Tras el éxito clamoroso de crítica y público la pasada temporada tras su paso por el escenario de Contemporánea Condeduque, solo faltaba esperar fecha y escenario a donde volvería este maravilloso montaje de Alberto Conejero interpretado por una descomunal Natalia Huarte. Cuando el Teatro de La Abadía presentó su nueva temporada, con la sabia decisión de abrirla con esta joya, avisé a todos mis conocidos para que corriesen a comprar entradas, porque no tenía ninguna duda de que volarían. En unos días, todo vendido, la obra lo merece. Este pasado martes la volví a disfrutar, y solo puedo reiterar todo lo que dije sobre ella tras verla el pasado año. La gran noticia la dejó caer Juan Mayorga en el encuentro posterior a la función con Alberto y Natalia. La obra volverá al Abadía. Estén atentos cuando lo confirmen, porque volverán a volar las entradas.
Hay obras que desde que se anuncian, apuntan a éxito asegurado. Yo sentí esa sensación cuando conocí queNatalia Huarteiba a ser la protagonista del nuevo trabajo deAlberto Conejero. Dos de las personalidades más destacadas del mundo del teatro uniendo sus fuerzas para dar vida a este precioso relato sobre la artista británica Leonora Carrigton. en el que nos enseñan su esencia, su energía, todo lo que rodeó a una vida intensa, llena de vicisitudes, que la artista supo superar con energía y una fuerza con la que consiguió superar todos los golpes, incluso a su padre. La imponente interpretación de Natalia, que una vez más se adueña de la escena para hacernos viajar y desgarrarnos el alma con una historia demoledora, nos lleva a recorrer algunos de los pasajes más relevantes de la vida de la pintora, escultora y escritora surrealista. La obra nos sumerge en la tortuosa relación de la autora con su padre, pero también en su riquísimo universo existencial y creativo.
Teatro del Acantilado nos trae este montaje que se estrenó como lectura dramatizada en el Teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes en el mes de Diciembre del año 2024. Ya en esa primera representación estaban los mimbres de este montaje. El resultado es una obra imponente desde su sencillez, con un texto delicioso y una interpretación a cargo de Natalia Huarte simplemente magistral. La obra se inspira libremente en la vida de la artista británica (nacionalizada mexicana), con especial relevancia a su etapa en España y su relación con el pintor alemán Max Ernst. La pieza trata con desgarradora crudeza temas que marcaron la vida de Carrington, como violencia psiquiátrica o la poca libertad de las mujeres en aquella época. Conejero nos regala una poética obra en la que conoceremos la mirada de la artista, su energía, su amor por la vida y por el arte, la fuerza desmedida que le hizo superar todo tipo de trabas.
El gran Alberto Conejero ("La piedra oscura", "La geometría del trigo", "El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca", "En mitad de tanto fuego") ha escrito y dirige esta deliciosa obra, que parte de los diarios "Memorias de abajo" de la propia autora. Pero lo más interesante de este viaje por el universo de la artista, es que no pretende ser una biografía, no aborda un tema concreto, sino que va mucho más allá y nos hace un retrato de toda una generación, una visión de la figura de la mujer en aquellos tiempos oscuros de principios del siglo pasado. La lucha de todas ellas, ejemplarizada en la figura de Leonora. Las que querían vivir su vida y sufrían todo tipo de calamidades, violencias, abusos, insultos, desprecio. Y pese a todo ello, lucharon con el objetivo de poder emanciparse, de vivir sus propias vidas y alcanzar sus propios sueños, la búsqueda dura pero constante de la libertad.
Leonora Carrington nació en Reino Unido a comienzos del siglo pasado, en una familia de clase alta, lo que marcó su vida en una continua rebelión contra lo establecido. Desde muy joven hizo frente al capitalismo y luchó, dentro de sus posibilidades, contra el camino que su padre había pensado para ella. En esta lucha desigual, su progenitor la manda a varios internados en Inglaterra, Florencia y París, que lejos de apaciguar el ansia por el arte de la hija, aviva aún más la llama. A los 17 años se enamora del artista alemán Max Ernst, con el que vive una apasionada relación en París. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, ella tiene que huir a España tras la detención de Max por los nazis. Ya en nuestro país es encontrada por los secuaces de su padre, que la vuelven a internar en el sanatorio psiquiátrico del doctor Morales, donde la trataron con cardiazol (un potente fármaco que le afecta duramente al cerebro). Al salir de allí, de vuelta en Madrid y con la ayuda de Renato Leduc, huye hasta Lisboa, desde donde consigue escapar hacia Nueva York, de camino a México.
