Farsa y licencia de la reina castiza. Teatro Español

 El último estreno de la temporada del Teatro Español es una de esas obras que marcas como imprescindibles al comienzo del curso. Porque la compañía Nao d´amores es sinónimo de excelencia, y una vez más demuestran que trabajan los textos clásicos como pocas compañías. Es increíble la de cosas que pueden pasar sobre un escenario en apenas una hora. Un disfrute absoluto, en el que no dejan de sorprenderte con la originalidad de la propuesta, la maestría en la dicción y la frescura a la hora de innovar en temáticas clásicas. Una joya de la que solo podemos objetar que se programe en el mes de Julio, ya que mucha gente se lo perderá.


Estamos ante un montaje que es pura artesanía teatral, un artefacto escénico cuidado hasta el mínimo detalle desde la convicción de hacer todo el proceso como un todo, en el que la compañía participa de todo el proceso creativo. Esta obra se asoma a una de las grandes sátiras de Ramón del Valle-Inclán sobre los abusos de poder, la doble moral y la decadencia de una sociedad convertida en farsa. Con la particular visión de su época que tenía el autor, la obra es corrosiva, una brutal crítica a la reina Isabel II y a todos los personajes que la rodeaban. Una de las piezas clave del universo esperpéntico del autor gallego que plasmó como pocos las desgracias de su época.




Esta coproducción de la compañía Nao d´amores (Premio Nacional de Teatro 2023 por su recuperación del patrimonio teatral español) y el Teatro Español tiene todos los mimbres que han convertido a esta compañía segoviana en todo un referente del teatro clásico. Una compañía que nace en 2011 como colectivo de profesionales procedentes del teatro clásico, los títeres y la música antigua. Con Ana Zamora en la dirección, realizan una labor continuada de investigación y formación para la puesta en escena del teatro medieval y renacentista. En su web se puede leer como "desde una clara vocación de servicio público, en constante compromiso con nuestro patrimonio, Nao d´amores ha convertido el legado del teatro clásico peninsular en espacio de conexión con el teatro del presente, y ha dado nueva vida a un marco escénico amplio, diverso, y sobre todo necesario tanto para los nuevos creadores, como para los ciudadanos, que se comprenden y regeneran a través de él".




Ana Zamora ha sido la encargada de versionar y dirigir este texto de Valle-Inclán, que aporta una singular visión de nobleza española, con la mirada siempre mordaz y ácida del autor gallego. La dramaturga explica que no deja de ser gozoso enfrentarse a la obra de Valle- Inclán, quien, a través del tópico literario, entiende nuestra realidad más trascendente como ridículo teatrillo de guiñol, tablado de bulevar, chirigota caricaturesca reflejo de un mundo caduco, absurdo y corrupto. ¡Qué capacidad de cachondeo, de señalar la miseria nacional, de atacar los pilares de un gobierno y una sociedad que se ha convertido en retablo de fantoches! ¡Qué elocuencia a la hora de muñequizar y ridiculizar la sórdida España de la pornografía orgiástica atribuida a los Borbones, para convertirla en tablado de marionetas de afán regeneracionista!. Y por eso, sube la apuesta y nos propone un texto descomunal, un homenaje al esperpento de Valle, una descomunal parodia sobre lo que somos, con personajes fascinantes que nos dejará un delicioso catálogo de lo que fuimos (y que se parece mucho a lo que somos en estos días de doble moral y postureo). 

Como bien nos explica ZamoraValle-Inclán podría ser considerado el padre del teatro documento en España, o más bien del teatro documento a la española. En este texto nos muestra unos hechos, más o menos ciertos (deformados por la visión siempre tan particular del autor) y documentados históricamente, narrados con el desparpajo y la guasa de quien quiere ridiculizar a los personajes de los que habla, constituyendo una crítica feroz del reinado de Isabel II y de la sociedad de la época. En palabras de Ana Zamora, Valle-Inclán es un visionario, y su teatro un juego maravilloso que, sin perder un ápice de su propia entidad artística, no deja de ser advertencia hacia un país que se desmorona.





Con estos mimbres, Ana ha creado un montaje maravilloso, gamberro, desenfrenado, alocado, pero desde una estética maravillosa, que nos deja hipnotizados desde el inicio de la obra. La construcción de la obra en torno al elemento de la vestimenta de la reina es simplemente una maravillosa genialidad. Me imagino que ha tenido que ser una gozada todo el proceso de creación de todo el montaje, con el juego de papiroflexia con el que crean el elemento singular de cada personaje, con el maravilloso mantón enorme con el que se envuelve la reina, o con el montaje de cada escena, diversión en estado puro. La propuesta de Ana Zamora es puro esperpento, una absoluta maravilla escénica, tanto en lo visual como en la ejecución, en la forma y en el fondo. La mirada de Valle con una propuesta de lo más contemporáneo. Unos personajes que muestran una sociedad en decadencia, que por momentos se parece bastante a lo que vivimos en nuestros días. Una obra profundamente crítica que convierte la risa en una herramienta de reflexión sobre los abusos del poder y los ciclos históricos que parecen repetirse generación tras generación.




