Teatro: Los asquerosos. Teatro Español

 Una de las novelas de mayor éxito de los últimos años llega ahora en su versión teatral para hacer las delicias de todos los que no paramos de disfrutar con la historia de los Mochufas. Una comedia con mayúsculas que nos hará reírnos de nosotros mismos, de nuestra vida y de todas esas banalidades que parecen hacer feliz a todo urbanita que se precie. Porque la historia de esta peculiar pareja es la ácida crítica a una sociedad estresada, que no sabe disfrutar la vida, que vive en una permanente carrera. Una historia que nos hará mirarnos al ombligo, una caricatura de lo que es nuestro mundo, una deliciosa historia de como una huida puede ser el camino idóneo para encontrar el camino correcto.




Cuando acudes a un ensayo con público siempre tienes la incertidumbre de si la obra estará encajada como debería. Si este fuera el caso no se hasta donde podrá llegar esta obra, porque lo que pudimos disfrutar en esta representación es comparable a las mejores comedias que hayamos visto. La obra permanece fiel a la obra, lo que ya es sinónimo de éxito asegurado. Fui con mucha expectación a ver esta adaptación, ya que la novela me pareció maravillosa. Una vez saboreada la obra tengo que decir que hace honor al original. Una comedia rebosante, en la que el ingenio de la palabra nos sumerge de principio a fin en el particular mundo de estos peculiares personajes


Esta producción de Octubre Producciones y el Teatro Español dejará encantados a todos los fans de la novela de Santiago Lorenzo (entre los que me encuentro) y sorprenderá a los que se acerquen a esta genial historia por primera vez. La adaptación de Jordi Galcerán y Jaume Buixó mantiene toda la esencia de la novela, con esos personajes entrañables que escapan y se cobijan en un pueblo abandonado. La adaptación potencia aún más el lenguaje de los protagonistas, haciendo verdaderos malabarismos lingüísticos que no hacen otra cosa que potenciar la comedia. La historia se desarrolla entre las carcajadas del público, que por momentos impiden escuchar los esperpénticos discursos de los protagonistas. Un texto que es fiel al original, lo que sin duda agradecemos, y consigue una obra redonda, en la que la diversión no para en ningún momento.


La dirección corre a cargo de David Serrano ("Lluvia constante", "Los universos paralelos", "Dos más dos", "Cartas de amor") que consigue un montaje soberbio, con dos personajes que son unos diamantes a los que moldear y sacar todo el potencial que tienen. El director consigue una obra dinámica, pese a lo complejo de los continuos cambios de escenario (que se resuelven con ingeniosa rapidez), centrando toda la historia en el verborreico diálogo que mantienen el tío con el sobrino. Tengo que reconocer que no veía como se podría resolver una historia como esta sobre las tablas. Serrano hace de todas los problemas una virtud, haciendo muy dinámicas las conversaciones telefónicas y no dejando decaer el ritmo en ningún momento. Con un tono constante en el que se prima a los actores, el director consigue resolver todas las situaciones con sencillez y mucho ingenio. La propuesta se convierte en brillante con la brillante dirección de actores, a los que consigue dar el tono justo de locura y surrealismo para que la historia resulte creíble y divertidísima. 



Para quien no conozca la historia les ponemos en contexto. Todo comienza cuando Manuel, un chico reservado y bastante peculiar, hiere a un policía en el portal de su casa. Lejos de quedarse a ver el estado de salud del agente, huye de la escena a refugiarse en casa de su tío, una de las pocas personas en las que confía. Sin saber nada sobre la gravedad de lo ocurrido, ambos acuerdan que Manuel debe salir urgentemente de Madrid y esconderse en algún sitio remoto, donde nadie le pueda encontrar. Con la complicidad de la noche se va, conduce hasta la madrugada, y llega a un pueblo perdido y abandonado. Este lugar que a partir de ese momento se convertirá en su casa, pasa a ser llamado Zarzahuriel por mutuo acuerdo entre Manuel y su tío. Contra todo pronóstico, en este lugar el huido descubre una vida que le gusta, pese a las estrecheces a las que le obliga su situación.

Su vida discurre en la más absoluta austeridad, con el único contacto con la humanidad que cada día tiene telefónicamente con su tío. Él le mantiene abastecido de lo indispensable y se preocupa de su estado de salud, intentando que no pierda la cabeza en la soledad del pueblo. Pero Manuel está feliz, cada vez necesita menos cosas y se vuelve más ermitaño. La paz del lugar le da todo lo que necesita, por fin ha encontrado la felicidad y su lugar en el mundo. Pero de la noche a la mañana todo cambia radicalmente, cuando una familia urbanita (que podría ser la de cualquiera de nosotros), los que desde ese momento conoceremos como los mochufas, decide alquilar la casa de al lado para pasar los fines de semana y "disfrutar de la vida rural". Esta "invasión" trastoca la paz del lugar y con ello la tranquila vida de Manuel, que tiene que pasar escondido todos los días que los mochufas están en el pueblo. Se derrumba su paraíso y se le cae encima todo aquello que había construido hasta ese día.



