A veces, una sale del teatro con la sensación de haber visto una obra, y otras veces en las que además siente que ha aprendido algo que debería estar mucho más presente en la conversación colectiva. Eso me pasó con “Las últimas”, dirigida por Lucía Miranda en el Teatro Valle-Inclán. Y creo que ahí está una de las grandes potencias de la propuesta: utilizar el teatro no solo como espacio artístico, sino también como lugar de memoria, investigación y revisión histórica.
La pieza se construye desde el teatro documento, a partir de entrevistas reales que aparecen traídas de forma muy directa a la escena. Y eso se percibe constantemente. Hay una sensación de verdad, de voces concretas, de relatos que no parecen filtrados ni convertidos en discurso artificial. La obra no intenta esconder ese origen documental; al contrario, juega con él y lo convierte en parte de su lenguaje.
El eje de la investigación gira en torno a la colonización y la relación histórica con Filipinas, un tema que, personalmente, me sorprendió por lo poco presente que está normalmente en nuestra educación o en el imaginario colectivo. Y precisamente por eso la obra resulta tan interesante: porque pone foco en algo que debería nombrarse más, aparecer más en los libros y formar parte de conversaciones mucho más habituales.
Y ahí el teatro vuelve a demostrar algo importante: su capacidad para acercar realidades complejas desde un lugar vivo, accesible y emocional. No se siente como una lección histórica, sino como una experiencia escénica que va despertando preguntas mientras avanza.
La puesta en escena tiene muchísimo ritmo. Todo sucede de manera muy ágil, casi vertiginosa por momentos, con una sucesión constante de escenas, cambios y acciones que hacen que la función avance con mucha fluidez. Además, la obra decide abordar muchos de sus temas desde el humor, y eso le da ligereza sin quitarle profundidad. Hay ironía, juegos, guiños constantes y una inteligencia muy clara a la hora de equilibrar contenido y entretenimiento.
Visualmente también tiene mucha fuerza. El vestuario colorido, la composición de las escenas y la manera de transformar el espacio hacen que la propuesta sea muy dinámica y atractiva. Hay una apuesta clara por generar imágenes vivas, casi festivas en algunos momentos, que contrastan con el peso histórico de lo que se está contando.
Me gustó especialmente cómo la obra conecta pasado y presente sin forzarlo. Los guiños a la actualidad funcionan precisamente porque muestran que muchas cuestiones no están tan lejos como creemos. Se habla de Filipinas, sí, pero también de Madrid, de barrios concretos, de identidades mezcladas y de una realidad mucho más cercana de lo que solemos imaginar.
De hecho, una de las cosas que más me sorprendió fue esa sensación de descubrir cuántas historias filipinas conviven ya dentro de nuestra vida cotidiana sin que apenas reparemos en ello. La obra consigue visibilizar algo que estaba ahí, pero que muchas veces permanece fuera del foco.
El elenco sostiene muy bien ese tono híbrido entre documento, humor y relato colectivo. Hay mucha energía compartida y una sensación constante de juego escénico que hace que el contenido entre de forma muy orgánica.
“Las últimas” consigue algo difícil: revisar una parte incómoda de la historia sin caer en la solemnidad pesada, generando pensamiento sin dejar de ser profundamente teatral.
Y salí con una sensación bastante clara: ojalá más obras se atrevieran a abrir conversaciones que seguimos evitando demasiado.
Uso de luces estroboscópicas Los cigarrillos que se fuman en escena no contienen tabaco
Espectáculo en inglés, tagalo y castellano con sobretítulos en castellano e inglés.
EQUIPO
Una creación de
Cross Border
Texto y dirección
Lucía Miranda
Reparto
Laurence Aliganga, Julia Enríquez, Chris Angelous Manalo, Alexandra Masangkay, Juan Paños Larrauri, Belén Ponce de León, Belén de Santiago y Tuna Universitaria Complutense
Escenografía
Alessio Meloni
Iluminación
Pedro Yagüe
Vestuario
Anna Tusell
Música
Nacho Bilbao
Dirección musical
Laurence Aliganga y Nacho Bilbao
Sonido
Eduardo Ruiz «Chini»
Coreografía
Chris Angelous Manalo
Videoescena
Javier Burgos
Caracterización
Johny Dean
Ayudante de dirección
Anahí Beholi
Ayudante de escenografía
Mauro Coll
Ayudante de iluminación
Elena Alejandre
Ayudante de vestuario
David Degea
Sobretítulos
Juan Ollero
Estudiantes en prácticas
Ares B. Fernández (Dirección), Talía del Val (Dirección), Carlo Laureana (Dramaturgia), Elvira Arcos (Mediación), Harold Ron Fajardo (Sonido) y Pablo Jiménez (Vestuario)
Diseño de cartel
Emilio Lorente
Tráiler y fotografía
Bárbara Sánchez Palomero
Ambientación de vestuario
Marisa Echarri y Lola Trives
Sastrería
Gabriel Besa y Matías Zanotti
Producción
Centro Dramático Nacional
Con la colaboración de
Peta (Philippine Educational Theater Association), Embajada de Filipinas en España, Casa Asia e Instituto Cervantes de Manila