Teatro: Doña Rosita, anotada.Teatros del Canal

Hacer una versión de un clásico siempre conlleva una gran responsabilidad. Pero cuando el texto original sirve sólo de referencia, de punto de partida, para una obra que lo desmenuza y lo disecciona, la responsabilidad es mucho mayor (así como las posibilidades de crear un elemento de discordia entre el público). Este es el caso que nos ocupa. Podríamos hablar de estudio sobre el texto de Lorca, un análisis pormenorizado de las entrañas de la obra, pero lo que veremos en la sala negra de los Teatros del Canal es mucho más, es una reflexión sobre la vida, sobre las marcas que deja en cada persona, sobre el tiempo como premisa implacable en el desarrollo de las personas. Es, como el propio nombre indica, una Rosita acotada, analizada, que sirve de premisa para hablar de muchos de los temas que tiene implícitos la obra.


Esta original propuesta se centra en el paso del tiempo, intentando meterse en la esencia propia de la obra. Una historia que nos muestra a una Rosita muy diferente a la presentada por Lorca. En esta ocasión ella ha cambiado, es otra persona, pero no tiene nada que ver con su prometido, o la época en la que vive. Es el propio devenir de la vida la que le va marcando, "algo que va oxidando los ideales y que nos convierte en otros". Una historia universal, que nos muestra la actualidad del autor granadino, sazonado con el ingenio irreverente del gran Pablo Remón.


Esta producción de Buxman Producciones, con la colaboración de La Abducción, no ha sido un amor a primera vista para su director y autor Pablo Remón. Le propusieron por parte de Teatros del Canal montar el texto de Lorca "Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores", pero en un primer momento dijo que no, aunque acabo aceptando este complicado reto. Pero al autor de montajes tan diferentes como "La abducción de Luis Guzmán", "El tratamiento", "40 años de paz" o "Los Mariachis" (que estrenó el pasado mismo en el mismo espacio en el que representa ahora), no podía dejar pasar el tren de abordar un texto tan complejo y adaptarlo a su ideario. Aún tenemos fresco su maravilloso "Sueños y visiones de Rodrigo Rato" con el que nos sorprendió a comienzo de la temporada. Ahora gira radicalmente para diseccionar esta obra de Lorca, hacerla suya, y crear un texto en el que podemos ver muchas cosas del propio autor.

Para Remón "no era la historia de una chica de finales del siglo XIX o principios del XX con un novio que no vuelve, sino que habla del paso del tiempo. De cómo Rosita toma la decisión con veinte años y a los cuarenta se topa con las consecuencias de aquello. Y también me interesó la mirada de Lorca hacia las mujeres de mi pasado". El autor pone el foco en la aparente sencillez de la trama, en la que "parece que no pasa nada, pero lo que pasa es el tiempo". Ahí es donde se centra la trama de esta interesante versión, que es mucho más que eso, ya que prácticamente se ha reescrito para convertirla en una pieza muy personal, en el que se entrecruzan Lorca y Remón. 



Por primera vez, el polifacético Pablo Remón se centra en la dirección (con Raquel Alarcón como ayudante) de un texto no escrito por él. Y para esta primera experiencia le toca lidiar con una obra compleja dentro de su "sencillez aparente". El autor encuentra en este texto una "excusa" para hablar de su niñez, de sus propios miedos, con ese tamiz provinciano que inunda la obra. Remón se acerca a Lorca desde el costumbrismo, desde la narración de la llamada España profunda, llevando un paso más allá las intenciones del autor granadino, haciendo hincapié en los solitarios parajes castellanos, en la nada que rodea a las ciudades y los pueblos, en el inexorable paso del tiempo, que a veces se convierte en una losa difícil de soportar. Para el director, esta es "una especie de cara B de las tragedias lorquianas canónicas, donde el antagonista es el tiempo, donde se ve cómo el tiempo va arrasando un poco los ideales de juventud".



Es muy interesante el giro que hace de la obra, que se convierte en una "relectura contemporánea sobre la obra: una comedia trágica o una tragedia cómica, sobre el paso del tiempo, las decisiones tomadas, y cómo pasado y presente se influyen mutuamente". Y es así como el autor entrelaza elementos de la obra original con vivencias propias, haciendo frente a sus propios miedos, mostrando su propia historia en paralelo a la de Rosita, con sus similitudes y sus contradicciones, convirtiendo el montaje en la fusión de dos realidades, la de Lorca y la de Remón, que se distorsionan mutuamente para conseguir un profundo análisis de la vida, los miedos, el pasado y el tiempo.


La singularidad de este montaje se muestra desde el comienzo. El que vaya esperando una versión al uso saldrá decepcionado, porque esta pieza va mucho más allá, entremezclando la obra original con los paralelismos que el autor ha encontrado con su propia vida, con su propio universo, tanto personal como narrativo. De esta forma, la obra nos sorprende con "el anotador" como personaje principal, el alter ego de Remón que será quien nos guíe por esta pormenorizada disección de la obra lorquiana. Con gran sutileza, la obra se desliza entre los recovecos de la obra y la realidad de un personaje actual que nos muestra el paralelismo entre esa Rosita de principios del siglo XX con la actualidad. Los personajes de la obra interactúan con los "reales", se interrumpen y puntualizan, van comentando la obra, la analizan, en un interesante entramado en el que todo encaja a la perfección. La obra va cogiendo ritmo en el mismo momento en el que nos damos cuenta de la singularidad de la propuesta, cuando vemos que Lorca y Remón conviven en universos cercanos. La historia se va mostrando como un puzzle en el que todo va encajando en su justo momento, mientras el pasado y el presente se enfrentan para discernir quien tiene la culpa de lo ocurrido.



