Teatro: Traición. El Pavón Teatro Kamikaze

Las relaciones personales son débiles, la propia coherencia del individuo se tambalea en determinados momentos para dar lugar a juegos perversos en los que nos mueve más el instinto animal que la cordura. Los triángulos amorosos siempre tienen vencedores y vencidos, aunque si lo vemos en su totalidad suelen perder todos, metidos en una vorágine de mentiras y traiciones que acaba resultando insostenible. Una traición que empieza por el prójimo y acaba en uno mismo.



Una historia que nos muestra las consecuencias de una triángulo amoroso que hace saltar por los aires todos los vínculos anteriores. Una obra que "retrata con maestría las dificultades que tenemos para mostrarnos como somos y relacionarnos entre nosotros". Los miedos y las apariencias van empujando a los tres personajes a un callejón sin salida del que no podrán escapar. Una "huida hacia adelante" asumida por cada uno de ellos de manera muy diferente, pero que dejará en todos ellos heridas que no podrán cicatrizar fácilmente, porque los más perjudicados serán cada uno de ellos, que no han sabido, o no han querido, hacer frente a la realidad y asumir sus errores y sus impulsos.


Buxman Producciones es la encargada de poner en pie esta versión de la obra de Harold Pinter, con versión y traducción de Pablo Remón ("Doña Rosita, anotada", "40 años de paz", "Los Mariachis"), uno de los autores más singulares del panorama nacional. Remón tiene una estrecha relación con El Pavón Teatro Kamikaze, donde ha estrenado "Bárbados, etcétera" y "El tratamiento", y además de "Traición" esta temporada podremos ver "Las ficciones" con Carmen Machi, Irene Escolar y Bárbara Lennie. 

El prodigioso texto de Pinter es moldeado por Remón con delicadeza y ternura, cincelando meticulosamente cada uno de los vértices de este triángulo amoroso, dotando a cada uno de ellos de mil matices, rasgos que les diferencian y nos hacen ver en cada uno de ellos parte de nosotros mismos. Una composición en la que todo encaja y a la vez todo se va resquebrajando. Un texto tratado con ingenio, en el que los personajes se van despojando de sus caretas según avanza la función, paradójicamente en orden inverso a como ocurrieron los hechos (uno de los puntos más significativos de la obra).


Israel Elejalde se encarga de la dirección (con Pilar Valenciano como ayudante) y nos vuelve a demostrar como sabe medir a perfección los tiempos de la historia. Como ya dejó patente en "La voz humana" o "La resistencia" sabe moldear a los actores a su antojo, sabiendo sacar de ellos lo mejor en cada momento. Un cuidado trabajo en el que se contienen las emociones y los sentimientos, en una batalla constante por conocer la verdad de cada personaje, mientras cada uno de ellos intenta ocultar sus propias miserias. Elejalde dota a cada uno de los actores de herramientas suficientes para la creación de todos los matices necesarios para que cada personaje sufra y sienta a su manera, siempre desbocados y siempre con el freno de mano echado, porque los triángulos amorosos impiden el relajarse, hay que estar siempre alerta por lo que pueda ocurrir. Este hecho, que puede parecer intrascendente, se convierte en pieza angular de los tres amantes, de los que vamos descubriendo como acabaron precipitándose en esa vorágine mientras conocemos sus complejas personalidades y relaciones.


Según cuenta el director "a Pinter le interesa la atmósfera y el misterio que se crean en escena por las situaciones y, casi siempre, en todas sus obras hay una especie de tensión al no saber qué piensan verdaderamente las personas que tienen alrededor los personajes", rasgos que se mantienen en esta versión, en la que se respira en todo momento la incertidumbre y el miedo de cada personaje por lo que les rodea, tanto por el abismo al que se asoman como por las consecuencias que deben asumir con sus actos. El texto nos presenta una lucha a tres bandas, intentando "reprimir sus sentimientos y deseos ocultos, obsesionados con que mostrarlos les haría débiles y vulnerables".

Uno de los puntos más interesantes de esta obra es su estructura atípica, en la que se comienza por el final de la historia para ir poco a poco descubriendo como se llegó a esa situación. Una historia que se inscribe en un triángulo amoroso, lleno de mentiras y deslealtades para hablar de muchos otros temas universales. "La infidelidad es sólo la excusa para hablar de otros temas como la lealtad, el amor, la amistad, la traición, el poder" todos ellos tratados de forma tangencial bajo el paraguas de esta historia en la "todos se traicionan, entre ellos y así mismos".


Esta historia nos habla de un tortuoso triángulo amoroso. Emma lleva siete años manteniendo una relación sentimental con Jerry, el mejor amigo de Robert, su marido. Una interesante aventura a tres bandas que se nos va desgranando en orden inverso a como sucedió. El autor utiliza esta estructura para sorprender al espectador, descolocarlo, mantenerlo impaciente por conocer cuales fueron los motivos que llevaron a ese desenlace. Los flashbacks se suceden para que vayamos poco a poco descubriendo el entramado de la historia. De año en año, la historia se va encajando, para conseguir descubrir toda la aventura que llevó a los protagonistas a traicionarse. Esta pieza nos va desvelando poco a poco sus misterios, como si fuéramos quitando las distintas capas de un paquete hasta descubrir lo esencial, en este caso el porqué de la situación desvelada al inicio. "Traición nos presenta a unos personajes presos de una pasión que todo lo consume, que luchan contra la inevitable mediocridad de su vida cotidiana y que quieren vivir con grandilocuencia en un mundo que es demasiado pequeño". Tres personajes que mienten para seguir manteniendo su status quo, para mantener las apariencias mientras en suelo que pisan cada vez se resquebraja más.


