Teatro: Mrs. Dalloway. Teatro Español

Una mujer adelantada a su tiempo, que comenzó una lucha por la igualdad que aún en nuestros días sigue vigente. Siempre que se habla de Virginia Woolf se nos viene a la cabeza la lucha feminista, una forma de ver la vida que supo plasmar en sus obras, sirviendo de guía a muchas mujeres. En este caso Mrs. Dalloway es un ejemplo de una mujer de su época, pero el texto nos plantea grandes temas, desde la sexualidad al suicidio, tocados en mayor o menor medida a lo largo de la obra.



La obra nos muestra la vida de Clarissa Dalloway, una mujer aparentemente superficial, que se dedica a disfrutar la vida sin pensar en nada que le perturbe, una mujer dependiente que vive a la sombra de su marido. Una mujer que es un fiel reflejo su época, dedicada en cuerpo y alma a hacer felices a los demás, y que ha tomado decisiones sin pensarlo en exceso, sin tener en cuenta lo que realmente deseaba sino lo que la sociedad "le imponía".  La autora nos muestra a un estereotipo de la mujer de su época, para dar visibilidad a represión sexual y económica que sufren por su género. La protagonista de la obra es una mujer que no se atreve a hacer lo que quiere, que basa su vida en aparentar ser la mujer perfecta, esa que cumple a rajatabla todo lo políticamente correcto, por mucho que vaya en contra de lo que quiere y lo que siente. 



El Teatro Español y KVS Bruselas presentan esta producción sobre la novela de la británica Virginia Woolf, una de las referentes de la literatura británica, que aportó una técnica muy personal de monólogo interior a la novela moderna, y un sutil estilo poético. Esta novela se convirtió en referente y ejemplo del estilo que marcó la trayectoria de Woolf (la revista Times la incluyó dentro de las cien mejores novelas en lengua inglesa entre 1923 y 2005). La obra se convirtió en una respuesta al "Ulises" de Joyce, en la búsqueda de nuevos terrenos, en el intento de presentar aspectos diferentes de la experiencia humana.

La historia nos sitúa en la casa de Clarissa Dalloway, que prepara una fiesta para su marido. La trama  transcurre a lo largo de un día y nos sitúa en la Inglaterra posterior a la Gran Guerra (mientras que la obra sitúa la acción en la actualidad). La novela se estructura en torno a dos pequeñas historias que la autora había escrito previamente: "La señora Dalloway en Bond Street" y "El Primer Ministro". Woolf nos traslada hacia atrás y adelante en el tiempo para contarnos la vida de Clarissa y ponernos en contexto de la situación social que había en esa etapa de entreguerras. Se mete en la mente de los personajes para mostrarnos una perspectiva, desde varios puntos de vista, del mundo en el que vivían.



La versión de esta compleja pieza, reflejo de una época y una de las primeras obras que pone el foco en la figura de la mujer, corre a cargo de Michael De Cock, Anna M. Ricart y Carme Portaceli (que se encarga también de la dirección). La directora del Teatro Español vuelve a fijarse en una de sus escritoras referente, como hizo antes con los montajes de "Frankenstein" de Mary Shelley y la pasada temporada con "Jane Eyre" de Charlotte Brönte, por "el gran conocimiento del alma humana" que plasma la autora en cada una de sus novelas.

En palabras de Portaceli, la novela sigue de plena actualidad, ya que "Woolf habla de feminismo, de mercantilismo, de bisexualidad, de medicina... Y del vacío existencial que es, probablemente, lo que más conecta esta novela a nuestra actualidad. Además, también nos da su visión del suicidio que, contrariamente a la imagen que nos habitualmente de Virginia Woolf, deja de ser visto como una tragedia y se convierte en una condición necesaria para que los demás valoren la vida. Angélica (personaje que sustituye al de Séptimus, el veterano de guerra, de la novela), papel que interpreta Gabriela Flores, tiene la vida reducida a tomar las pastillas que el médico le receta para acallar la voz que le acecha cada día. La humanidad la condena a la locura por no poder adaptarse al esquema de ser humano que la sociedad ha construido. Con la muerte logrará liberarse a sí misma y a las personas que se aferran a ella. "Es posible morir, eso es lo que hacemos, eso es lo que la gente hace. Estar vivos el uno por el otro".
Con el suicidio de Angélica, Clarissa se plantea lo frágil que es la existencia humana, llegando a afirmar que "la vida está en todas partes y nosotros estamos aquí. Ella ha muerto, pero nosotros seguimos vivos".



