Teatro: Una galaxia de luciérnagas. Teatro del Barrio

Todos tenemos un momento en la vida que nos marca para siempre. Acontecimientos traumáticos que nos cambian como personas y no nos dejan volver a ser quien fuimos. Algo se quiebra en tu interior y por mucho que intentes recomponerte nada volverá a ser lo mismo. Un hecho puntual, un mal día, un aciago momento en el que cambia tu vida para siempre. A veces lo escuchamos en las noticias y pensamos "que duro tiene que haber sido pasar por algo así", pero la cruda realidad es que es mucho peor de lo que podamos llegar a imaginar, las secuelas de un hecho que te pone entre la vida y la muerte no son fáciles de olvidar. 



Recuerdo que una de las secuencias que más me impactó de "Atocha, el revés de la luz" (que podéis volver a disfrutar en el Teatro del Barrio del 17 al 21 de Marzo) es el momento en que Alejandro Ruiz-Huerta reconoce que pasó años sin poder ponerse de espaldas a la puerta por las secuelas del atentado de Atocha. Este poderoso monólogo que podemos ver estos en el Teatro del Barrio gira en torno a este miedo, a las secuelas que nunca se logran superar tras un hecho violento. Doloroso y angustioso, este montaje nos sumerge en todo el proceso que nos lleva a esas heridas que no consigues que cicatricen, a esos miedos que te visitan por las noches, a esas recurrentes pesadillas que vuelven con frecuencia.


Esta producción es el trabajo minucioso y colaborativo de entidades como el Grec 2020 Festival de Barcelona, el Maldá, FiraTárrega, Teatre Principal de Palma y Teatre Principal de Maó, con el apoyo del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya. Un proyecto que se basa en una experiencia violenta que vivió la propia autora del texto durante una estancia en algún país de Latinoamérica. Este doloroso episodio de su vida toma forma de arrollador monólogo teatral para que tomemos conciencia de lo que queda tras un episodio de violencia. Un texto que sirve como referencia de todas las personas que viven en remotos lugares del mundo en los que la justicia ni está ni mucho menos se la espera. Lugares que se convierten en infiernos para aquellas personas que tienen "la mala suerte" de cruzarse con alguna de esas personas que suelen tomarse la justicia por su mano.



No sabemos cuando será verdad y cuanto ficción, pero el texto de Aina Tur ("Adiccions", "Miércoles", "Es lloga habitació", "Fotofobia", "Evolució/Evolución") pertenece a sus propias vivencias, a sus experiencias en Latinoamérica, a sus secuelas por los hechos que allí vivió. Tur es actualmente la responsable de programación de la Sala Beckett/Obrador Internacional de Dramaturgia y miembro del Consejo Asesor del Centro Dramático Nacional. La autora ha creado un texto que nos desgarra y nos duele de principio a fin, con la angustia propia de los hechos que cuenta, con la angustia de no saber lo que pasa ni por qué. Una historia dura (como una pistola empujándote la sien), extrema (ante la incertidumbre de que tu vida no dependa de ti), angustiosa (por el miedo que te agarrota cada segundo que pasa), pero que la autora moldea con gran precisión, para dejarnos absortos y a la vez impacientes ante lo que estamos viendo.


Aina Tur también asume la dirección de la pieza (con Carla Tovias como ayudante de dirección)  y lo hace de una forma descarnada, directa, abrumadora, frontal, lo que potencia mucho más la intención de lo que quiere contar. Un montaje cargado de energía y de dolor, que cohabitan en cada escena con la cantidad precisa para que resulte demoledor, cercano, impactante. Una minuciosa dirección que, pese al poco movimiento de la obra, nos hace viajar con la protagonista a los lugares más oscuros de ese país innombrable y a lo más profundo del alma de todos nosotros, al ponernos tan cerca situaciones tan extremas.


