Teatro: Siveria. Teatro Español

En el primer mundo en el que alardeamos vivir siguen ocurriendo cosas que parecen de otra época. Legislaciones que nos parecen obsoletas y que ponen en peligro a colectivos como el LGTBI por el simple hecho de existir. "No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente" estas palabras de Virginia Woolf siguen vigentes y resuenan con más fuerza si cabe cuando se sigue persiguiendo al que tiene una orientación sexual determinada. La lucha sigue vigente, como hemos podido observar hace unos días en el Senado. Por mucho que hayamos avanzado, queda mucho camino por recorrer para que todos podamos vivir acorde a nuestra orientación sin que por ello tengas que ocultarte o la gente (si se les puede llamar así) te falte al respeto o te agreda


Contundente propuesta basada en un hecho real acaecido en la Rusia actual de Vladimir Putin. Una obra reivindicativa sobre los derechos del colectivo LGTBIQ+ en una sociedad como la soviética, donde es una ley que acosa, persigue, detiene y castiga a las personas que se atreven a no ser adoctrinados, que intentan ser libres, a aquellos que "contradicen a los lideres religiosos y a la autoridades con relaciones no convencionales entre hombres y mujeres". Un montaje necesario para visibilizar lo mucho que nos queda por avanzar para conseguir una sociedad en la que todos seamos iguales, sin tener que ocultarse y tener la libertad sexual para poder expresar lo que cada uno siente.



Esta producción de K Producciones es un homenaje a todas esas activistas por los derechos humanos, en este caso los de las personas LGTBIQ+, que se juegan la vida cada día, intentando que se respete a las personas, que no se les humille por su sexualidad. El texto surge tras el asesinato de la activista Yelena Grigóreva el 23 de Julio de 2019, tras años de lucha que la llevaron a numerosas detenciones y procesos judiciales. Yelena, de 41 años, había denunciado que llevaba tiempo recibiendo amenazas de grupos homófobos y ultranacionalistas, pero la policía no hizo nada y aquel fatídico día de Julio encontró su cuerpo en plena calle, cosida a puñaladas tras unos matorrales.

Un años antes, concretamente el 31 de Enero de 2014, comenzó el proceso contra Yelena Klimova, activista y fundadora del grupo en la red social Vkontakte, donde se publicaban cartas de adolescentes LGTBI de distintas zonas de Rusia. Por ello fue acusas de "generar propaganda homosexual" y condenada a pagar una multa de 50.000 rublos. Si, esto sigue ocurriendo en el siglo XXI, aunque a algunos nos parezcan hechos más próximos a la Edad Media. La obra es un sentido homenaje a todas esas Yelenas que han dado su vida por conseguir dar visibilidad a las atrocidades que ocurren en nuestros días en Rusia, con Virginia Woolf y la música de Jeff Buckley como poderosas fuentes de inspiración.


Tomando como punto de partida estos hechos, Francisco Javier Suárez Lema crea un texto desgarrador, que nos zarandea para que seamos conscientes de lo que pasa por el mundo, en lugares supuestamente civilizados. "El eje de conflicto en esta pieza se sustancia en la resistencia. Sin resistencia no habría relaciones de poder. Aquí, una mujer lesbiana es sometida a un interrogatorio sumarísimo; juzgada de antemano por su ideología, por su género o incluso por su orientación sexual" y esa resistencia es la que dirige el texto, la que le da fuerza, consiguiendo armar un potente relato en el que nos avergonzamos de la especie humana, nos concienciamos de las dificultades de ciertos colectivos, y en definitiva sentimos que este mundo está loco, lleno de lugares oscuros en el que las personas son perseguidas por el simple hecho de expresar lo que son.




Está siendo un camino largo, lleno de momentos duros que muestran la homofobia de una sociedad que no respeta al diferente, al que no es como marcan los cánones de lo establecido. El autor lo explica de este modo: "Han sido los esfuerzos, a menudo titánicos, de las comunidades LGTBI, junto con la investigación académica, los que hace tiempo nos han permitido sentenciar que no existen orientaciones sexuales correctas o incorrectas. El problema no reside ya en la autoaceptación e identificación, sino que se halla en la homofobia social en la que una persona homosexual puede vivir. La cultura necesita esforzarse por seguir construyendo esas otras narrativas, esas otras formas de entender la sociedad, sin olvidarnos de los avatares de nuestra historia o de lo que ocurre en otros lugares de nuestro entorno. Siveria es una muesca más en ese esfuerzo, en ese marco, desde la autoría, desde lo artístico. Siveria germinó con ese pensamiento, el de convertirse y convertirla en artefacto crítico, en musculosa proclama vindicante, sin dejar de pensarse, en todo su proceso de construcción, también como texto literario luminoso, edificante, conmovedor y con vocación de colectivo".


La dirección corre a cargo de Adolfo Fernández, que nos propone un montaje a thriller, de película clásica de suspense, midiendo en todo momento lo que quiere darle al espectador, para mantener la tensión a lo largo de toda la obra. Una dirección con aires melancólicos, que nos lleva por los días previos a la detención de Yelena Klimova, con el duro interrogatorio al que fue sometida posteriormente. Fernández plantea una pieza serena para hablarnos de un tema doloroso, intentando que nos relajemos con lo que vemos, pese a la brutalidad de lo que nos está mostrando. La obra nos deja mucho poso para la reflexión, en ella hay activismo, denuncia, pero también una historia con la que todos podríamos identificarnos. "Siveria apela a esa cultura en la que caben universales como la traición, el miedo, la soledad, el poder, el feminismo o las relaciones entre padres e hijos" pero todo ello se nos muestra con una sencillez que no incomoda, más bien nos ayuda a entender lo que somos y lo mucho que nos queda por avanzar, tanto en lo personal como en lo colectivo.


