Teatro: Lo que tu nos dejas. Teatro Galileo

La dura lucha de una madre por intentar superar la distancia que le separa de su hijo. Un doloroso vacío que nunca llega a llenarse del todo, una losa que atenaza su vida, una pena que no termina de irse nunca. Pero existen personas valientes que en momentos duros prefieren actuar con esperanza, con alegría, intentando disfrutar de cada momento como si su hijo estuviese a su lado. Esta pieza nos pone cara a cara con la soledad de una mujer, pero también con la fortaleza mental que le ayuda a tomar decisiones que podrán quitar algo de angustia a su soledad, para intentar que al menos para ella, todo siga siendo como ha sido siempre.






Desgarradora y tierna, dolorosa y necesaria, reflexiva y emocional. Una obra cargada de sentimiento, de dolor y de esperanza, de recuerdos que permanecen vivos en la memoria de una madre en la oscuridad en la que se sumerge la distancia con su hijo. Delicada y solemne, como todo lo que una madre cuenta sobre un hijo, la historia transita lugares íntimos, sentimientos enraizados, secretos ocultos por el paso de los años. Una retrospectiva a toda una vida juntos, que con los años ha ido separándoles, al menos físicamente, y ha ido dejándole a ella cada vez más vacía.


Este montaje de Kendosan Producciones ("La familia No", "Constelaciones", "El hombre y el lienzo"), con la colaboración de José Troncoso, Tanxugueiras, Tito Sibilio y Q17 Studio, es un canto maravilloso a la vida y al amor. La compañía de Inma Cuevas y Jesús Sala cuenta ahora mismo con otro de sus proyectos en cartel, la interesante "Las uñas rojas" que se puede ver en el Teatro Lara. Este es un proyecto especial, por la intensidad emotiva que lo rodea, pero también por su parte social, ya que la recaudación va a parar a la asociación NUPA (asociación que da apoyo y asistencia integral a niños y adultos con trasplante multivisceral, fallo intestinal y nutrición parenteral), lo que hace aún más interesante y necesario el montaje.


La periodista Alba R. Santos ha sido la creadora de esta preciosa declaración de amor de una madre hacia su hijo, en un recorrido vital que nos lleva de la mano por todos los momentos que marcaron su existencia, incluso hablándonos de los momentos previos al parto. La autora nos habla de la relación que se genera entre la madre y su hijo, incluso antes de nacer, un vínculo que les une de una manera especial y que no desaparece bajo ninguna circunstancia. Un texto cargado de amor, de nostalgia, de desazón por la distancia, de recuerdos entrañables que se cruzan con la soledad de los momentos separados. Una historia que nos hace reflexionar sobre lo que de verdad tiene importancia, sobre las cosas necesarias que a veces minusvaloramos porque pensamos que siempre estarán ahí esperándonos. La amistad, el amor, la familia, las pequeñas cosas que hacen de la vida un lugar hermoso, las bases de nuestra existencia que nos hacen avanzar. Un texto aparentemente doloroso pero que está lleno de luz, de esperanza, de amor. La autora quiere hacernos reflexionar sobre "la importancia de sonreír, disfrutar del día a día y aprovechar las segundas oportunidades que nos brinda la vida".



La propia Inma Cuevas se encarga de la dirección (con Carla Chaves Ruiz como ayudante), además de meterse en la piel de la protagonista. Cuevas ha conseguido un montaje preciso, en el que ha sabido captar el tono preciso para transmitir todo lo que el texto cuenta, haciendo hincapié en sus silencios, en sus diferentes matices, en la infinidad de capas que transita esta madre recordando la relación con su hijo. Una delicada dirección llena de fuerza desde la calma, de poderío desde la templanza, de energía desde el desasosiego. Con la dificultad que entraña conseguir guiar un texto tan denso, tan cargado de matices, sin caer en la lentitud, en el regocijo en el dolor, Cuevas nos presenta un montaje lleno de luz desde la oscuridad, de esperanza dentro de la soledad, de la dulzura escondida en la pena.

Para la directora, "adentrarme en los vacíos y en las risas de Inma, me despierta como creadora. Me hace creer en su camino, me hace crecer en su soledad, me ayuda a crear su mundo de superación. Una mujer que a pesar de todos los sinsabores está llena de vitalidad, de alegría. Está llena de sensibilidad, está en continua búsqueda de la belleza en su vida y ahí es donde me enamora. Donde con los ojos cerrados me abandono a ella".