Este triángulo amoroso lo llevan a escena tres impresionantes actores, como son Raúl Arévalo (en el papel de Robert), Irene Arcos (dando vida a Emma) y Miki Esparbé (en la piel de Jerry). Cada uno de ellos marca su territorio desde un primer momento, dejando perfilado cada uno de los personajes con meros gestos incluso antes de comenzar la representación. Tres personajes muy diferentes pero que también tienen mucho en común. Todos se esfuerzan porque todo lo que les ocurra parezca normal, mientras cada uno de ellos lucha por aquello en lo que cree. Dos posiciones antagónicas que les lleva a tensar cada más la cuerda de su relación, rota desde el momento de comenzar la historia. Bajo esta aparente calma, subyace una bomba de relojería que en todo momento amenaza con estallarles en la cara. Una historia de amor disfrazada de rutina que les acaba llevando a una pelea en la que cada uno de ellos saca a relucir sus deseos más ocultos, sus instintos más básicos.


Robert, el personaje que interpreta el gran Raúl Arévalo, es un editor que lleva años trabajando con Jerry en la búsqueda de nuevos talentos literarios. Es un hombre de carácter fuerte, que quiere siempre mantener su posición por encima del resto, ocultando siempre sus verdaderos sentimientos. En palabras de Elejalde "Raúl da el papel porque transmite muy bien con su cara y su mirada el poder que tiene el personaje, el querer controlar la situación, y mantiene muy bien el misterio de su personaje". Una actuación llena de matices, de gestos que se ocultan, de miradas que hablan por si solas, de silencios que lo dicen todo.

Irene Arcos da vida a Emma, una mujer con muchas inquietudes que se ve "encerrada" en su casa para cuidar sus dos hijos. Ella es una mujer culta, que durante un tiempo llevó una galería de arte y que lee todos los libros que Jerry le da a su marido para que lea. Es una mujer fuerte, que cuida a los dos hombres y les ayuda en sus dudas sobre el devenir de la editorial. Arcos, con su sola presencia ya hipnotiza al espectador. Se mueve en escena como una dulzura y con una contundencia que no permite dudar sobre nada de lo que hace o dice. Una interpretación cargada de personalidad, en la que aporta la firmeza, la dulzura y el amor necesarios a este personaje tan poliédrico, que se mantiene firme en el cuidado de los suyos mientras pide a gritos que alguien la cuide a ella.


Jerry, el personaje al que da vida Miki Esparbé, es un agente literario que busca nuevos autores que sean interesantes, mientras debe mantener su cuota de realidad para no caer en un idealismo que le lleve a la ruina. Un personaje antagónico al de Robert, es un hombre tímido, reservado, que parece que siempre se está guardando un as en la manga. Esta ambigüedad del personaje sabe transmitirla a la perfección Esparbé, consiguiendo un personaje que juega a dos bandas, que el espectador adorará y odiará por igual. Una interpretación que se mueve en ese difícil alambre que es la ambigüedad.


A este triángulo amoroso tan escaleno que nos muestra sus desdichas se une en escena la pianista Lucía Rey, para acompañar con su música la historia y hacer pequeñas incursiones como personaje secundario que completa el elenco de la escena. Delicadeza y virtuosismo, Rey nos transmite desde antes incluso de empezar la obra, la intensidad de lo que vamos a ver, con piezas de una gran belleza, acompañadas por las coreografías de los actores.


La historia se enmarca en una elegante escenografía diseñada por Mónica Boromello, en la que nos introducimos en la casa de la pareja y el apartamento de los amantes para ir descubriendo su historia. Como el propio relato, la composición escénica nos tiene reservados pequeños secretos, que se van descubriendo y nos van descolocando. La apertura de nuevos lugares dentro de un decorado aparentemente cerrado, nos abre la puerta a descubrir nuevas piezas de este rompecabezas. El cuidado diseño de sonido, que nos transporta por los distintos lugares de la obra, corre a cargo de Sandra Vicente. Por su lado la iluminación de Paloma Parra lo impregna todo de un tono sórdido, de película de los años cincuenta, en el que bajo la aparente luminosidad de lo que ocurre, existen muchas espacios oscuros en los que ocurre la esencia de la historia. Por último debemos hablar del elegante vestuario diseñado por Sandra Espinosa y realizado por Ángel Espinosa, así como el maquillaje y peluquería de Álvaro Samper y Estela Serrano.


Un descomunal elenco que da vida a una pieza singular, que se retuerce ante los espectadores con la destreza de los grandes textos. Muchos temas sobrevuelan esta historia de amores y engaños, en los que el dolor y la derrota parecen ser los únicos vencedores de una historia que hace volar por los aires todo lo que, al parecer, se había cimentado durante tantos años. Tres personajes que se condenan a si mismos y consiguen que veamos como se van distanciando mientras no dejan de hacerse daño.

Una obra con trazas de convertirse en uno de los estrenos de la temporada, que por los motivos que nos han golpeado a todos ha quedado en el aire. Esperemos que vuelva con más fuerza si cabe que la demostrada en el ensayo al que asistimos. Aprovecho estas últimas líneas para mostrar todo mi apoyo a la gente que forma el equipo del Pavón Teatro Kamikaze, espero que este parón haga que volvamos todos con más fuerza y que podáis seguir resistiendo en ese refugio que habéis creado para todos los que amamos el teatro. Muchísimo ánimo, pronto nos volveremos a encontrar en los teatros.
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Traición
Teatro: El Pavón Teatro Kamikaze
Dirección: Calle Embajadores 9
Fechas: Martes a Sábados a las 20:30, Domingos a las 19:00. Domingos 15 y 22 de Marzo 18:00.
Entradas: Desde 19€ en TeatroKamikaze. Del 12 de Marzo al 26 de Abril.

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