Todas las mujeres que habito. Teatro Infanta Isabel

Un baúl veteado de un verde difuso nos llama la atención. Situado en el centro del escenario, a media luz, con ruedas que nos llevan a todas esas mujeres que recorrerán el Teatro Infanta Isabel, a todas esas mujeres que se merecen una gran historia de amor. A todas esas mujeres… 



Mi discurso por este premio. No me lo esperaba”, así comienza este viaje al pasado de gestos, voces y miradas. Un viaje de mujeres, de su memoria, de su interior. Un viaje desnudo, directo, claro, transparente, con mil matices, un viaje sin hoteles ni destinos, con ese baúl que baila, que siente, que calla, que danza, que crea, que padece, que vive y muere al son de músicas y miradas. Soledad viaja al pasado para comprender su realidad, para ver toda esa herencia emocional que ha heredado, la suya y la de miles de mujeres sin voz, a la sombra del otro, siempre a la sombra, habitando todas esas mujeres que van y vienen, invisibles. 


Soledad vuelve a su pueblo, llama a Lola y le cuenta, habla con hija Candela, con su madre, con su abuela, con Pepita, con todas esas mujeres que pueblan su alma, su universo, el universo de todas, en esa España ciega y gris , que buscaba el amor, el puto amor. Buscando un refugio en el ayer, en lo más íntimo, en esa niña que fue, en esa abuela que la crió y creó. “Na más que dar y callar, niña, na más que dar y callar”. “El presente siempre gana”, es lo único que tenemos. El presente sirve a Sole para encontrarse en esa escritora romántica de éxito, en ese pasado que vuelve y que no entiende, que lo sufre, que le quema, que le enloquece también. Ese pasado de Semana Santa y tambores, ese pasado de veranos al sol en esa España que no quería crecer, que se estancaba entre frustraciones, miedos y miserias, donde Sole no puede más, y revienta. “Jose, yo ya no puedo más”.




Y aparecen los planos, aparece el cuerpo, la mirada, la expresión, las voces, la danza, … aparece ELLA. Aparece Ángela, la mujer. Ángela Conde, la actriz. Aparece Soledad en un ejercicio teatral magistral, con su espacio, su caminar, su recriminación, su reivindicación, su angustia, su locura. Aparece la vida de tantas y tantas mujeres porque también aparece mi madre, y la de ustedes, y encoges el alma ante todo lo que tuvieron que sufrir, que no decir, que callar, que padecer, que aguantar. “Yo solo quiere que alguna vez alguien me haga la cena”.




Aparece la actriz, sola en el escenario, sola en su recuerdo, sola. En un texto cargado de emoción, de reproche, de vida , de muerte también. Un texto escrito por ella misma, por Ángela, pero también por Sole , por Candela, por Milagros, por Dolores, por Pepita, por todas esas mujeres que se caían cada día, pero se volvían a levantar, que soportaron con miedo y dolor todo ese sufrimiento para seguir adelante. Mujeres rotas, vacías. Al son de ese baúl ,de ese baúl de los recuerdos, de esa maleta que nos lleva de un lugar a otro, que nos invita a dormir la siesta, a esconderse de ese mismo presente que nos oprime y deprime a partes iguales. Aparece también el vestido de Sole, el vestido de tantas mujeres, como un elemento más en escena, como un personaje que se transforma, que se pone, que se quita, que juega, que nos mira también, que nos danza, que se eleva, que se sienta, que se abrocha y desabrocha para ofrecernos todas esas miradas, todas esas facetas, todo esa denuncia, con tantas y tantas caras, con tantas cicatrices… 


También aparecen el Manuel, el Jose, el cura que abusó de la abuela. Aparecen esas figuras en otro plano, en esa sociedad patriarcal que sigue repitiendo patrones, en ocasiones sin quererlo, en ocasiones no. “Las mujeres, mejor calladas, niña”. También aparece la verdad, Sole cargada de verdad, ella y su personaje, con pasión, amor, dolor, ternura, crítica, coraje, lucha, angustia, soledad, la de Sole y también la nuestra. Y todas estas aristas, todos estos prismas, todas estas mujeres están dirigidas por Montse Rangel, con mucha ternura, con cuidado, con mimo, con talento, con sufrimiento. Con reivindicación. “¿Sabías que día dejasteis de llamarme puta?”. 



Todas las mujeres que habito nos ganan, nos pierden, nos siguen habitando, nos hacen pensar y sufrir en un pasado no tan lejano, en un presente no tan presente y en un futuro incierto nada cierto. Vengan al Infanta Isabel a descubrirlas, vengan a reír y a llorar, vengan a sentir, vengan a saber. Vengan. Las cosas hay que contarlas, porque si no, se olvidan.


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Teatro: Teatro Infanta Isabel
Dirección: Calle Barquillo 24.
Fechas: Del 5 de Febrero hasta el 12 de Marzo. Jueves a las 21:00
Duración: 60 min.
Entradas: Desde 14€ en Teatro Infanta Isabel


ficha artística y técnica

Dirección: Montse Rangel

Actriz, producción y dramaturgia: Ángela Conde

Técnico luz y sonido: Carlos Marcos y Montse Rangel

Diseño gráfico: Paula Benítez

Música original: Enrique Vaz Oliver

Vestuario: Carmen Pedroche

Escenografía: Jorge Recio y Montse Rangel

Asesoría y acompañamiento dramatúrgico: Alejandra Jiménez-Cascón

Corrector de texto y estilo: José María Conde


 
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