Castillos de cartón mágicos e inquietos nos reciben en esta tarde primaveral de octubre en el Abadía. A golpe de campana, como ya es habitual, y micrófono en foco, Cortázar nos abre las puertas de su mente, a ritmo de jazz. “Dejo de leer el relato en el punto…” El tablero se ha desplegado, empieza el juego, empieza Cortázar, en sus relatos, en sus fragmentos, en sus grafitis, en sus instrucciones, en sus papeles, en su obra… a través de su vida y sus letras, se hace este homenaje a su mundo, a sus mundos, tan mágicos, tan poéticos, tan reales e irreales, tan éticos, tan vividos
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