Salimos a la fría noche madrileña conmocionados y emocionados por lo que acabamos de ver. Una dolorosa historia contada de una forma extremadamente bella y cruda a la vez. Al salir, agradecemos el aire fresco en la cara, para comenzar a procesar todo lo que hemos visto, todo lo que hemos sentido, la cantidad de emociones que nos han recorrido el alma en las últimas dos horas y media. Es difícil llegar a explicar como de una historia tan desoladora puedes crear algo tan bello, una obra que no se regocija en el dolor, sino que lo transita como un elemento más del proceso de la enfermedad, pero dejando en todo momento lugar para la belleza, para el amor, para la rabia, para la desesperación. Una magistral propuesta que nos da un vuelco al corazón, pero que nos deja con una inmensa sonrisa. Como dice la protagonista al comienzo de la obra: "teatro hecho por los muertos para dar fuerza a los vivos".
Teatro: Uz, el pueblo. Naves de Matadero.
Dicen que en un pueblo rural, perdido, vete tu a saber, en este caso Uz, nunca pasa nada. En escena un contraejemplo, la teoría de la falsación. No daba crédito, lo que pude llegar a reír. De hecho todo un patio de butacas desternillado durante la función porque de verdad, no mienten cuando dicen que es humor. Te ríes de ti, del otro, del de al lado, del vecino, del que te cruzaste esta mañana, con la mirada del que puede superar una parte irracional impresa a fuego en la sociedad.
Teatro: Los farsantes. Teatro Valle-Inclán.
Entramos en la sala del Teatro Valle-Inclán y viajamos a los años 90 con el hilo musical previo al comienzo de la obra. Una historia que, como si de una matrioshka rusa se tratase, engloba varias historias dentro de la misma, es una sola y son muchas a la vez. Volvamos a los preámbulos, en los que el ambiente que se crea ya nos indica que estamos ante algo especial. El autor nos habla a través de los textos que aparecen en el telón, se sincera con nosotros al son de temazos como "Thunderstruck", con el que nos momentos "estelares" de su adolescencia. No ha empezado la obra (o al menos no oficialmente) y el público ya está entregado, hipnotizado por lo que nos cuentan los sobretítulos, deseando conocer la historia de este joven que bebía Peppermint en sus primeros años en la discoteca.
Teatro: El cuaderno de Pitágoras. Teatro María Guerrero
Teatro: El bar que se tragó a todos los españoles. Teatro Valle-Inclán.
Entramos en la sala con la expectativa de todo lo leído, con la incertidumbre de una obra que ha causado gran revuelo, para sumergirnos en la peculiar historia que se nos propone. El mundo de la religión, la vida en la dictadura franquista, la lucha por la propia identidad, muchos temas caben en este singular relato, pero sobre todo nos habla de vida, de buscar lo que nos hace feliz, de no dejar que decidan por ti y ser consciente de que debes buscar tu propio camino, luchar por él, por muchas piedras que aparezcan en el camino (no son pocas las que intentan tirar por tierra los sueños del protagonista).