La obra es una despiadada sátira de la España de Isabel II, donde desde personalidades de monarquía, la nobleza y algún personaje del pueblo llano, nos regalan una historia esperpéntica, con grotescos personajes de lo más caricaturescos. En el Madrid más castizo, donde la verbena se mezclaba con la miseria, la reina y su corte está plagada de figuras de doble moral, corruptas, que harán lo que sea por conseguir sus objetivos. El texto lleva eleva todo esto a lo más extremo, ridiculizando a todos estos personajes y a esta sociedad que se autodestruía, cargado de ironía para despellejar la decadencia de un país, de una sociedad que busca salvarse sin mirar las consecuencias. Lo trágico y lo cómico se confunde en esta portentosa radiografía de una época.




Con todo esto, el resultado solo podía ser una comedia con mayúsculas, llena de ironía y sarcasmo, una historia gamberra en la que todo sucede con soltura desde una frescura y una energía descomunales. Una obra descomunal, con un ritmo vertiginoso y escenas de una bella teatralidad, cargadas de exageración y fuerza, de buen rollo y verdad. Una historia que se convierte en un retrato feroz de un país cíclico, marcado por el abuso de poder, la hipocresía y el absurdo. A través de un lenguaje popular cargado de ironía y una teatralidad exuberante, Valle-Inclán construye una crítica feroz contra los mecanismos del poder y las estructuras de una sociedad que parece condenada a repetir sus propios errores. Lo trágico y lo cómico se entrelazan constantemente en una obra donde el absurdo se convierte en una poderosa herramienta para analizar la realidad.




Toda esta fantasía escénica no sería posible sin el descomunal trabajo de un elenco que se crece con la obra, para dejarnos unos personajes caricaturescos, grotescos, fascinantes desde su exceso. Paula Iwasaki encabeza un reparto que comparte con Miguel Ángel AmorAlejandro PauAisa PérezRafael OrtizIsabel Zamora. Paula consigue algo tan difícil como permanecer en escena reaccionando solo gestos a lo que dicen sus compañeros. El trabajo de Iwasaki y descomunal, descubriéndonos una vis cómica portentosa. Los dos personajes que interpreta son casi antagónicos, pero consigue definirlos con perfección. Su trabajo físico es brutal, con una energía que se transmite a cada escena. Pero el resto del reparto no se queda atrás, su presencia en escena, su gestualidad, su energía, su compenetración, su trabajo coral, todo está tan cuidado y medido que resulta impresionante. Miguel Ángel Amor, Alejandro Pau, Aisa Pérez Rafael Ortiz realizan varios papeles con un precisión y desparpajo absolutos. Todos ellos se mueven al ritmo que marca Isabel Zamora al piano. Un conjunto preciso y delicioso, que nos sorprende y nos emociona de principio a fin.





Pero si todo lo anterior resulta memorable, el espacio escénico y el trabajo de objetos creado por David Faraco es antológico. La fantasía que resulta el elemento central de la escenografía es maravilloso, el ingenio, la versatilidad de ese elemento, todo resulta de una belleza y plasticidad impresionantes. El espacio se convierte en un personaje más de la obra, que como el resto no deja de sorprendernos en todo momento. Es difícil de explicar lo vivido al ver el despliegue escénico de la obra (me encantaría ver una foto desde el escenario de las caras del público, sería memorable), un prodigio escénico que nos deja asombrados desde la primera escena. Otro de los elementos claves de la obra es la música, con dirección de Víctor Pliego de Andrés, la voz y palabra a cargo de Vicente Fuentes y las coreografías de Javier García Ávila. El montaje se completa con un divertido vestuario de Deborah Macías y la cuidada iluminación de Juan Gómez-Cornejo.




En definitiva, estamos ante una de las obras más genuinas de toda la temporada. Un artefacto escénico portentoso que sorprende por su originalidad, su destreza en mantener el ritmo vertiginoso, su belleza en la escenografía, el vestuario y los objetos que aparecen, y por unas interpretaciones memorables, en la que todos los intérpretes están sobresalientes. Desparpajo, ironía, mala leche, divertimento máximo para una obra que se deja disfrutar y que nos hace pasar una hora de lo más divertido. Una vez más, la compañía Nao d´amores vuelve a demostrar su destreza para reinterpretar el teatro clásico y elevarlo a un lugar mucho más cercano a nuestros días. Una delicia, como todos sus montajes.

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Teatro: Teatro Español. Sala Margarita Xirgu.
Dirección: Plaza de Santa Ana. Calle Príncipe 25.
Fechas: Del 30 de Junio al 26 de Julio. De Martes a Domingos a las 19:30.
Función accesible: Viernes 10 de Julio.
Duración: 80 minutos aprox.
Entradas: Desde 13,50€ en Teatro Español


Ficha artística

De: Ramón del Valle-Inclán

Versión y dirección: Ana Zamora

 

Elenco 

Miguel Ángel Amor 

Paula Iwasaki 

Alejandro Pau 

Aisa Pérez 

Rafael Ortiz 

Isabel Zamora 

 

Dirección musical: Víctor Pliego de Andrés 

Voz y palabra: Vicente Fuentes

Vestuario: Deborah Macías 

Espacio escénico y trabajo de objetos: David Faraco

Iluminación: Juan Gómez-Cornejo 

Coreografía: Javier García Ávila  

Ayudante de dirección: Alba de la Cruz 

 

Relaciones públicas Nao d'amores: Josi Cortés

Coordinación técnica Nao d'amores: Fernando Herranz 

Producción Nao d'amores: Germán H. Solís 

Producción: Teatro Español y Nao d'amores

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