Teatro: El salto de Darwin. Naves del Español

 El camino siempre nos enseña cosas, como decía el poeta "caminante no hay camino, se hace camino al andar". Este viaje al que se enfrenta esta peculiar familia es toda una redención familiar, una huida hacia adelante para escapar de todo aquello que quieren olvidar, de todo lo que quieren dejar lejos. Una dolorosa operación que les obligará a enfrentarse a unos con otros, pero sobre todo a enfrentarse a sus propios miedos y a sus miserias. Una dolorosa penitencia que les llevará al borde abismo. ¿Serán capaces de dejar atrás sus miedos? ¿Podrán tirarlos por el desfiladero para liberarse?





Un viaje a los infiernos, un introspectivo recorrido a lo más recóndito de un núcleo familiar destrozado por la pérdida de uno de sus miembros. Aparentemente un doloroso recorrido para cumplir las últimas voluntades del hijo muerto, pero que esconde una odisea mucho mayor, en la que tendrán que enfrentarse a todo aquello de lo que llevan huyendo en los últimos tiempos. Este accidentado viaje pondrá a cada uno de los protagonista ante situaciones incómodas, hará que se enfrenten a todo lo que les hace vivir ahogados, unas "vacaciones" que se convertirán en una penitencia, en la que cada uno de ellos deberá desprenderse de todo lo que le lastra para poder seguir su camino.


Esta producción del Teatro Español y Entrecajas en colaboración con el Festival de Otoño, es una inquietante road movie en la que todos los personajes tienen oscuros secretos de los que deben desprenderse. Un viaje de Norte a Sur por Argentina para venerar el recuerdo del hijo muerto, en un contexto histórico muy determinado (la guerra de las Malvinas) que sacudió los cimientos mismos de todo un país (con la "mano de Dios" como único triunfo). La obra "viene a alertarnos de que la condición humana puede en cualquier instante regresar como especie a un estado animal". Una catarsis colectiva en la búsqueda de la reconciliación, con ellos mismos y con el mundo.


El texto del dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco ("Tebas Land", "La ira de Narciso", "El bramido de Dusseldorf", "Ostia") nos sumerge en un íntimo viaje hacia lo más profundo de una familia. En palabras del propio autor "en las road movies los personajes siempre parten de sus casas buscando un mundo mejor -una tierra prometida-, para construir una vida mejor", y esto es a lo que nos invita Blanco al adentrarnos en su obra. Un texto que nos habla de reconciliación, de paz, de la búsqueda de las razones para que la vida pueda seguir su curso cerrando heridas abiertas. Una fábula que pone al ser humano frente a si mismo, le hace enfrentarse a sus allegados y a sus propias miserias para poder alcanzar la paz que le haga poder avanzar sin las pesadas mochilas que le lastran en la vida, sin los recuerdos que duelen, sin las culpas que nos frenan.


Para Natalia Menéndez, directora de la obra, "esta road teatro que nos de la comedia a la tragedia, que nos enseña la ingenuidad y la perversidad humana, de lo más conmovedor a lo más detestable del ser humano, me atraviesa de tal manera y me conmueve tanto, que siento la necesidad de montarla. Me interesa todo lo que rezuma, el estudio que su autor hace de los porqués de la guerra, que empieza como un juego y que se va pervirtiendo o que ya estaría en nosotros, en esos animales llamados humanos. Al mismo tiempo, se desarrolla una petición de paz con sus saltos, con su ternura, con sus detalles, con su amor por la diferencia, con la compasión y el entendimiento hacia el otro, con un deseo muy concreto de evolución del ser humano. Que esa evolución sea hacia el salto de Darwin. Eso es lo que me hace apostar firmemente por esta completa, lúcida y apasionante".

La directora nos muestra un interesante collage de personalidades y de sensibilidades, tratadas de forma casi microscópica, para que vayamos poco a poco conociendo lo que esconde cada uno de estos personajes a la vez que vamos situándonos en el contexto histórico que los envuelve. Los personajes se exponen a un viaje catártico en el que se enfrentan al humor y el dolor, a sus miedos y a sus gozos. La directora sabe secuenciar todos estos vaivenes con inteligencia, sin que resulten abruptos, y así pasamos de la risa al llanto, de la congoja a la diversión, en cuestión de minutos.



La obra nos sitúa en un espacio temporal muy concreto, el segundo fin de semana del mes de Junio de 1982, cuando se libran los últimos enfrentamientos de la Guerra de la Malvinas, mientras a miles de kilómetros la selección de fútbol consigue su gran victoria contra Inglaterra en el Mundial de fútbol, con la universal jugada de la "mano de Dios", que fue la venganza de todo un país ante la inminente derrota en las islas. La historia transcurre a lo largo de la Ruta Nacional Nº40, una carretera que recorre Argentina de Norte a Sur. A bordo de un destartalado Ford Falcon, unos padres desconsolados, acompañados de su hija y el novio de esta, llevan las cenizas de su hijo muerto en la Guerra para esparcirlas en el lugar que él mismo dejó marcado en sus últimas voluntades. El coche remolca una caravana en la que la familia pasará las noches hasta llegar al lugar indicado. Pero las noches resultan ser mágicas, con las apariciones del Hijo con su guitarra (para deleitarnos con temas musicales de la época), al que la madre siempre deja una luz encendida por si vuelve.