La obra se centra en la evolución del personaje de Manuel, visto por los ojos de su tío, quien por momentos rompe la cuarta pared para confesarnos sus dudas ante ciertos comportamientos de su sobrino. La vida de Manuel da un giro inesperado tras el altercado con el policía, pero lejos de ir a peor, todo parece perfecto dentro del particular mundo que se crea en Zarzahuriel. Como ocurre en la novela, los personajes viven su relación desde la distancia, tomando caminos muy distintos. Mientras el tío se preocupa por los posibles síntomas de locura que escucha en las conversaciones con Manuel, éste se siente cada día más a gusto en su nuevo mundo, sin echar nada de menos su vida anterior. Los continuos "avances" en la personalidad de Manuel, así como los miedos crecientes en el tío son tratados de manera soberbia en la obra, con momentos que rozan el esperpento y que dejan tan descolocado al público como al pobre tío, que no sabe muy bien como actuar ante las cosas que le dice su sobrino

Toda esta brillante historia no lo sería tanto sin el peculiar lenguaje que utiliza Santiago Lorenzo en su novela, y que los autores de la obra han mantenido. Frases rimbombantes, léxico rebuscado, una manera de expresarse peculiar, una verborrea elocuente, todo esto hace del texto de Lorenzo algo muy singular y de la obra una ingeniosa locura, que por momentos nos recuerda a Groucho Marx por su elocuencia y en otros al genial Ozores por su velocidad al hablar. Es el texto, tanto en su estilo como en su forma, uno de los puntos más destacables de la obra, pero son los dos actores los que lo elevan un nivel superior.



La pareja que forman Miguel Rellán (brillante en el papel del tío) y Secun de la Rosa (genial dando vida al peculiar Manuel) es magistral. La compenetración de ambos, las miradas cómplices, los gestos, la evolución de cada uno de los personajes y de la relación entre ambos, todo encaja a la perfección, como si hubiesen sido moldeados los personajes pensando en ellos. La fluidez de los diálogos que mantienen, a ritmo en ocasiones vertiginoso, da un plus a la comedia, por la destreza con la que ambos lo hacen y la facilidad para encajar cada frase, cada palabra, cada monólogo, en su lugar exacto, con una precisión encomiable. Son actores que bordan los papeles, sin bajar el listón ni un momento, manteniendo la fuerza y la destreza vocal en todo momento, haciendo crecer la comedia en cada escena, consiguiendo un montaje final espectacular, en el que el público no deja de reír en ningún momento. 



Secun de la Rosa ("El jardín de los cerezos", "El disco de cristal", "Hombres que escriben en habitaciones pequeñas", "Smoking room") nos regala un Manuel al que vemos evolucionar durante toda la obra, en un trabajo preciso por parte del actor para que esos cambios sean paulatinos, sin sobresaltos, sin que apenas apreciemos la cantidad de matices que en cada escena le va añadiendo al personaje. Una actuación portentosa para crear un personaje complejo, que transita lugares muy diferentes, desde el chico asustado del comienzo al "sabio" del final, que tiene claro lo que quiere de la vida. Secun de la Rosa hace gala de una pasmosa velocidad para sus complejas parrafadas, haciendo de este entrañable personaje un trabajo redondo.


Por su parte, Miguel Rellán ("Novecento", "El viaje a ninguna parte", "Cartas de amor", "7 años", "Jugadores", por nombrar sólo sus últimos trabajos) vuelve a poner todo su saber sobre las tablas para crear un personaje que evoluciona de manera contraria a la del sobrino. El tío comienza hiperactivo, emocionado con la "aventura" a la que se enfrenta su sobrino, con la responsabilidad sobre sus hombros de que todo salga bien, pero que poco a poco se desmorona ante los cambios que nota en el chico. Rellán, que con su sola presencia ya crea expectación, hila muy fino a la hora de sacarle todo el jugo a este personaje, que hace las veces de narrador (en un tono muy distinto al que emplea con su sobrino) y que está al borde del ataque de nervios en todo momento. La interpretación de Rellán, mesurada y convincente, está llena de pequeños matices brillantes, de gestos que lo dicen todo, manteniendo un duelo vertiginoso con Secun de la Rosa en cada diálogo. Un actor con mayúsculas que vuelve a demostrar que domina a la perfección todos los registros.



Otro de los elementos más complicados de la obra es la variedad de lugares que transitan los personajes, pero sobre todo que las conversaciones transcurran en espacios diferentes. La escenografía creada por el gran Alessio Meloni es un acto sublime de creación escénica, desplegando cada pieza del escenario para conseguir los distintos lugares. No les contamos más porque es una de los elementos más sorpresivos del montaje. Una ingeniosa propuesta que funciona a la perfección. El otro elemento clave para crear este peculiar universo de "Los asquerosos" es la iluminación de Juan Gómez-Cornejo y David Hortelano, que consiguen el punto justo de penumbra que se necesitaba para el mundo mochufa. Completa la parte técnica la composición musical creada por Miguel Malla, que ayuda a la composición final y la transición entre las escenas de forma brillante.


Era un gran reto, al menos bajo mi punto de vista, llevar a las tablas esta obra. La novela fue un éxito absoluto y parecía difícil poder conseguir la magia que transmitía Lorenzo en sus páginas. Pues hay que decir que la versión creada por David Serrano lo consigue, y de que manera. Con dos actores en estado de gracia consigue dar vida a estos dos peculiares personajes y llevarlos a las mismas cotas de comedia que alcanzaban en la novela. Poco más podemos decir, además de invitarles a que acuden a verla (conozcan o no la novela) porque lo van a disfrutar. Una comedia con mayúsculas. VOLVAMOS AL TEATRO. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatro Español
Dirección: Calle del Príncipe 25. Plaza de Santa Ana.
Fechas: Del 17 de Diciembre al 24 de Enero. De Martes a Sábados a las 20:00. Domingo 19:00.
Entradas: Desde 4,50€ en teatroespanol.

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