"Si este escenario no fuera un escenario, sería un lienzo. Hasta que yo no entre, el lienzo estará en blanco…" de esta forma comienza Leonora, esta deliciosa obra. Toda una declaración de intenciones de lo que estamos a punto de ver. Una poética y emocionante propuesta, que se va construyendo en torno a la vida de la autora, pero que trasciende su persona para hablarnos de la emoción por el arte, de la violencia psiquiátrica, del patriarcado, de la figura de la mujer en el siglo XX (sometida en la mayoría de los casos a las pretensiones del padre), de una emancipación que comenzaba a fraguarse, del deseo por volar libre, por amar y por crear desde un lugar propio, no desde el encorsetamiento de los espacios impuestos. La escena, podemos leer en el programa de la obra, se transforma en un lienzo de múltiples capas para rememorar la experiencia de la pintora surrealista Leonora Carrington. Acorde a las atmósferas de sus cuadros y la intempestiva forma de sus esculturas, esta representación libre muestra la fuerza de la poesía presente en eltexto de Alberto Conejero (Premio Nacional de Literatura Dramática en 2019). Las imágenes creadas por el autor nos hacen volar por el imaginario de la artista, hasta ver en ese espacio vacío todos los lugares y las emociones que habita.
El texto nos traslada, de forma poética y libre (sin pretensión de convertirse en biografía) a los años de juventud de Leonora, aquellos en los la creadora huye del yugo familiar y comienza a descubrir su amor por el arte y por la vida, siempre lo más lejos posible de su padre maltratador. Esos años en los que recorre Europa en diversos internados, pero también los años junto a Max y su desgarradora etapa en el psiquiátrico del doctor Morales. El relato se centra, más allá de datos y anécdotas biográficas, en la continua búsqueda de la libertad, en una lucha constante contra todo lo establecido en la época. El propio Conejero explica que "Leonora es una carta de amor a la resistencia, a la rebeldía y al deseo de libertad de Carrington en tiempos de penumbra". En este viaje conoceremos el nacimiento de su vocación artística, pero también los intentos de su padre por coartar su libertad, su lucha contra la violencia psiquiátrica, pero por encima de todo sus ganas de vivir, de descubrir, de imaginar un mundo mejor en esos oscuros tiempos de guerra. Un lienzo en blanco que se va llenando de pinceladas sublimes, de destellos de genialidad, de colores llenos de vida, de la fuerza de voluntad de un ser humano extraordinario y el misterio brillante de una obra artística excepcional.
Y todo esto, y mucho más, nos lo transmite una sublime Natalia Huarte ("Natacha", "Psicosis 4.48", "La fortaleza", "Los pálidos", por nombrar solo sus últimos trabajos), que se apodera de la escena y del personaje, para hacernos viajar por las distintas etapas de la artista. Lo que hace Natalia en escena es magia pura. El dominio absoluto del espacio, del tiempo, la destreza con la transita el espacio, la solvencia y precisión de cada movimiento (asesoría de movimiento a cargo de la gran Luz Arcas), la delicadeza con la que recita cada palabra (fuerza y vulnerabilidad a partes iguales), una mirada que habla por si sola, todo eso y mucho más es lo que nos regala esta descomunal actriz a lo largo de poco más de una hora, que se degusta como si hubiese sido toda una vida a su lado. Mi admiración por esta joven actriz me hace no ser objetivo, pero lo que transmite en escena a lo largo de este montaje es maravilloso. Fuerza, sencillez, soltura, contundencia, destreza, amor por la palabra y una precisión casi de cirujana con cada expresión, con cada movimiento. Un regalo, una obra de arte.
Todo en este montaje es de una belleza y una elegancia maravillosas. No podemos dejar de hablar de la precisa eimprescindible iluminación de Leticia L. Karamazana, que desde la sutileza de lo íntimo consigue llenar el lienzo de pequeños trazos con tenues colores, que le dan a cada escena una tonalidad diferente y nos transmiten la calidez necesaria de cada momento. Porque en ese lienzo en blanco que es el escenario vacío, la precisa y elegante iluminación ayuda a la actriz en su reconstrucción de la historia, a la vez que enfatiza toda su interpretación, ya de por si majestuosa. El montaje fluye al son del poético espacio sonoro y la música creados por Luis Miguel Cobo. Por último debemos nombrar el vestuario de Yaiza Pinillos, que desde la sencillez y la sobriedad ayudan a la composición del personaje.
En definitiva, estamos ante una de las obras que marcan el inicio de la temporada teatral. Toda una experiencia vital emocionante y constructiva, demoledora y desbordante, abrumadora y fascinante. El delicioso texto de Alberto Conejero nos hace un minucioso análisis de toda una generación de mujeres que lucharon contra su destino para poder vivir su propia vida. El relato de Leonora Carrigton es el de millones de mujeres atrapadas en una sociedad machista y patriarcal, de la que necesitan escapar para poder ser ellas mismas. Y luego está la sublime interpretación de Natalia Huarte. Por mucho que escriba aquí no podré expresar lo impactante de su trabajo. La profundidad de su mirada, la fragilidad con la que ella misma se abraza, el dominio absoluto de la escena y del ritmo de la historia. Una vez más vuelve a demostrar su prodigiosa habilidad para meterse en cualquier papel. Increíble Natalia y fascinante la propuesta escénica. Todo en esta obra es un acierto. Estén atentos para cuando regrese, es una obra que ningún amante del teatro debería dejar de ver.