El viaje se torna en odisea por los acontecimientos que la rodean. La Guerra absurda, que dentro del coche va a ganar Argentina, la aparición de Kassandra, un personaje que cambiará por completo la vida de la familia, y el viento que les golpea cada vez con más fuerza, conforme se acercan a su destino. Un viaje como huida y como reencuentro, como escape del horror que han sufrido y para unirse en este largo trayecto hacia el glacial. Mientras buscan su propia verdad, le ocultan la realidad a la madre, en un interesante juego que alude al papel jugado por los medios de comunicación del país durante la contienda. La historia nos habla de la búsqueda de la verdad, de la continua necesidad de deshacerte de la culpa, de las heridas que no terminan de cicatrizar por muchos kilómetros que se recorran. El punto de inflexión de la obra es, sin duda, la aparición de Kassandra, un misterioso personajes que deambula entre el misticismo y la lujuria.



Esta peculiar familia está formada por Jorge Usón, en el papel del padre, Goizalde Núñez, como la madre, Olalla Hernández, dando vida a la hija, y Juan Blanco como el novio. A ellos acompaña desde la oscuridad de la noche Teo Lucadano, que debuta como el misterioso espectro del hijo (con su guitarra siempre a su lado). Cecilia Freire es la enigmática compañera de viaje que se les une a medio camino para hacer saltar todo por los aires. Un elenco que funciona a las mil maravillas, con momentos sublimes, principalmente por parte de Goizalde Núñez y Cecilia Freire. El papel de cada uno de los personajes queda claramente definido en todo momento, con rupturas de la cuarta pared de Juan Blanco y especialmente de Olalla Hernández, a modo de narradores.

Goizalde Núñez nos regala una interpretación fabulosa dando vida a la angustiada madre. Un personaje de lo más moldeable por la cantidad de matices que la actriz le da, con continuos giros en su personalidad y con una fuerza en escena que le hace dominarlo todo. A su lado, el gran Jorge Uson cumple a la perfección en el papel del padre bonachón, que sólo quiere que su mujer supere el trauma de la muerte y mantener unida a la familia. Uson enternece con cada gesto que protagoniza, regalando un personaje que es el contrapunto de Goizalde Núñez. Impresionante también la interpretación de Cecilia Freire, fantástica en el papel de Kassandra. La actriz nos regala un personaje que lo tiene todo: desfachatez, desparpajo, alegría, ambigüedad, y a todo eso Freire le añade su generosidad para llevar un paso más a esta enigmática Kassandra, que descoloca al resto de personajes (y al público) desde que hace su aparición en escena. Olalla Hernández nos muestra a una hija superada por la situación, que encarna la soledad de una familia destrozada. Por su parte Juan Blanco es el novio que ayuda en todo lo que puede, siempre con un lado oscuro que no quiere mostrar.



Sin lugar a dudas uno de los puntos fuertes de este montaje es la bucólica y precisa escenografía creada por Mónica Boromello. Un lugar que de apariencia apocalíptica, en el que todo está milimétricamente diseñado. Con la presencia principal del destartalado coche que protagoniza el viaje, aparecen ciertos elementos, aparentemente secundarios, que dan un gran empaque al conjunto. Una cabina telefónica y la parte trasera de una autocaravana compensan compositivamente el espacio, mientras fuera de foco (aunque no por ello menos importante) y en penumbra aparece la mesa sobre la que se van creando parte de las proyecciones que se verán a lo largo de la obra, en uno de los recursos más bellos e interesantes de la obra. Son esas proyecciones, junto a las videoescenas diseñadas por Álvaro Luna, las que van metiéndonos de lleno en el contexto en el que se desarrolla la obra. Muy interesante para crear este ambiente oscuro y misterioso son las luces que ha creado Juan Gómez-Cornejo, que deambulan por las luces y las sombras con gran elegancia, consiguiendo crear ese ambiente ambiguo en el que se mueve la historia. No debemos dejar de hablar de hablar del peculiar vestuario diseñado por Antonio Belart, que nos traslada desde el primer momento al momento histórico en el que acontecen los hechos. Por último, hay que reseñar la impecable selección musical de Luis Miguel Cobo, con pinceladas de Aute salpicadas con temas icónicos de los 80 como el "Hotel California" de los Eagles.


Esta road teatral es un intenso viaje que nos dejará descolocados, por que descubrir la verdad de la condición humana tiene estas cosas. Deliciosa en su intercalado de canciones, el montaje se mueve al ritmo que marca el hijo, con sus manos dibujando preciosos paisajes, enseñándonos fotos de su propia vida, o tocando preciosas versiones que nos helarán el alma y nos servirán de relax antes las tensas situaciones que se viven durante este viaje de penitencia. VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Naves del Español
Dirección: Plaza de Legazpi 8.
Fechas: Del 10 de Diciembre al 17 de Enero. De Martes a Sábados a las 20:30. Domingo 19:30.
Entradas: Desde 15€ en teatroespanol.


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