Portaceli es la encargada de dirigir (con Eva Redondo como ayudante) este montaje del que dice "hemos llevado la historia al siglo XXI porque habla de algo que no cambia con el paso del tiempo: el alma humana, que Woolf muestra entrando en el corazón de todos los personajes y mostrándonos lo que piensan". Bajo esta premisa, la obra se desarrolla en tres tiempos: pasado, presente y futuro. Con la figura de Clarissa Dalloway (interpretada por Blanca Portillo) como elemento central de la obra, la historia se desarrolla desgranando su vida poco a poco, su pasado en el que se muestra su bisexualidad al mostrarnos su atracción con el personaje que interpreta Inma Cuevas, su presente con una gran libertad interior y el futuro con su reflexión sobre el suicidio (punto de gran importancia si recordamos que la propia Virginia Woolf se suicidó lanzándose al río Ouse).



En este recorrido de 24 horas por la vida de Clarissa Dalloway, desde que se levanta y comienza a preparar la fiesta para su marido, hasta el momento del festejo, es en realidad un viaje por su vida. Un camino que nos llevará por las distintas horas del día, por el tiempo pasado recordando a todas las personas que le han marcado, a los momentos que la convirtieron en lo que es. Su conciencia, sus miedos, las decisiones que marcaron su vida, pasan por delante de sus ojos para recordarle quien es. Un personaje que se va construyendo en torno a sus memorias, que van conformando el puzzle que nos mostrará a la verdadera Mrs. Dalloway.

Para Portillo "vivimos tiempos en los que quizás sería más tentador hablar de una mujer de rompe y rasga, pero creo que Clarissa es, a su manera, tremendamente rompedora, consciente de los límites impuestos en los que vive y que ella ha aceptado. Posee una gran libertad interior. Ella es consciente de lo que le pasa, de lo que quiere y también de lo que no quiere y eso es de una enorme grandeza. Soy feminista hasta la médula, pero es importante que las mujeres escuchen también que la libertad real empieza ahí adentro, en la conciencia de lo que hemos elegido y de lo que no queremos".




En medio de estos ir y venir por sus recuerdos, se cruzan con ella mujeres y hombres que han marcado su vida, poniéndole cara a cara con todas esas situaciones a las que no supo plantar cara, muchas de las cuales le duelen por no haber hecho lo que deseaba. A través de un interesante monólogo interior vemos sus circunstancias cotidianas, como fue su pasado en comparación a como es su presente, viendo todos los peajes que tuvo que pagar por el camino. Con la vida de Clarissa como eje sobre el que se desarrolla la obra, la autora nos muestra una interesante radiografía de como era la sociedad inglesa en aquellos tiempos, que como podemos observar es muy parecida a la actual. Los distintos viajes temporales nos va sacando a relucir las relaciones con los distintos personajes.


Blanca Portillo nos presenta una Clarissa Dalloway imponente, que vive en su burbuja sin importarle nada de lo que le rodea. Majestuosa la cantidad de matices que nos ofrece sobre esta mujer aparentemente plana, sin muchas inquietudes. Portillo reconoce que "Mrs. Dalloway esconde muchos ríos subterrános", y en esos lugares se ha movido la actriz, para mostrarnos un personaje de lo más complejo, llena de matices, que se la ve sufrir ante una realidad que reconoce artificial. Con cada uno de sus recuerdos vamos conociendo un poco más a esta mujer, que sufre con cada oportunidad que dejó pasar, que nos transmita su pena por no haber disfrutado de la vida como hubiese deseado.   

