sociedad.
Nos
encontramos ante una obra muy arriesgada- téngase en cuenta cuando fue escrita-
en la que Lorca se adentra en un lenguaje marcado por el surrealismo y la
experimentación. A través de sus escenas y personajes, el autor vuelca muchas
de las preocupaciones que lo acompañaron a lo largo de su vida, mostrando sus
miedos, sus dudas y los conflictos más íntimos que marcaron su trayectoria
personal y artística. Temas como el amor, la muerte, el sufrimiento o la
búsqueda de la propia identidad ocupan un lugar central en la obra y aparecen
tratados desde una perspectiva profundamente emocional.
Uno
de los ejes centrales sobre los que gira la obra es la pugna entre el teatro al
aire libre y el teatro bajo la arena, dos maneras muy diferentes de entender el
teatro.
Por
un lado, aparece un modelo más tradicional, pensado para agradar al público y
ajustarse a sus expectativas, basado en historias y fórmulas fácilmente
reconocibles. Por otro, se plantea un teatro mucho más profundo y arriesgado,
que busca explorar aquello que normalmente permanece oculto: los deseos, los
conflictos internos y las emociones más difíciles de expresar.
En
el plano técnico, la puesta en escena destaca por el excelente trabajo conjunto
de todos los profesionales implicados. La escenografía de Curt Allen Wilmer
y el vestuario diseñado por Leticia Gañán contribuyen a crear un
universo visual muy cuidado, capaz de reflejar tanto el carácter simbólico de
la obra como los continuos cambios de atmósfera que se producen durante la
representación. A ello se suma la iluminación de Florencio Ortiz, un
elemento fundamental dentro del montaje, ya que mediante el uso de diferentes
tonalidades e intensidades ayuda a transmitir los distintos estados emocionales
de los personajes y a reforzar el significado de cada escena.
La
música compuesta por Alejandro Cruz Benavides se integra de forma
natural en el espectáculo a través de varios números musicales cuidadosamente
seleccionados, que aportan dinamismo, ritmo y nuevas sensaciones al conjunto de
la puesta en escena. Del mismo modo, las videoproyecciones y los audiovisuales
creados por Fernando Brea amplían las posibilidades visuales de la
representación y enriquecen el lenguaje escénico de la obra. La coreografía de Isabel
Vázquez aporta fluidez al movimiento de los intérpretes y dota de una mayor
expresividad a determinadas secuencias. Gracias a la combinación de todos estos
elementos y al sólido trabajo del elenco, la producción consigue ofrecer una
propuesta escénica coherente, atractiva y de gran riqueza visual.
La
dirección escénica y la dramaturgia corren a cargo de Alfonso Zurro,
cuya labor resulta fundamental para dar forma y coherencia a una obra de gran
complejidad. Su propuesta consigue trasladar al escenario el universo simbólico
y vanguardista de Lorca mediante una puesta en escena dinámica y cuidadosamente
construida, en la que todos los elementos se integran con naturalidad. Manteniendo
el equilibrio entre los momentos más poéticos y aquellos de mayor intensidad
dramática.
Respecto
a la obra Zurro indica que se trata "de un poema dramático que nos
enfrenta a nosotros mismos, nos convulsiona y nos hace dudar de esos lugares
comunes desde donde observamos habitualmente el teatro; en este sentido, Lorca
nos obliga a asomarnos a la barandilla de nuestro propio abismo. Por eso, el
público, el público real que acuda a la sala, tiene que enfrentarse a lo que
está viendo sin miedo, simplemente dejándose llevar. Y probablemente saldrá de
allí convulsionado".
Finalmente,
especial mención merece el trabajo del elenco, que afronta con gran solvencia
una obra tan exigente como El Público. A lo largo de la representación,
los actores dan vida a numerosos personajes muy distintos entre sí, asumiendo
constantes cambios de registro y adaptándose a las particularidades de cada
escena. Esta versatilidad resulta fundamental en una propuesta tan simbólica y
compleja como la de Lorca. Más allá de la dificultad técnica que supone
interpretar figuras tan variadas, el reparto consigue transmitir la intensidad
emocional que requiere el texto, implicándose plenamente en cada intervención.
En
definitiva, una oportunidad magnífica y única de acercarnos al Lorca más
desconocido, un Lorca más íntimo y experimental, dispuesto a romper con las
convenciones teatrales de su época para explorar nuevas formas de expresión.
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Teatro: Teatro Fernán-Gómez. Sala Guirau
Dirección: Plaza de Colón 4.
Fechas: Del 1 al 18 de Octubre. De Martes a Sábado a las 20:00. Domingos a las 19:00.
Duración: 105 minutos.
Ficha
artística
Autor: Federico García Lorca.
Dirección
escénica y dramaturgia: Alfonso Zurro (ADE).
Producción: Juan Motilla y Noelia Diez.
Diseño
escenografía y vestuario: Curt Allen Wilmer y Leticia Gañán (AAPEE).
Diseño
de iluminación: Florencio
Ortíz (AAI).
Video
proyección y audiovisuales: Fernando Brea.
Música
y Espacio Sonoro: Alejandro
Cruz Benavides.
Coreografía: Isabel Vázquez.
Maquillaje
y Peluquería: Manolo
Cortés.
Cartel y Diseño Gráfico: Angel
Pantoja.
Realización
escenografía: Mambo,
Sfumato, Peroni, Pascualin. TCS.
Realización
vestuario: Rosalía Lago.
Equipo
técnico: Pablo
Gonzalbes, Valentín Donaire, Enrique Galera, Txitxo Oliveras, Iván Sánchez.
Ayudante
de Dirección: Verónica
Rodríguez.
Ayudante
de Escenografía: Mar Aguilar.
Distribución: Maria Calvo / 16 Escalones.
Producción
en gira: Ángeles
Roquero.
Comunicación: Luis Alberto Dominguez.
Elenco:
Juan Motilla: Director (Enrique), Ladrón 1.
Lorena
Ávila: Elena,
Julieta, Dama 1, Señora.
Luis
Alberto Dominguez: Hombre 1
(Gonzalo), Cascabeles, Desnudo Rojo.
Santi
Rivera: Hombre 2,
Pámpanos, Ladrón 2, Prestidigitador.
Raquel
de Sola: Caballo
Blanco 3, Arlequín, Estudiante 3.
Iñigo
Núñez: Poeta,
Hombre 3, Caballo Negro, Dama 2.
Piermario
Salerno: Caballo
Blanco 1, Centurión, Estudiante 1.
Gonzalo
Validiez: caballo
blanco 1, centurión, estudiante 1, caballo blanco 2, emperador, estudiante 2
(cover).
Jose
Maria del Castillo: Caballo
Blanco 2, Emperador, Estudiante 2.
Silvia
Beaterio: Criado,
Arlequín, Poeta Bobo, Enfermera.