Teatro: Shock, el cóndor y el puma. Teatro Valle-Inclán

Existen momentos históricos que cambian el rumbo de un país, de un continente, quizás incluso del mundo entero. La teoría del Shock, la operación Cóndor, instrumentos por los que se puede hacer caer a un gobierno, a un país, desde la distancia, moviendo las teclas adecuadas. La historia nos deja varios ejemplos de la manipulación a la que han sido sometidos los pueblos, los apoyos encubiertos a ciertos ejércitos para promover golpes de estado, como el Neoliberalismo ha ido aplastando a su paso cualquier intento de un país por intentar gobernarse a si mismo, sin la "supervisión" de los mercados.




La nueva tendencia, al menos muy presente esta temporada, del teatro documental nos hace recuperar episodios de la Historia que no conocíamos en profundidad, o que por su dramatismo no habíamos querido saber más de lo estrictamente necesario. Los montajes del Pavón Teatro Kamikaze "Jauría" y "Port Arthur" son claros ejemplos de propuestas necesarias y comprometidas con determinados temas (feminismo, armas, política...) de los cuales se debe hablar para que el mundo evolucione, para que los jóvenes sean conscientes del mundo en el que viven, para que indaguemos y dialoguemos en polémicas tan bochornosas como el juicio de la manada y el uso de las armas, o para que conozcamos en profundidad determinados hechos históricos que nos han llevado a la situación que vivimos en la actualidad



El Centro Dramático Nacional, en colaboración con Check-in Producciones, ha puesto en pie esta descomunal obra que se centra en el golpe de estado de Septiembre de 1973 en Chile, en el que Salvador Allende fue asesinado y llegó al poder Augusto Pinochet. Una obra contundente, plagada de momentos brillantes, en la podemos disfrutar durante más de dos horas de lo ocurrido en el cono sur de América en la segunda mitad del siglo pasado. Desde los años cincuenta, en los que las teorías de Milton Friedman empezaban a causar furor, la obra nos muestra todas las consecuencias que este tipo de teorías económicas (el capitalismo y el neoliberalismo más salvajes) causaron en el mundo, principalmente en países como Chile y Argentina, en los que Pinochet y Videla llegaron al poder gracias a la complicidad de la CIA y el gran apoyo de los Estados Unidos, que veía en los gobiernos socialistas de estos países una gran amenaza.


Alberto Boronat, Andrés Lima, Juan Cavestany y Juan Mayorga es el imponente cuarteto encargado de versionar el polémico y contundente libro de Naomi Klein "La doctrina del shock o el capitalismo del desastre". El grueso del texto ha sido escrito por Lima y Boronat, aunque Cavestany y Mayorga son los responsables de algunas de las escenas más significativas de la obra. Cavestany es el encargado de poner los cimientos de la obra, con la historia sobre la Escuela de Chicago y su relación con Chile, además de la surrealista escena en la que aparece Elvis Presley, en un encuentro que mantuvo con Richard Nixon ofreciéndose para luchar contra la droga y el comunismo, dos lacras que pensaba que estaban invadiendo su país. Por su parte, el académico Juan Mayorga firma el desternillante encuentro entre Margaret Tatcher y Augusto Pinochet en 1999, lo que nos muestra a las claras que todo lo ocurrido en la obra sigue teniendo repercusión en nuestros días. Mayorga quiso centrar su texto en este peculiar encuentro del que le sorprende que la ex primer ministra "diera las gracias al dictador y nunca hablara de los tres mil chilenos desaparecidos o asesinados en sus diecisiete años de gobierno".


Lima también se encarga de la dirección, creando un montaje descomunal, en el que se transita del drama a la comedia, del documental a la ficción, con un ritmo apabullante que nos remueve con verdades como puños. "Vivimos en un mundo en el que el liberalismo y el capitalismo de desastre se han impuesto en la mayoría de occidente. Ahora que vivimos el auge de partidos reaccionarios en toda Europa y en España, con VOX, queremos reflexionar sobre qué causas nos han traído hasta aquí y qué podemos hacer. En la obra nos hemos centrado en el cono Sur porque es lo que más resuena para nosotros. Fue el campo de pruebas para lo que vendría después, para el gran shock que fue la Guerra de Irak". 