La historia nos presenta a Elena y Kristof, dos activistas que comparten piso y luchas en la Rusia de Putin. Desde su "guarida" editan una web de apoyo a los jóvenes del colectivo LGTBI, esquivando como pueden las leyes estatales que prohíben la propaganda homosexual. Todo parece encajar, sus estrategias para burlar la legislación parecen funcionar, hasta que un día la policía secreta les descubre y se lleva detenida a Elena. El interrogatorio al que se ve sometida es demoledor, implacable, agresivo. El inspector encargado de arrinconar a la activista pondrá toda la carne en el asador para que delate a sus compañeros, mostrando hasta donde llega su lealtad hacia la causa que siempre ha defendido. Basada en hechos reales (acontecidos hace demasiado poco tiempo aunque nos parezca mentira) pero con una recreación libre de lo que fueron los acontecimientos que narra, nos muestra de forma precisa y con una precisión milimétrica las barbaridades que tienen que sufrir los homosexuales en determinados países en nuestros días.


El elenco, formado por Sonia AlmarchaAdolfo Fernández y Marc Parejo, hacen un trabajo excelso desde la contención de saber que están ante un abismo, pero con la precisa meticulosidad de quien quiere no dar un paso en falso. Sonia Almarcha ("En la orilla", "Ejecución hipotecaria", "Cocina") nos regala una interpretación portentosa en la que transita lugares dolorosos, de profunda angustia y dolor, con la misma naturalidad que relajada en el sillón de su casa recuerda emocionada tiempos pasados. La verdad que desprende su interpretación es abrumadora, consiguiendo deslizarse por esos oscuros parajes con una soltura que nos conmueven, que nos dejan petrificado ante el trabajo meticuloso que realiza, midiendo cada escena para dar a cada una un nuevo matiz. 

Adolfo Fernández ("Münchhausen", "La flaqueza del Bolchevique", "Medea") hace una brillante creación en su papel del policía que la interroga. Un personaje que parece sacado de una película de serie negra, con una mala leche que nos hace odiarle desde el primer momento. Un papel que ejecuta de manera contundente, con la mano de hierro que se le supone a un personaje de estas características, lleno de furia, de prepotencia, de soberbia, un hombre cincelado por el régimen que consigue dar miedo y asco a partes iguales, que nos repele y nos angustia, al que tememos y odiamos. Junto a ellos Marc Parejo ("24 horas en la vida de una mujer", "Excítame", "Ira, suave lluvia para heraldos negros") da vida a Kristof, el compañero de piso con el que Elena comparte su activismo. Un personaje tierno y temeroso, que simplemente intenta aportar lo que puede para dar visibilidad a lo que ocurre.



Todo esto transcurre en el preciso espacio escénico creado por Emilio Valenzuela, un lugar frío y claustrofóbico que simboliza perfectamente lo sórdido de la historia. Este gélido lugar en el que en todo momento tenemos la sensación de estar vigilados, como en una obra de suspense en el que los claroscuros son lugares llenos de misterio, de escondites en los que deambulan los espías. El lugar queda perfectamente definido por tres estancias. La casa de los activistas, con sus muebles nórdicos, de formas minimalistas. Junto a ella un espacio intermedio en el que se coloca un piano de cola, que sirve de conexión entre los dos mundos, entre la libertad y la reclusión. La sala de interrogatorios es ese lugar de opresión situado al otro lado del escenario. Todo esto está enmarcado por unas grandes paredes que parecen realizadas por perfiles de acero corten, dando un movimiento sinuoso al fondo de la escena. 

Elegante y precisa iluminación de Edu Berja, que coloca la iluminación a los bordes de esta pared, para dar tonalidades diferentes a cada una de las escenas. Un efecto muy interesante que ayuda a la textura de cada escena, dotando a cada momento de la tonalidad precisa. Pero esta pared sirve también para las proyecciones de los audiovisuales creados por Naiel Ibarrola (responsable también de la poderosa música que envuelve todo el montaje) que sirven de apoyo para el desarrollo de la historia, mostrando escenas del activismo de los personajes o el gran grafitti final de Siveria. Poderoso el diseño de sonido de Lander Macho, que consigue intimidarnos, abrumarnos, creando ese ambiente de tensión extrema en todo momento.

Contundente, demoledora, dolorosa, impactante, necesaria. Montajes así nos abren los ojos sobre realidades que pensamos abolidas y que por desgracia hacen que ciertos colectivos vivan en la clandestinidad a estas alturas del siglo XXI. Precisa y preciosa, la historia nos conmueve con unas interpretaciones fabulosas, que nos transmiten en todo momento esa angustia vital por no poder expresarse como son, frente a unas autoridades que les tratan a palos, sin el mínimo atisbo de humanidad. VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatro Español
Dirección: Calle del Príncipe 25. Plaza de Santa Ana.
Fechas: Del 11 al 28 de Febrero. De Martes a Domingo 19:30.
Entradas: Desde 13,50€ en teatroespanol. Programa de mano.

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