Ritmos psicodélicos, maquineros, batalleros, nos reciben en la sala Cuarta Pared en una tarde prenavideña cargada de ilusiones. El elenco en escena ya trabajando, ajeno a los móviles, a los saludos, a los chascarrillos, al mundo de fuera, al propio sol…
Poesía que se va fraguando en el escenario, ocupando el espacio con movimientos uniformes, sobrios. Pañuelos al cuello precediendo la oscuridad de un mundo distópico sin sol, sin cuartas paredes que nos acerquen el teatro, sin luz… mientras ellas y él se retan, se seducen, se buscan, se miran. Y ya la luz se va, suenan los focos. “Supongo que esto podría ser un comienzo…”