La obra nos sitúa en un espacio ambiguo, en el que una madre nos habla de la relación con su hijo con un punto de nostalgia, mucha ternura, y una infinita dosis de amor maternal. Ese vínculo que une a una madre con su hijo y que nada puede romper. Una relación diferente, especial, que marcará la vida de la mujer desde el mismo momento del embarazo. Ese "cordón umbilical" que prevalece después del parto, que los mantiene unidos pese a la distancia, las circunstancias de la vida y los años. La obra transita los momentos juntos, pero también los momentos de soledad de la madre, las largas esperas y los momentos de incertidumbre porque no sabía nada del hijo. El montaje nos cuenta la historia de Inma, la mujer que se sincera con su hijo desde la distancia, que le habla de emociones, de amor, de soledad, de familia, de los sentimientos más profundos y auténticos de la vida.



El montaje nos hace reflexionar sobre la importancia de las pequeñas cosas, de la necesidad de disfrutar del día a día, de la obligación que tenemos de aprovechar todas las oportunidades que nos da la vida, porque ésta es muy frágil y, como decía Pau Donés "la vida son cuatro días y tres ya se han pasado". Este precioso montaje deshoja con delicadeza la relación de los dos personajes, en un monólogo intimista que nos acerca a los sentimientos más profundos de la protagonista, mientras nos va desvelando su relación con el hijo ausente. Un texto desgarrador y a la vez delicioso que nos pone la piel de gallina porque habla desde la verdad, desde el corazón.

La madre se sincera con su hijo y ante nosotros, reconociendo que "pasé años sin un libro en la mesilla de noche. Hasta que decidí escribirte a ti. Es la única forma que encontré de sentirte menos lejos, de sentir que me escuchas, que aún puedo contarte cosas del pueblo que leerás entre la reunión con aquellos, el negocio con los otros, la boda de unos amigos, mientras llevas a tus niños al parque. Una carta se lee en cualquier parte...". A mitad de camino entre la pena y la esperanza, entre el recuerdo y la confesión, el relato deambula por lugares oscuros, por aquellos que ella quiere ahora mostrar para sincerarse ante nosotros.


Inma Cuevas nos regala una interpretación majestuosa, llena de matices y de precisos giros que nos van mostrando poco a poco todo lo que esta mujer necesita contar. Una actriz que va desnudando el alma del personaje paso a paso, con la mesura necesaria para que podamos ir degustándolo con tranquilidad, con la templanza necesaria para ir recapacitando sobre cada uno de los anhelos de su vida, de su profunda soledad, de sus vivos recuerdos. Pocas veces los silencios tan largos dijeron tantas cosas, pero en esta obra cada uno de ellos es un lugar para la reflexión, para recapitular, para acomodarnos después de la tensión sufrida por lo que acabamos de escuchar. La fragilidad que transmite Inma Cuevas a su personaje nos enternece, porque cada palabra, cada suspiro, cada mirada nos da un matiz diferente, en una interpretación cargada de matices, capas diversas que se nos van mostrando, sentimientos que afloran para concebir un personaje fabuloso.


La escenografía diseñada por Javier Ruiz de Alegría es un espacio ambiguo, onírico, en el que la actriz transita como quien se desliza por el hielo. Elementos colocados estratégicamente para configurar un misterioso espacio que asoma entre las sombras. La iluminación, del propio Ruiz de Alegría, es un preciso juego de luces, sombras y penumbras que ayuda a crear ese ambiente misterioso y hasta cierto punto irreal. Todo ello ayuda a crear una atmósfera singular, mágica, en el que encaja perfectamente la melancolía y la soledad que invaden la obra. El sonido embriagador que ha creado Eduardo Ruiz "Chini" lo invade todo, nos abraza, como el lánguido sonido del mar que lo inunda todo. Por último hay que hablar del vestuario de Almudena Bautisa, sencillo y eficaz, con un vestido verde color esperanza, como podría ser la actitud final de la obra.



En definitiva, estamos ante una obra deliciosa, que en su dolor vemos las ganas de sonreír, de disfrutar, de aprovechar cada oportunidad que nos brinde la vida. Una obra llena de nostalgia, de miedos y de esperanzas, que a cada uno nos tocará digerirla de una manera diferente, tanto por las propias relaciones materno filiales como por el contundente alegato final. Mucho que reflexionar sobre una obra hecha con la delicadeza y la ternura necesaria por todo lo que cuenta. Y por si todo esto fuera poco, si asistes a la obra ayudas a una buena causa. Poco más queda por decir... VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatro Galileo
Dirección: Calle Galileo 39.
Fechas: Del 18 de Febrero al 14 de Marzo. De Jueves a Domingo a las 20:00.
Entradas: Desde 20€ en galileoteatro.


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