Teatro. Ternura Negra, Centro Cultural Fernán Gómez


 
 La revisión de una obra siempre tiene sus riesgos. Revisitar algo de lo que tenemos un buen recuerdo es peligroso, por la posible decepción. En este caso el montaje rompe con su antecesor, va más allá, consiguiendo adaptarse a los tiempos que corren, incorporando las nuevas tecnologías para dotar al montaje de un punto más de intriga y complejidad escénica. Una interesante vuelta de tuerca de una obra ya de por si de gran interés, que consigue un resultado novedoso y muy impactante, tanto visual como conceptualmente.

Bonita trama de terror romántico en la que se mezcla el pasado y el presente, generando un interesante juego dónde aparece lo conocido, lo inesperado, las obsesiones, secretos, sueños y realidades que generan dos historias paralelas que podrían llegar a ser una sola historia. Se trata de una actualizada versión que, a pesar de conservar muchos de los elementos del montaje anterior, presenta también algunas novedades importantes. Por ejemplo, que las filmaciones protagonizadas por Fernando Cayo fueron grabadas in situ junto al castillo de Turégano por el equipo técnico encabezado por Jorge Sánchez-Cabezudo y la propia Denise Despeyroux, como si se tratara del castillo de Tutbury.
Producida por Carne Viva y Vania Producciones, esta revisión de "Ternura negra" un lustro después ha creado mucha expectativa. La propia Denise Despeyroux (autora y directora de la obra) recuerda de esta forma como surgió la pieza en sus inicios, "era una madrugada en la campiña inglesa, o muy lejos del castillo de Tutbury, donde tantos años estuvo encerrada María Estuardo. Pensando en ella, corrí a escribir el título. ¿Por qué María Estuardo? Como todas las cosas que ocurren por decisión del inconsciente... vete a saber. El de agregar que aquel 2015 no fue solo mi inconsciente el que se encaprichó de arrepentirse con la figura de la trágica reina de Escocia. El germen de todo surgió una tarde en que Ester Bellver y yo quedamos para fantasear con la idea de sacar adelante un proyecto juntas. Ella compartió imágenes que daban vueltas en su cabeza: un castillo, una reina, una torre. Yo mencioné a María Estuardo, y ella confesó que le había venido a la cabeza ese personaje. Lo más curioso es esa misma mañana que yo había escogido un libro de mi biblioteca para llevar a cabo la consulta del médico. Ese libro era "Marí a Estuardo" de Stefan Zweig". Con estos mimbres, la autora de "Tiempos mezquinos", "Los dramáticos orígenes de las galaxias espirales" o "Carne viva", regresa a una de sus piezas más exitosas para reflexionar, hacer balance, ver cómo ha evolucionado ella como autora y todas las posibilidades que le ofrece esta historia, en la que mantiene cosas del original pero ha cambiado muchas otras. Para ella es "de nuevo un montaje de la obra, que a la vez conserva algunos elementos valiosos del montaje original".


La historia nos habla de un autor y director de teatro se obsesiona con la figura de María Estuardo se ha instalado en una tienda de campaña junto al castillo de Tutbury. En ese preciso lugar, la reina había pasado largas temporadas de su cautela. El director ha llegado a ese lugar con la intención de comunicarse con el espíritu de la última reina de Escocia. Está convencido, que solamente escuchando lo que María tenga que contarle, podrá ser completamente fiel a la veracidad del montaje teatral. 

El ensayo se lleva a cabo a muchos de kilómetros dónde se encuentran Paloma (actriz que conoce al director desde hace muchísimos años) que llevará a cabo el papel de María Estuardo y Hugo, un actor que desde el primer instante le pareció perfecto para encarnar a la reina Isabel de Inglaterra. Los actores, que acaban de conocerse, ensayan en la húmeda y destartalada buhardilla de Paloma, con goteras y manchas de humedad. Los ensayos con el director se realizan a través de Skype. Todo se complica aún más, cuando el director, un entrañable y fantástico Fernando Cayo (al que solo veremos a través de la pantalla), decide colarse y pasar la noche en una sala del castillo que ha sido clausurada por la enorme actividad paranormal que se ha detectado en ella. Paloma y Hugo consiguen trasmitir una complicidad maravillosa, aunque no empezaron con la misma fortuna, que acabará confirmándose en una gran amistad.