Como dice la sinopsis de la obra "todos tenemos una historia silenciada, que nos molesta, nos incomoda". Pero cuando ese hecho te puso al borde mismo de la muerte, deja una huella que es muy difícil de olvidar. A todos nos gustaría olvidar episodios más o menos traumáticos de nuestras, pero hay algunos que se quedan a fuego grabados en nuestro interior. Pero por desgracia no se pueden borrar los hechos pasados, y en ese preciso instante sucedió todo aquello tal y como lo recuerdas cada día, de la misma manera que te atormenta cada noche y no puedes olvidar. Hay que recordar que el hecho que nos atañe no fue provocado, ni mucho menos, por sus protagonistas. Un acto violento, un asalto que les pilló a ellos porque eran los que en ese preciso momento pasaban por esa carretera. Un capricho del destino que deja marcada la vida de sus protagonistas para siempre. El hecho y sus consecuencias. Fantasmas que se agolpan en la cabeza y permanecen omnipresentes, aunque busquemos una escapatoria, dejarlo todo atrás, olvidar.



Las versiones irán cambiando, irán difuminándose ciertos personajes secundarios que también lo vivieron, pero tus sensaciones, tus vivencias, tu dolor, permanecerá intacto. Datos que se deben ocultar por "motivos de seguridad", omitiendo nombres y lugares, porque el miedo sigue atenazando cada vez que el recuerdo vuelve, cada vez que se vuelve a contar la historia. Decisiones que cambian el rumbo de los acontecimientos, porque tu, por el hecho de ser europeo, has hecho demasiado ruido (por mucho que no quieras y que prefirieras que nada de eso hubiese pasado) y ahora debes tomar una decisión. Dictar sentencia, posicionarte, porque en el fondo eres un privilegiado y puedes decidir como acabará todo esto. Decisiones que hacen que dejes parte de ti en ese lugar, porque sabes lo que pasará, y entonces ya nunca podrás levantarte de esa silla, uno de tus múltiples Yo quedará allí anclado para siempre.



Y a todo este torbellino de sentimientos le pone voz y alma Anna Alarcón ("Desayuna conmigo", "Psicosi de les 4.48", "La fortuna de Silvia", "Només una vegada") que nos regala un personaje fascinante, hipnótico, que nos mira a los ojos para transmitirnos toda su verdad. Una interpretación fabulosa, llena de fuerza y de entrañas, en el que cada frase desgarra y cada movimiento nos golpea con fuerza. El momento en que se levanta por fin de la silla es simplemente aterrador y de una belleza plástica imponente. Un personaje que se desnuda ante nosotros, una actriz capaz de ir mostrándonos con meticulosa delicadeza cada una de las capas que cubren a esta atormentada mujer.



El espacio escénico diseñado por Marc Salicrú nos transporta a un lugar ambiguo, oscuro, como un túnel del que no podamos escapar. Una bella composición, con un ventilador al fondo que nos deja algunos de los momentos más demoledores de la obra. La lúgubre iluminación (creada también por Marc Salicrú), precisa, inquietante y muy bien elegida, os sitúa en todo momento en lugares incómodos, con tonalidades azuladas que nos llevan a espacios oníricos más relacionados con los recuerdos que con la propia realidad. Todo esto acompañado del poderoso espacio sonoro creado por Jaume Manresa y el singular vestuario de Mireia Costa, con el que la actriz juega para utilizarlo a su antojo en momentos muy potentes de la historia.



En definitiva estamos ante una obra singular, plagada de fuerza y verdad. Un montaje necesario para que nos paremos a pensar las secuelas que ciertos acontecimientos dolorosos pueden dejar en las personas que los sufren. Nos queda la pena de que esté tan pocos días en el Teatro del Barrio, y esperamos que pronto podamos volver a disfrutar de esta contundente propuesta. VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatro del Barrio
Dirección: Calle Zurita 20.
Fechas: Del 3 al 7 de Marzo. Miércoles y Jueves 20h, Viernes 19h, Sábado 13h y 19h, Domingo 13h.
Entradas: Desde 15€ en TeatroDelBarrio.


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