Para esta descomunal actriz todoterreno cada personaje se le plantea como un reto, un salto al vacío en el que se expone al límite, como si fuese el último. "Era un personaje que aparece en mi vida por alguna razón. Comparto con ella muchísimas cosas y me está enseñando mucho. Ambas buscamos la belleza y estamos en el mismo periodo vital, la madurez. Me está enseñando a convivir con el paso del tiempo, de una manera sana, porque ella es consciente del paso del tiempo, no añora la juventud, sino que vive el hoy".



El gran elenco que acompaña a Portillo en el montaje está a un nivel portentoso. Manolo Solo ("Smooking room", "Ruz-Bárcenas") e Inma Cuevas ( "La valentía", "Historias de Usera") nos presentan a las dos personas más cercanas a Dalloway, con la que comparten escenas de gran belleza recordando sus escarceos amorosos, que no se llegaron a concretar pero que marcaron sus vidas. Anna Moliner ("Danny y Roberta", "Aloma") nos muestra, en su papel de la hija, a una rebelde que ve en su madre aquello en lo que no se quiere convertir, pero cree que debe protegerla y estar a su lado, mientras que Zaira Montes ("La geometría del trigo", "Tus otros hijos no te olvidan"), su amante que odia a la madre, intenta convencerla para que huya de allí con ella. La relación entre ambas tiene momentos de gran ternura. Jimmy Castro ("El banquete", "La ola") y Gabriela Flores ("Troyanas", "Las dos bandoleras") interpretan a los únicos personajes que no interactúan con Cralissa, pero son una pareja que tiene un peso importante en la historia. Por último Jordi Collet ("La rosa tatuada", "El Rey Lear") es el doctor, y sirve de nexo de unión entre las dos historias aparentemente inconexas.




La escenografía creada por Anna Alcubierre (con Marta Guedan como ayudante) es imponente, situándonos en la majestuosa casa de Clarissa, con su piano, sus grandes mesas, sus docenas de sillas... todo preparado para que empiece la fiesta.  Ingenioso e impactante es el telón de gasa que va marcando la distinta profundidad de la escena en su ir y venir por el escenario. Un bello elemento que ayuda a separar las distintas escenas, sirve de apoyo a los cambios de escenografía y hace las veces de pantalla para proyectar los vídeos creados por Miguel Ángel Raió. Otro de los elementos estructuradores del espacio escénico es la iluminación diseñada por David Picazo, que baña toda la obra de una pátina de melancolía. Es muy interesante el planteamiento que se hace de la música original, tocada en directo por los propios actores que sirve de elemento vertebrador de la obra. Tanto la música como el espacio sonoro han sido diseñados por Jordi Collet, mientras que el ajustado y cuidado diseño de sonido corre a cargo de Pablo de la Huerga. En lo "meramente estético" hay que hablar del precioso vestuario diseñado por Antonio Belart (con Cristina Crespillo como ayudante) y del dinámico y meticuloso movimiento escénico y la coreografía, orquestado por Ferrán Carvajal



Coincidiendo con el estreno de la obra, el Teatro Español ha organizado una serie de actividades paralelas en torno al montaje. Dentro del acuerdo de colaboración con la Filmoteca Española, el 23 de Abril (a las 17:30 h) se proyectará la película "Las horas" (Stephen Daldry), basada en la vida de la escritora Virginia Woolf. Al evento acudirán la directora de la obra Carme Portacelli y el actor Manolo Solo. El día 11 de Abril se realizará un encuentro con el público, presentado y moderado por Almudena Grandes, y al que asistirá todo el equipo artístico. 
Un contundente montaje, portentoso en la forma y contundente en el contenido. Portaceli consigue una pieza compacta, en la que todo encaja a la perfección, mientras la directora va tocando temas tan interesantes (y polémicos) como el paso del tiempo, la sexualidad, la depresión, el feminismo o las decepciones por no vivir la vida deseada. Un viaje introspectivo a lo más profundo de la mente de la protagonista, y con ello a toda la sociedad que le tocó vivir.
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Mrs. Dalloway
Teatro: Teatro Español
Dirección: Plaza de Santa Ana, Calle Príncipe 25
Fechas: De Martes a Sábados a las 20:00. Domingos a las 19:00
Entradas: Desde 5€ en teatroespanol. Del 28 de Marzo al 5 de Mayo.

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