La obra reduce el número de personajes de la original y "obliga" a los tres intérpretes a desdoblarse en varios de ellos. El fabuloso elenco formado por Fernanda Orazi, Francesco Carril y Manuela Paso consigue hacer verosímil todo esto, sin que nos extrañe nada, y consiguiendo que cada nuevo personaje, cada desdoblamiento de personalidad, enriquezca el resultado en su conjunto. La facilidad con la que cada uno de los actores va mutando en los diferentes personajes (tanto de la obra como de la actualidad) hace que la historia se desarrolle sin saltos y que por momentos no sepamos si nos encontramos dentro de la obra o de la realidad del Anotador. Interpretaciones inteligentes, cargadas de matices y de personalidad, con la dificultad que conlleva el entrar en un personaje durante solo unos minutos. Tres actores sobresalientes que demuestran su valía en cada escena, convirtiendo este "juego de máscaras" en algo secundario, que nos pasa desapercibido ante la frescura con la que ocurre todo.


Francesco Carril ("El tratamiento", "La valentía", "Bodas de sangre") interpreta, entre otros, al Anotador, que hace las veces de narrador, comentarista y apuntador de la obra. Traspasada la cuarta pared desde el primer momento, Carril se desenvuelve con soltura en este ambiguo papel de alter ego del autor, en el que se siente cómodo en su faceta de narrador, con total libertad para expresarse desde una posición de cercanía con los espectadores. Carril consigue no bajar el ritmo cuando le toca desdoblarse en los distintos papeles masculinos de la obra, y rematando con una genial transformación en la Tía, en uno de los momentos cumbres de la propuesta. Una interpretación prodigiosa, en la que mantiene nuestra atención en todo momento por su saber hacer, su humor y su temple, dando a cada escena una tonalidad diferente.

Frente a él, dos de las actrices más versátiles que podemos disfrutar sobre las tablas, Fernanda Orazi ("Ensayo", "Barbados, etcétera", "La Realidad" ) y Manuela Paso ("Misántropo", "La función por hacer", "Como es Madriz"). Dos actrices que demuestran todo su valor en esta obra plagada de personajes estrafalarios, de acentos imposibles, de situaciones surrealistas, que las dos solventan con la máxima eficacia y una medida precisión.


Fernanda Orazi es la encargada de dar vida, entre otros personajes a Rosita, una mujer muy diferente a la creada por Lorca. La actriz consigue dotarla de un pasotismo y una complacencia muy de nuestra época, alejándola de la sufrida mujer que espera impertérrita el regreso de su prometido. Este nuevo giro en el personaje, lejos de dañarle lo enriquece, dotándole de una infinidad de nuevos matices que Orazi nos sabe ir mostrando como quien va desojando una margarita. Hay que decir que en el resto de personajes que interpreta saca a relucir su faceta cómica creando auténticas joyas, desde la mujer del anotador a la adolescente, nos regala un catálogo de personajes preciosos y muy divertidos. Una interpretación soberbia de una actriz que no deja de sorprendernos cada vez que se sube a las tablas.

Por su parte Manuela Paso está precisa y delirante en sus apariciones. Su creación de Petra (la criada de la casa de Rosita) es magistral, con un acento muy marcado y una crudeza en el gesto que por momentos intimida. La dupla que hace con Orazi en sus apariciones juntas es magia pura, con unos personajes que en unos minutos consiguen engancharnos, divertirnos y asombrarnos. La actriz se mueve con soltura entre sus papeles de andaluza y rusa, matizando cada acento con maestría. Una actriz que nunca defrauda y consigue elevar las escenas en las que aparece.



La ingeniosa escenografía diseñada por la gran Mónica Boromello, nos va sorprendiendo con cada nueva escena. A modo de una gran muñeca rusa, el espacio se va desencorsetando de si mismo para ir articulando los distintos lugares donde transcurre la historia. Un austero espacio vacío nos da la bienvenida, presidido por tres grandes paneles, que se van volcando para mostrarnos las diferentes perspectivas que puede haber dentro de una obra tan compleja y diferente como esta. La iluminación, medida en todo momento para dar a cada escena su propia tonalidad, corre a cargo de David Picazo. Fundamental también es el espacio sonoro creado por Sandra Vicente, que lo envuelve todo desde antes incluso de comenzar la función. Por último, el vestuario, que nos coloca en un limbo indeterminado, ha sido diseñado por Ana López Cobos.


La dualidad entre Lorca y Remón funciona a la perfección, encontrando lugares comunes en los que los dos autores comparten vivencias, sensaciones, experiencias vitales. Remón lleva a Lorca a su terreno, lo amolda a su antoja, se "aprovecha" de él para conseguir sacar a flote su universo propio, en el que consigue desnudarse ante nosotros, sacando a relucir sus miedos y fantasmas. La obra se impregna de la poesía del granadino y del humor ácido del madrileño, consiguiendo un resultado fabuloso, que baila entre la melancolía y el sarcasmo, entre los recuerdos y los sueños. Una nueva delicia de uno de los autores más singulares de nuestro país.
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Doña Rosita, anotada
Teatro: Teatros del Canal
Dirección: Calle de Cea Bermúdez 1
Fechas: De Martes a Sábado a las 19:00, Domingos a las 18:00.
Entradas: Desde 10€ en teatroscanal. Del 7 al 29 de Diciembre.


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