Teatro: Carsi. Teatro Abadía

El teatro visto de puertas para adentro. Eso es lo que nos plantea esta obra que gira en torno a la figura de este peculiar actor llamado Carsi, que es más que nada una excusa para hablar de la profesión del actor y de los entresijos de una compañía teatral. Porque nada es lo que parece, no todo es tan bonito como aparece en escena, no suelen llenar la vida de aplausos fuera de la escena, más bien de duros golpes por los kilómetros hechos en las giras, por las audiciones fallidas, por la constante búsqueda de un nuevo proyecto que sacar adelante. Y todo esto intentando que las cuentas salgan, que el teatro sea una forma de ganarse la vida, no un simple entretenimiento con el que pasar el rato. Esta última pata, parece la más complicada de cuadrar, en un mundillo en el que todo es innovación y vanguardia, pero que demasiadas veces no se valora el trabajo de los actores.




Hacen falta sólo unos acordes iniciales para que nos hagamos una idea de lo que nos espera. Comedia de altos vuelos, sarcasmo, crítica a la situación de la profesión, amor incondicional a una vocación que se convierte en modo de vida. Eduardo Vasco, autor y director de la obra, afirma que "Carsi pretende ser un divertido grito a favor del tiempo y del susurro, y en contra de la velocidad, del fuego de artificio, de la devaluación de la palabra y del grito". Un montaje que pone en valor la artesanía de la profesión, el cuidado por el texto y la palabra, el respeto (casi devoción) por los clásicos, el compromiso por una forma de hacer las cosas, alejados del grito y la polémica, cocinando a fuego lento el susurro de la palabra bien vocalizada. 



Noviembre Teatro nos presenta esta divertida obra en torno al mundo del teatro, de las compañías y de los actores, de sus penurias y sus sueños, de sus calamidades y sus peculiaridades. Una historia que podría ser la suya, la de la lucha constante de los actores por sobrevivir en el siempre precario mundo del teatro. El montaje indaga en las entrañas del propio mundo del teatro, en los entresijos de una compañía que intenta conseguir vivir del teatro y fiel a sus principios, aunque por momentos deban vender su alma al diablo. Un tierno relato de homenaje al propio teatro, a la profesión del actor, a todo aquello que no vemos los espectadores una vez que se baja el telón. 

Decimos que la obra podría ser un fiel reflejo de la vida de la compañía, ya que ellos mismos cuentan que "como compañía, decidimos impulsar la realización de un proyecto ocurre algo similar: repasamos lo hecho hasta el momento, miramos alrededor, tomamos el pulso a nuestra vitalidad y decidimos. De esta forma, nos gusta trabajar en dos vías bien diferenciadas: una que parte del repertorio clásico universal y otra en torno a la dramaturgia contemporánea", un fiel reflejo de como trabajan, con muchas similitudes con la peculiar compañía de la obra.


Eduardo Vasco nos plantea una historia conmovedora, divertida y muy singular. "En este caso vamos a hacer comedia, y a partir de varias cosas a la vez: un texto escrito, un archivo sonoro y gráfico excepcional de nuestro pasado escénico, narraciones y nuestra necesidad de reflexionar sobre el oficio y nuestra circunstancia; sobre el deseo de cambio y sobre el terror ante ese mismo cambio continuo. Sobre lo maravilloso que es dedicarse". Y podemos dejar constancia de que han conseguido, de una manera alegre y vigorosa, transmitir ese amor por lo que hacen, ese sufrimiento por sacar un proyecto adelante, esa necesidad imperiosa por crear una obra, por actuar, por subirse a un escenario.

La dirección del propio Vasco (con Daniel Santos como ayudante de dirección) alterna escenas de teatro al uso con momentos de ruptura de la cuarta pared, en la que a modo de narradores, los personajes nos cuentan ciertos pasajes de la historia. Con un ritmo muy teatral en las escenas que cuentan el devenir de la compañía, el humor se entrelaza con la crítica más ácida hacia la propia profesión del actor. "Unos personajes que entran y salen de la ficción, y que se enfrentan entre ellos para tratar de salvar su propia dignidad". Todo este ir y venir entre realidad y ficción lo mezcla el director de una manera brillante, casi solapando ambos escenarios, manteniéndonos en todo momento en un limbo, en la delgada línea que separa ambas realidades, ese extraño lugar en el que se ubica el teatro.


El autor parte de la figura de Felipe Carsi como punto de partida para la historia, que gira en torno a este actor que trabajó durante casi setenta años, mayormente como secundario. Perteneciente a la llamada "clase media del teatro" llegó a tener cierta notoriedad ya en su madurez, cuando entró a formar parte de la compañía de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza. Fue un actor que trabajó mucho, pero que nunca fue considerado como una estrella de las tablas. Uno más de esos currantes de la profesión que se dejan la piel para entrar a formar parte del elenco de las obras, nunca en sus papeles protagonistas. Con la imagen de este actor olvidado como referente, Vasco nos habla de la profesión desde el punto de vista de una pequeña compañía que busca en esta "vieja gloria" su posible tabla de salvación para su nuevo proyecto. La figura de Carsi sirve de ejemplo para hablarnos del mundo del teatro y reflexionar "sobre el teatro como un arte en continua transformación. Sobre la fugacidad de todo lo que rodea al escenario y la frustración que genera no asumirlo". Pero la obra también nos habla de "la ambición y de la sensación de nacer cada día que Talía nos dejó como herencia y que es la peor y la mejor parte del oficio".