Dividida en dos partes, la obra que nos presenta Lima es un documento único sobre la relación del capitalismo con el socialismo que impregnaba América Latina a mitad del siglo pasado, las manipulaciones que los diferentes presidentes de los Estados Unidos urdieron para derrocar a todos los gobiernos a los que tildaban de comunistas. Un montaje centrado en el caso de Chile y de Argentina, en la llegada de Pinochet y Videla al poder mediante golpes de estado, las torturas y asesinatos que se produjeron bajo sus gobiernos, pero también refleja como todo esto ocurría con el beneplácito del resto del mundo, que mientras el pueblo argentino era torturado celebraba los goles del Mundial de Argentina 78, goles teñidos de sangre para lavar la imagen de un país desolado.



La obra utiliza los hechos históricos acaecidos en aquellos años para ir más allá, plasmando como el mundo vive dos realidades paralelas, la de la gente de a pie y el de los poderes ocultos, capaces de manipular el rumbo de un país con proclamas y acciones en la sombra que hacen tambalear los cimientos de la democracia. "Mi pretensión, dice el propio Lima, era que el espectador pueda sentir lo que sintió la gente que fue capturada, retenida y torturada en el Estadio Nacional de Chile". Con el fútbol como telón de fondo en varios de estos episodios, se no muestra como puede servir de señuelo para que la gente no proteste, el opio del pueblo de nuestra época. Es muy significativo el pasaje de Mundial, en el que la gente estaba siendo torturada a unos metros del estadio en el que la selección argentina se convertía en campeona del mundo (el estadio de la final se encuentra a menos de un kilómetro de la Escuela de Mecánica de la Armada, lugar donde se realizaban las torturas).



Mientras la primera parte de la obra transcurre de forma más narrativa y lineal, la segunda intercala hechos de estas dos realidades, la "folclórica" del fútbol con la despiadada de la cruenta dictadura de Videla. El inicio de la historia nos muestra, de manera casi documental, como influyó la Escuela de Chicago en el golpe de Estado de Pinochet. Para conocer en profundidad y entender lo que luego se nos muestra, es necesario poner los cimientos, explicar con detalle como empezó todo, los preludios de lo que fue un gobierno en la sombra de los estamentos próximos a los Estados Unidos. Más densa, esta primera parte es necesaria para situarnos, para contextualizar los hechos que se cuentan. Por contra la historia del golpe de Videla es mucho más dinámica, con escenas de gran comedia (en la forma, el fondo siempre desolador) cortadas de raíz por dolorosos testimonios, que nos desgarran por dentro.


Todo esto viene cimentado sobre la actuación de un elenco prodigioso, que consiguen que nos empapemos de todo lo que vemos, mientras presenciamos las continuas metamorfosis de cada uno de ellos. Con más de cuarenta personajes que se van solapando en la escena, los actores entran y salen de cada uno de ellos con una facilidad asombrosa, llegando a solapar las interpretaciones al igual que ocurre con las historias que se nos muestran, para que nos quede la sensación de que todo lo ocurrido está conectado, y no es simplemente una sucesión de hechos aislados sin relación. Muchos de los diálogos y escenas tienen un tono comedido, ya que son transcripciones de los diálogos que ocurrieron en esos momentos, mientras que las escenas de ficción tienen una estructura más teatral y dinámica, con personajes más perfilados y en algunos casos caricaturizados (geniales las parodias de Elvis y Tatcher). 


El reparto formado por Ernesto Alterio, Ramón Barea, María Morales, Juan Vinuesa, Paco Ochoa y Natalia Hernández, nos conmueven mientras nos hacen reír, nos divierten a la vez que nos estremecen, nos sorprenden con giros inesperados, con escenas corales en las que todo encaja, en coreografías sorprendentes que nos llevan del dolor al júbilo en cuestión de segundos. Un elenco que se supera con cada nueva escena, teniendo cada uno de los actores sus papeles de mayor o menor protagonismo en cada una de las escenas. Mientras Ramón Barea lleva el peso de la primera parte de la obra, dando vida a Allende y Pinochet, en las secuencias del golpe en Argentina será Ernesto Alterio el que de vida a los personajes más representativos, entre los que destacan Kempes y Videla, que llegan casi a mimetizarse en una de las escenas más brillantes y alocadas de todo el montaje.