Una de las principales novedades de esta nueva versión de la obra es la parte audiovisual, en la que aparece el personaje del director (al que da vida el siempre impecable Fernando Cayo). Una ingeniosa maniobra escénica que nos plantea la obra en dos planos o dimensiones paralelas, dos universos que interactúan. Un recurso muy de los tiempos que corren, que Denise ha sabido incorporar a la perfección en la obra. Esta realización audiovisual ha sido producida por Carne Viva, y dirigida por Jorge Sánchez-Cabezudo y la propioa Denise Despeuroux (con dirección de fotografía, cámara y edición de Daniel Sosa y sonido de David de los Ríos). Un paralelismo de las dos historias, o una sola historia unida a miles de kilómetros por la tecnología, una realidad (la virtual) que se adentra cada día más en nuestras vidas, y también en las artes escénicas.
La propia Denise Despeyroux es quien, en esta ocasión, encarna a la actriz. A pesar de no abandonar ni un segundo la escena, de hecho, ya se encuentra en ella mientras el público se acomoda en sus butacas, da todo un recital interpretativo, sobre todo en los pasajes en los que encarna a María Estuardo. Dominadora en todo momento del tempo de la historia, la actriz/autora se desenvuelve a la perfección en su dualidad actriz-personaje, para darnos dos interpretaciones prodigiosas muy bien separadas la una de la otra. Cada uno de estos dos personajes tienen sus propios matices, sus propias características, lo que hace mucho más interesante la interpretación de Despeyroux.

Joan Carles Suau (repite la experiencia, ya que también estuvo en el primer montaje) es Hugo, un niño índigo, es decir, un ente que se refleja en un plano superior al resto de los mortales, que acepta emocionado el reto de interpretar a la Reina de Inglaterra, la “reina virgen”, la que fuera la principal pesadilla de María Estuardo. Gran actor con una enorme versatilidad, es capaz de hacernos reír y de emocionar con la misma aparente facilidad, es un gustazo disfrutarlo en ambos personajes. Como en el caso de Denise, es impresionante la manera en que es capaz de diseccionar ambos personajes, creando dos realidades diferentes, dos personajes casi antagónicos, para crear dos atmósferas bien separadas, por las que se desliza sin pudor y con soltura para mostrar dos grandes creaciones en cada una de ellas.

Fernando Cayo interpreta a Andreas, un autor y director de escena que está literalmente obsesionado con la figura de María Estuardo. Por eso decide instalarse en una tienda de campaña junto al castillo de Tutbury, donde la joven reina pasó buena parte de su cautiverio, desafiando el frío que le cala hasta los huesos, con una única esperanza: poder comunicarse de algún modo con ella. La interpretación de Cayo, aunque la veamos por pantalla, es siempre sobrecogedora. La presencia del actor sobrevuela en todo momento la obra, con momentos sublimes en sus interlocuciones con los personajes que están en el escenario. Un complejo personaje que el actor solventa con elegancia y maestría.



En esta versión está especialmente cuidada la parte técnica. Con un discreto y sencillo diseño de escenografía de Eduardo Moreno, en el que prima lo escueto de la propuesta para dar énfasis a ciertos elementos primordiales (como el baúl y la silla de la reina). Con la presencia "externa" de Cayo, es importante la focalización de los personajes. Para ello resulta esencial la cuidada iluminación creada por Pedro Yagüe (con Enrique Chueca Peña como ayudante). Como tercera pata de este montaje técnico, debemos hablar del impecable sonido realizado por Mariano García. Por último, no debemos dejar de hablar del vestuario de Lupe Valero, elegante y de gran empaque, como debe ser para los personajes de época.


Podemos decir que salimos del teatro con la sensación de haber visto un montaje singular, por la forma y las innovaciones que Despeyroux ha incorporado a esta nueva versión. La propia autora hablaba de esta vuelta diciendo que "ilusiona esta nueva andadura para una obra que indaga en torno a la trágica y fascinante figura de María Estuardo, un castillo plagado de fantasmas". No duden en acudir a verla, tanto si la disfrutaron hace cinco años como si van de primeras, en ambos casos descubrirán un espectáculo novedoso y que les dejará un gran sabor de boca. VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatro Fernán-Gómez
Dirección: Plaza de Colón 4.
Fechas: Del 4 al 18 de Octubre. De Martes a Jueves y Sábado a las 20:30. Domingos a las 19:30.
Entradas: Desde 15€ en teatrofernangomez.


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