Es imposible que al ver la obra no se nos venga a la cabeza "El viaje a ninguna parte" de Fernando Fernán-Gómez (al que hacen referencia incluso en la propia obra) por ese modo de indagar en las penurias de la profesión, esa necesidad de mostrar lo que pasa cuando se baja el telón. En este caso nos encontramos ante cinco actores que se encuentran perdidos, porque su formación en teatro clásico parece no encajar dentro de lo que se busca en los castings de hoy en día. Pero el descubrimiento de una obra clásica desconocida puede cambiar su destino para siempre. Pero para que el montaje funcione, necesitan un actor de renombre que haga brillar con grandes focos su trabajo. Un cabeza de cartel que haga despuntar la obra. Ahí es donde entra en juego la figura de Carsi, un actor que sigue en activo pese a su edad y que encaja perfectamente para el personaje que andan buscando. La historia transcurre entre las anécdotas que todos ellos han tenido con Carsi y el proceso para que se involucre en el montaje.



Esta vigorosa y extravagante compañía en busca de su obra perfecta la forman Mariano (Mariano Llorente), Juchín (José Ramón Iglesias), Elena (Elena Rayos), Rafa (Rafael Ortiz) y Decós (Antonio de Cos). Todos ellos han conocido, con mayor o menor intensidad, al gran Carsi, y por ello no las tienen todas consigo a la hora de tener que intentar que se incorpore al elenco. Las anécdotas con las que se va salpicando la historia tiene momentos de gran comedia. El primer encuentro entre un joven Luchín, recién llegado de Asturias, y el egocéntrico Carsi (a quien da vida Mariano Llorente, doblando personaje con gran brillantez y naturalidad en el proceso de transición entre ambos), se convierte en un duelo desternillante, en el que ambos exageran someramente su papel para regalarnos una divertida caricatura de lo que podría haber sido cualquier encuentro entre un actor consagrado y un inexperto actor dando sus primeros pasos.



Otro de los momentos que más nos divirtió fue la llegada de la filóloga con el manuscrito de la obra que relanzará a la compañía. Elena Rayos ("Reikiavik", "Himmelweg", "Penal de Ocaña")está genial en su papel de obsesiva estudiosa del teatro clásico, con un monólogo, con pequeñas "interrupciones de los ansiosos actores", en el que despliega todo su talento y una gran vis cómica. El trabajo del elenco en general es muy convincente, con cada uno de los actores con registros muy diversos. José Ramón Iglesias ("El castigo sin venganza", "La respiración", "El club") es adrenalina pura, un torbellino que con sus gestos y excentricidades se mete en el bolsillo al público. Junto a Rayos protagoniza un rap de lo más surrealista. 

Mariano Llorente ("En la orilla", "Tres sombreros de copa", "El triángulo azul") es la mesura en su papel de actor, mezclado con la extravagancia y prepotencia que imprime a Carsi. Rafael Ortiz ("Ricardo III", "El caballero de Olmedo", "La crisis de la esperanza" ) hace las veces de narrador y con su tono mesurado es el que tercia en los conflictos de la compañía. Por último Antonio de Cos ("Entre bobos anda el juego", "Mejor historia que la nuestra", "Obscenum"), con menor peso en la dramaturgia, es el encargado de la parte musical, dejándonos bellos momentos a la guitarra.


Con una espacio escénico casi vacío, son los elementos de atrezo los que van creando los distintos lugares por los que transcurre la historia. El trabajo de Carolina González ha sido meticuloso, distribuyendo los diferentes elementos de forma perimetral al escenario, para que sean los propios actores los que monten cada escena. Primordial la iluminación de Miguel Ángel Camacho (el técnico de iluminación es FOCOPS), en un montaje que varía tanto de tonalidades y que requiere un afinado trabajo para dar con la tecla de la textura necesaria para cada momento. Por último queremos destacar el diseño de vestuario de Lorenzo Caprile, capaz de mezclar lo extravagante de ciertos trajes con la sobriedad del tono general.



Carsi es, en definitiva, una ingeniosa y divertida comedia en la que navegamos por las entrañas del mundo del teatro. Una historia que salta en el tiempo, que pone todo patas arriba, que nos traslada del Teatro de la Comedia a las frías estaciones de tren, para que tengamos una visión global de lo que es la profesión del actor. Un punto de vista crítico, que desde distintos enfoques nos da un collage bastante acertado de todo lo que ocurre entre bambalinas. Si queréis pasar un buen rato y conocer más sobre el mundo de las tablas, esta es vuestra función. VOLVAMOS AL TEATRO. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatro Abadía
Dirección: Calle Fernández de los Ríos 42.
Fechas: Del 4 al 28 de Febrero. De Martes a Sábado a las 19:30. Domingo a las 18:30.
Entradas: Desde 8€ en TeatroAbadia.


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