En el comienzo de la obra, con Milton Friedman, un corrosivo y genial Juan Vinuesa, hablando de sus teorías económicas que hipnotizaron a los grandes poderes de los Estados Unidos, podemos deleitarnos con el excelente trabajo de elenco de todos los actores. Vinuesa es secundado en esta introducción por algunos de los personajes más poderosos de aquella época, para después convertirse todos ellos en los Chicago boys. La historia transcurre entre proyecciones reales y escenas documentales (algunas con un tono surrealista, a mitad de camino entre la burla y el misticismo de este tipo de personajes), para desembocar en el encuentro entre Richard Nixon (Ramón Barea) y Elvis Presley (Ernesto Alterio), una de las escenas más divertidas de la obra, un momento de relajación entre los comienzos densos de las teorías económicas. El relato nos conduce hasta Chile, para conocer el golpe de Estado que acabó con Allende, pero sobre todo para hablar de tiranía, de represalias, de dictadura, de como fueron asesinados miles de chilenos en el Estadio Nacional por ser afines al presidente asesinado. La escena del asesinato de Victor Jara es apabullante, demoledora, angustiosa, pero nos pone de frente ante una realidad tan cruda como son las represalias que se sufren en una dictadura, ejemplificadas en un hombre que fue un ejemplo en su compromiso político.



Tras un descanso, necesario después de la "llegada al poder" de Pinochet, nos trasladamos a otro momento histórico (el golpe de Estado de Videla) y a la contextualización de lo que fue aquella época en América Latina. En esta segunda historia toma el mando de las operaciones Ernesto Alterio, que nos deleita con momentos sublimes. María Morales (descomunal en todo momento, engrandece cada escena en la que participa) y Natalia Hernández están desgarradoras hablando de las represalias sufridas por la población y encarnando a las madres de la plaza de Mayo. El ritmo entrecortado de estos relatos, que se "cuelan" en la narración de la final del Mundial, nos hace quedar sin respiración. Momentos musicales que se entrelazan hábilmente con los vídeos, las coreografías y los desgarradores monólogos, convierten esta parte del relato en la más compleja, pero a la vez la más interesante para el espectador, que viaja del odio a la alegría, del dolor a la euforia, en cada escena. 


Pero si tuviese que elegir una de las secuencias de esta ambiciosa propuesta, me quedaría con el maravilloso encuentro entre Margaret Tatcher y Augusto Pinochet, que creo que sintetiza todo lo bueno que tiene esta obra. Desde el humor más loco a la crítica más despiadada de lo que son los poderes que gobiernan el mundo, esta secuencia nos parodia la visita que la ex Primer Ministro realizó a Pinochet y Lucía Hiliart (su esposa) cuando estaban "encarcelados" en su propia casa de Londres. La Tatcher que nos presenta la siempre poderosa María Morales es una verdadera locura, una caricatura perfectamente creada, en la que todo encaja para servir de eje central a una escena sublime. Juan Vinuesa, en el papel de su traductor saca su lado más gamberro para hacer las delicias del respetable. Por el lado chileno hay que destacar a Natalia Hernández en su divertidísima Lucía Hiliart, que mantiene un intenso duelo de muecas y gestos geniales con la Tatcher de María Morales.


En un montaje de estas dimensiones, en el que se mezcla lo real con la ficción, con infinidad de montajes que se solapan, con audios, vídeos, música, todo encaja como en un reloj de precisión, medido como gesto y cada movimiento, diseñado milimétricamente en su conjunto y en cada detalle mínimo de las escenas que lo componen. Una obra de auténtica ingeniería técnica, en el que todo suma para conseguir un contundente resultado global. La escenografía diseñada por Beatriz San Juan (que también se encarga del vestuario) es como una gran matrioska que se nos va mostrando poco a poco en toda su plenitud. Desde una ingeniosa plataforma giratoria, en la que se desarrolla la mayor parte de las escenas, van creándose los distintos lugares, con el apoyo de los más diversos elementos. Esta ingeniosa propuesta viene complementada con las videocreaciones de Miguel Ángel Raió, que ha creado una interesante obra uniendo elementos de documentales con escenas creadas para la ocasión. Hay que destacar también la ilumincaión de Valentín Álvarez, que sabe crear el tono y ambiente precisos. La música y el espacio sonoro creados por Jaume Manresa nos hacen viajar por los distintos lugares propuestos envolviendo el montaje y atrapando al espectador.

Una obra contundente, demoledora tanto en el contenido como en la forma. Una bomba de relojería en perfecta sincronización, en la que el director nos muestra de manera descarnada todo lo que ha sido la manipulación sobre los gobiernos de ciertos países. Una propuesta que nos acerca a realidades que resultan incómodas de contar, pero que en este caso resultan abrumadoras por la belleza y el ritmo del montaje. Una lección de historia que nos enseña y nos entretiene, para dejar un gran poso en todo el que vaya a verla.
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Shock, el cóndor y el puma
Teatro: Teatro Valle-Inclán
Dirección: Calle de Valencia 1
Fechas: De Martes a Domingos a las 19:30
Entradas: Desde 12,50€ en entradasinaem. Del 25 de Abril hasta el 9 de Junio.


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